Terceras crónicas 21

20 11 2010

Txus dudó por un instante. Nunca había visto a Vircof tan confiado, aunque por otra parte, tampoco es que estuviese dando muestras de hacer lo correcto. Según el capitán tenían instrucciones precisas sobre adentrarse en La Bóveda y detener la ejecución. En cambio, Vircof había decidido por su cuenta asegurar una ruta de escape en dirección contraria a La Bóveda.

Antes de que pudiese hacer cualquier otro comentario, Vircof ya se había subido a bordo del buque. Txus subió la pasarela a duras penas debido a lo mucho que resbalaba debido al agua para intentar detenerle. Divisó al artillero abriendo la escotilla de acceso a la bodega.

Vircof no conseguía abrir la trampilla. Los soldados de la Autoridad la habían atrancado bien para evitar que hubiese filtraciones de agua hacia la bodega. En vista de que Txus parecía estar tomándose su tiempo en alcanzarle, Vircof buscó algo con lo que forzar la escotilla. La lluvia era tan intensa que apenas se podían abrir los ojos y no se conseguía distinguir nada. Buscando, escuchó un ruido metálico cuando su ballesta chocó contra el compartimento de la armadura que llevaba donde guardaba la palanca de su padre. Rápidamente presionó sobre ella para que el resorte soltase la palanca y pudiese abrir la puerta de la escotilla.

Con un crujido que se confundió con el ruido de los goterones de lluvia cayendo sobre la cubierta, la escotilla se abrió.

“¿Estás loco? ¿Sal de ahí antes de que nos descubran?” Preguntó Txus asomándose por la trampilla.

“¡Espera un segundo, gorrosa!” Respondió Vircof casi al final de la escalera. “Ya verás como luego me lo agradecerás.”

Tras sujetar de nuevo la palanca a la armadura, Vircof sacó una pequeña bolsa. La lluvia de fuera hizo que Txus no pudiera escuchar el suave tintineo de cristal de lo que había dentro. Vircof extrajo una pequeña bola, del tamaño de un huevo y la lanzó hacia la oscuridad de la bodega. Tras escuchar cómo la bola se rompió al caer contra el suelo, se dio media vuelta y subió de nuevo a la cubierta.

“¿Qué has hecho ahora?” Txus estaba cada vez más nervioso y no sabía como conseguir que Vircof se centrara en la misión de rescate y abandonara sus infantiles travesuras.

“Vamos al otro barco, gorrosa. Te lo explico por el camino.”

Lentamente, para evitar los resbalones, bajaron por la pasarela del buque hacia el muelle para subir de nuevo por la pasarela siguiente.

“Dentro de esta bolsa tengo unos pequeños contendores de AACC. Si tenemos suerte, en cuanto empiecen a actuar no quedará nada ellos.”

“¿AACC? ¿Quieres explicarme que rayos es eso? No todos somos expertos en potingues raros.” Protestó el médico.

“No es un potingue raro. AACC significa ácido de alta capacidad corrosiva o ácido sulfúrico.” Respondió Vircof sin hacer caso de la cara de horror que ponía Txus al escucharle.

“¿Ácido sulfúrico? ¿Vas caminando por ahí con una bolsa llena de ácido sulfúrico? ¿Llevas algo así en medio de una tormenta, donde el agua hace que todo resbale y puedas caerte? ¿Llevas eso al lado de mi?” Se escandalizó Txus, dudando sobre si moriría desintegrado en la desmasificación o derretido por el ácido sulfúrico.

Subieron al otro buque y se acercaron a la escotilla. Esta vez cedió más fácilmente y sin necesidad de la palanca de Vircof ya que dos personas tiraban de la trampilla.

“¿No podrías simplemente tirarlo en el casco del barco y ya está?” Añadió Txus mientras Vircof volvía a bajar a la bodega.

“Noo, porque sino el agua de la lluvia disuelve el ácido y entonces no hace tanto efecto.” Se burló Vircof como si aquello fuese lo más obvio del mundo y tuviera que explicárselo a un niño pequeño. “Si lo suelto en un lugar seco la corrosión empieza antes y es más difícil que se detenga.”

Abandonaron la nave a toda prisa y regresaron al comienzo del puerto. El rompeolas arrojaba largos brazos de agua de mar sobre el muelle. Si la lluvia no se había encargado ya, el agua que salpicaba desde el mar ya les había calado toda la ropa.

“Espero que no hayamos perdido el tiempo para nada. Ya me están sacando de la celda.” Se lamentó Txus.

“No te preocupes. Esto va a ser coser y cantar.” Le animó Vircof. “Cuando volvamos no habrá rastro de los barcos.”


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One response

27 11 2010
Jesús T. "chusetto"

Bah, si ácido sulfúrico es lo que tomo yo contra la acidez del estómago…

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