Terceras crónicas 29

27 05 2011

“¿Qué estás haciendo aquí?” Susurró Vircof tras sentarse al lado de Caos. “¿No estabas con el capitán?”

“Le perdí en la ciudad y como teníamos que ir a lo alto de la isla continué subiendo por las calles que me encontraba hasta acabar delante de este grupo que iba escoltado.” Explicó.

Vircof imaginó que el grupo de gente al que se refería se trataba de los periodistas que llegaron antes que él a la sala. Pero eso no explicaba cómo había conseguido Caos pasar el registro. Vircof consiguió convencerles de que era un corresponsal de ‘Cacería y Pesca’ a pesar de que la revista no había enviado a nadie porque, al fin y al cabo, era una publicación de verdad y conocía la dirección de la editorial y las áreas de distribución. Pero Caos se había tirado toda su vida en una isla de bárbaros.

“¿Cómo te han dejado pasar?” Tuvo que preguntar Vircof lleno de curiosidad.

“Hice lo que nos dijo el capitán: ‘soy un reportero del Tercer Estamento’, y no me hicieron más preguntas.” Respondió Caos sin dejar de mirar alrededor de la sala.

Aquello era exactamente lo que les dijo el capitán antes de embarcar, aunque Vircof estaba convencido de que lo dijo más como una sugerencia que como una excusa plausible. Seguramente lo que quería decirles es que se hicieran pasar por periodistas, no que utilizaran aquella frase directamente. De hecho, eso de que no le hicieran más preguntas tal vez estuviese relacionado con que su identificación fuese de otro color.

“¿Qué vamos a hacer ahora? Estamos rodeados de gente y de soldados. ¿Cómo vamos a liberar a Txus?” Vircof, como ya había hecho Caos antes, acababa de darse cuenta de las pocas posibilidades de actuar que tenían al encontrarse encerrados en una sala.

“El guerrero paciente espera la oportunidad adecuada para atacar.” Se limitó a contestar Caos.

“Eso no me ayuda…” Protestó Vircof. “Aquí hay demasiada gente vigilando y sólo hay una salida.”

“Si no hay camino, tus pasos se convertirán en camino.” Murmuró Caos intentando tranquilizar a su compañero.

“¿Te pagan por hablar en enigmas? ¡No se si te has dado cuenta pero en esta situación no podemos hacer nada!” Dijo Vircof desesperado ante la actitud del coloso. “Mira, soldados vigilando a los periodistas, soldados vigilando la entrada, soldados vigilando a gorrosa… ¡joder, si hasta les ha faltado poco para vigilarme cuando estaba en el servicio! Estamos rodeados. Estamos vigilados. No podemos hacer nada. Hay que salir de aquí antes de que todo estalle por los aires.”

“Tranquilo, guerrero. Las puertas no son la única salida.” Dijo Caos. “Todavía no conozco ningún cristal más resistente que el acero tolariano de mis hachas. El espejo que tenemos frente a nosotros cederá. La ventana de la sala donde mantienen a tu compañero cederá también. Y si eso falla, te aseguro que los soldados tampoco supondrán un problema para mis hachas… Ahora no tienes una entrada. Tienes dos salidas.”

“No sé yo. Mucha fe tienes en tus hachas… Además, eso no es un espejo. Seguro que es un ventanal de cristal que da hacia lo que sea que estos periodistas tiene que informar.” Añadió Vircof poco convencido.

“Bien, pues entonces ya son tres salidas. Elige la que más te guste.” Respondió el coloso dando por finalizada la conversación.

Vircof no pudo responderle con otro comentario. Las luces de la sala contigua donde tenían exhibido a Txus se apagaron. La ejecución iba a comenzar.


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