Diario de a bordo CXIX

25 02 2011

Brisseis me ayudó a recoger todos los papeles del archivo para dejarlo como estaba y que nadie se diera cuenta de que estuve allí. Lo que al principio me pareció un bidón metálico cuando Brisseis entró en el archivo de repente, era en realidad un pequeño aparato con ruedas que le llegaba a la altura de las rodillas y que la seguía a todas partes, acumulando los papeles con torpes movimientos de su brazo mecánico articulado.

Cuando le pregunté por la máquina, Brisseis me contó que se trataba de un proyecto en el que estaba trabajando en su tiempo libre. Su idea era construir una máquina autómata que pudiera emplearse en excavaciones mineras en busca de maná o para construir edificios en lugares inhóspitos como desiertos o en el fondo del mar. Al ver mi cara de incredulidad intentó explicarme que funcionaba con muelles y resortes y válvulas de presión, pero tampoco me dio muchos detalles en vista de que no me estaba enterando de nada.

Me parecía increíble que un objeto inanimado pudiera moverse con libertad, en golpes bruscos y torpes, pero con libertad al fin y al cabo. Brisseis dejó de explicarme el funcionamiento para contarme que mantenía la existencia de su invento en silencio. Me pareció lo más normal. Ahora que la Comisión de Investigación y Desarrollo estaba aliado con la División de Acción Directa, seguramente a McPherson o al propio vicealmirante Primero les faltaría tiempo para encontrar las múltiples aplicaciones bélicas que un vehículo no tripulado podría tener.

En un momento recogimos todas las carpetas y cerramos el archivo. Seguimos hablando hasta llegar al ascensor. Mi intención era subir directamente hasta la última planta y enfrentarme al teniente Janos para recuperar mi brazo.

“Puedes venir… si quieres.”

“¿Cómo? ¿Con vosotros?” Preguntó Brisseis.

“Tengo el barco amarrado en el puerto…” Continué. “Puedes esperarnos. En cuanto terminemos lo que hemos venido a hacer zarparemos. Si vienes podrás salir de la isla.”

“¿Y convertirme en una fugitiva?” Me interrumpió.

“Bueno… si. Es decir, si tu quieres.” Su respuesta me hizo dudar. “Conseguirías salir de esta isla.” Repetí. “Tus padres fueron enviados a Endsville como científicos, tú que llevas aquí desde que naciste deberías saber mejor que nadie que este peñón no es más que una cárcel para las mentes brillantes.”

Brisseis se rió.

“No creo que me interese pero gracias. No me veo capaz de aguantar una vida a la fuga siendo perseguida. Además, no tendría tiempo para continuar mis investigaciones.” Dijo mirando al aparato autómata. “Esto no puede durar mucho más, Fangorn. Alguien, tarde o temprano, se dará cuenta de lo que pasa realmente aquí. Alguien se dará cuenta de todo el bien que podríamos hacer ahí fuera si nos dejasen salir en vez de tenernos escondidos en esta isla buscando formas de controlar a la gente. La Autoridad caerá y entonces sí seremos libres.” Añadió antes de que se cerraran las puertas y el elevador ascendiera dejándola en la planta 55.


Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: