Terceras crónicas 24

14 01 2011

El artillero y el médico caminaban por la curva galería tanteando las diferentes puertas que se encontraban a su camino. El pasillo no hacía más que alargarse hasta donde alcanzaba la vista antes de perderse en un giro prolongado. Las líneas de colores pintadas en el suelo servían como indicadores a las diferentes secciones del edificio pero, a pesar de sus apariciones y desapariciones, de sus ramificaciones y separaciones, todavía no habían leído ningún cartel que les dijera hacia dónde se dirigía cada una de manera concluyente. Así que simplemente, se limitaban a girar los picaportes de las puertas para ver si alguna se abría, y de abrirse, hacia dónde iba a parar.

“¿Te acuerdas ya?” Preguntó Vircof esperando que la última respuesta de su compañero no se repitiera de nuevo.

“Ya te lo he dicho: no.” Respondió Txus cerrando una puerta. “Tenemos que ir a otro pasillo, a otra planta que se parezca por lo menos a alguno de los lugares por los que me han hecho pasar. Hay que buscar una escaleras o algo asi.”

“Es que parece que llevemos media hora dando vueltas.” Protestó tirando el petate que ocultaba la armadura.

“Eso es porque llevamos media hora dando vueltas.” Suspiró Txus girando el picaporte de la siguiente puerta. Estaba cerrada.

“Pues ya me dirás qué hacemos. ¿Cuánto tiempo nos queda?”

“Están presentando a los miembros de la prensa y demás testigos que estarán presentes durante la ejecución, pero todavía les queda por leerme el veredicto y la sentencia del jurado. ¡Ja! Como si no lo supiera.” Txus se concentró como si estuviera recordando algo para poder percibir con más claridad lo que su doble estaba viendo en ése momento. “Estoy en una sala acristalada. Es pequeña y al otro lado del ventanal hay unas gradas donde se va sentando la gente. Tengo cadenas en las manos y los pies y estoy atado a unas argollas del suelo. Dos guardias vigilan una puerta que tengo detrás de mi.”

“Eso no nos ayuda, tío. ¿No ves algo más? ¿Algún cartel o alguna flecha?”

“No. Las paredes de la habitación son grises y la luz de la sala hace que en el cristal me refleje yo y los guardias de mi espalda. Aunque sigo viendo las gradas. Hay como una pared de cristal en un lado de la sala donde se están sentando los testigos. No se a dónde da. Y las paredes de la sala de las gradas también son grises, excepto por la puerta por la que están entrando. Tiene un marco rojo y veo unas tubos de colores al fondo del pasillo.”

“¿Tubos de colores? ¿No serán unas líneas como estas?” Preguntó nervioso Vircof. Por fin aquellas puñeteras rayas les servían de algo. “A ver si no te has fijado bien y no son tubos sino las líneas estas del suelo.”

“No lo sé. No llego a tanto. Están muy lejos.” Continuó caminando el médico.

“Vamos a ver. En esas líneas del fondo, ¿hay alguna roja como la puerta?”

“Creo que no.” Dudó Txus, empezando a ver lo que quería decir Vircof.

“Seguro que no hay roja porque la puerta es donde empieza la línea roja. Por lo menos ya sabemos que línea seguir.”

“No sé, no veo ninguna línea roja por donde estamos ahora…” Dijo el médico poco convencido.

“Por lo menos ya tenemos algo por donde empezar a buscar. La línea roja se metió bajo una de las puertas que estaban cerradas un poco más atrás. ¡Seguro que van para abajo o algo!” Echó a correr Vircof. Txus no tuvo más remedio que echar a correr para seguir tras él.


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