Diario de a bordo CXX

28 03 2011

El elevador me llevó hasta la última planta, pero aun quedaban dos tramos de escaleras por subir hasta llegar a lo alto del edificio. Allí debía estar Janos esperándome con el pedazo de hielo que albergaba a mi brazo izquierdo.

No me atrevía a subir las escaleras. No sabía qué hacer. Esta vez sería Janos el sorprendido y no como cuando nos emboscó con su buque al rodear el antiguo Cuartel del Oeste. Y sin embargo no me terminaba de convencer. Aquello tenía pinta de ser otra jugada de las suyas y solo tenía la palabra de Brisseis como garantía de que no lo tenía planeado. ¿Podía fiarme de ella? ¿Hasta dónde llegaba la previsión de Janos? ¿Habría conseguido convencerla de que me guiara hasta el elevador? ¿O decidió fingir una rutina todo este tiempo y hacérselo notar a la gente que me conocía para indicar sutilmente dónde podría encontrarle? ¿O se trataba sencillamente de una rutina auténtica y todo aquello no era más que otra de mis típicas paranoias para evitar una confrontación?

No hacía ni dos semanas desde que nos enfrentamos en la cubierta de la Fenris. Ya entonces Janos demostró la diferencia que existía entre ambos y dudaba mucho que nuestra incursión en Elbaf hubiese mejorado mis habilidades con la alabarda. Lo poco que había utilizado el arma que compré en Lodge Town no había resultado muy efectivo, y aunque me desenvolvía con cierta soltura cada vez que la manejaba con mi única mano, poco tenían que ver esos ejercicios con una situación como la que me esperaba.

Estuve un buen rato pensando frente a las escaleras. Debía decidirme pronto. Necesitaba recuperar mi brazo. Tuve suerte de salir vivo de Elbaf sin él y estaba claro que me haría falta en el futuro. Pero no me apetecía nada presentarme de nuevo ante Janos y pelear contra él. Y menos con las pintas que llevaba, empapado por la lluvia que caía hasta que conseguí entrar en la Torre y con un brazo de menos.

Fuera como fuera, tenía que decidirme pronto. No sabía cuánto tiempo más faltaba para la ejecución de Txus y debía regresar al barco para zarpar cuanto antes. El barco era nuestro punto de encuentro si a alguno de los equipos le iba mal. En mi caso seguro que Caos ya estaba esperándonos a bordo. ¿Cómo había podido perderse si iba justo detrás de mi?

Decidí dejar de lado todas mis tribulaciones y centrarme en lo más inmediato: Janos. Asi que comencé a subir las escaleras. No sé si sería por la humedad del agua en mi ropa o por los nervios que tenía, pero me daba la sensación de que cuantos más peldaños subía más calor hacía.

El segundo tramo de escaleras moría en una apertura del techo a modo de buhardilla. Los últimos escalones desaparecían bajo una densa neblina blanca que resplandecía cubriéndolos por completo y ocultaba el exterior hacia el que daba acceso el hueco. Era una extraña sensación. Me recordaba a la bruma que se formaba sobre la superficie de un pantano al amanecer, con la diferencia de que esta bruma caía desde arriba en vez de salir desde abajo.

Cogí todo el aire que pude y ascendí rápidamente aquellos últimos peldaños que me faltaban atravesando esa misteriosa neblina.


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