Diario de a bordo CVI

15 10 2010

El viento y la lluvia arreciaban la goleta con mayor intensidad sobre el bravo oleaje a medida que nos aproximábamos al peñón. Capeamos el temporal como buenamente pudimos. Viramos la goleta a sotavento para cortar las olas con la proa y poder maniobrar con precaución por los alrededores del Endsville.

Las siluetas de las torres gemelas ya no eran las únicas que se recortaban frente a nosotros. También se podía distinguir la superficie de La Bóveda y el contorno del peñón. A pesar de la proximidad con la que estábamos, apenas se apreciaban más detalles. La lluvia, el viento, y sobre todo los densos nubarrones eclipsaban luz del sol. Las torres se clavaban en las nubes a pocos metros del suelo impidiendo ver su verdadera altura.

“¡Txus sube a la cofa!” Ordené. “¿Cómo está el puerto?”

Retirar el spinnaker del trinquete fue buena idea. Aún no había tenido tiempo para guardar la vela, pero de esta manera Txus y Caos no se equivocaban de aparejos.

“¡Solo hay dos buques! ¡Sin tripulación!” Respondió Txus desde lo alto de la mesana.

Si se trataba de una emboscada de Janos, dos buques eran más que suficientes para darme caza. Además, el hecho de que no hubiese soldados a la vista simplemente indicaba que la tormenta era demasiado fuerte como para permitir maniobras en la cubierta. En cualquier caso no podía confiarme. Ya no me perseguían solo a mí, un fugitivo, también tenía un ex-presidiario sentenciado a muerte.

Un golpe de agua nos hizo zozobrar peligrosamente cerca de las rocas cercanas a Endsville. Conseguí recuperar el timón y estabilizar la nave. En nuestra situación, dejar el barco en mar abierto era una locura. Por muy arriesgado que fuera debía resignarme a atracar el barco lo más próximo al puerto o incluso dentro.

“¡Caos recoge una de las velas de foque y cubre el mascarón de proa!” Grité.

Ya que no me quedaba más remedio que entrar en la boca del lobo, por lo menos procuraría no llamar la atención. El mascarón de proa con la forma de la serpiente delataba el nombre y el origen de la goleta. Ocultándolo confiaba en hacer pasar el barco desapercibido entre el resto de embarcaciones menores que se encontraban amarradas entre los dos buques de la Autoridad.

El barlovento que de los edificios junto a la protección que proporcionaba el rompeolas del puerto y el resto de naves contra el oleaje, nos permitió maniobrar la nave hasta atracarla en uno de los muelles más despejados. Para entonces ya estábamos empapados de agua y notábamos el frío en los huesos. Bueno, los que tenían huesos.

“¿Abro fuego?” Preguntó Vircof desde la bodega.

“No, pero deja los cañones listos. Nunca se sabe.” Dije.

Caos lanzó unas jarcias por la borda para asirlas a los norays del muelle. Amarramos la goleta al puerto y nos pertrechamos con las armas de las que disponíamos. Cuando bajé a la bodega inferior a comprobar el cofre cogí una cosa rara que encontré palpando a su alrededor. Caos recogió sus dos hachas de mano y se las colgó del cinturón, decía que el hacha gigante de Ak’roma ocupaba demasiado. Txus no se entretuvo mucho buscando con qué defenderse, apenas se separaba de su florete, así que fue el primero en bajar. Vircof fue al laboratorio de la popa y trasteó con los tarros que tenía allí. Hasta el momento no habíamos tenido ningún percance de que el fuego griego que pudiese guardar reaccionara con el agua de la lluvia. Ya estábamos todos fuera del barco cuando bajó la pasarela, así que no sé qué se guardó en los bolsillos.


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One response

16 10 2010
Vircof

Miedo me doy… digo, miedo me da Vircof con sus mejunjes raros xD.

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