Diario de a bordo CII

1 09 2010

“Mejorará… es cuestión de tiempo.” Se acercó a decirme Txus.

Cinco días después de abandonar Elbaf, los mareos iniciales de Caos habían remitido, pero seguía sin fuerzas para caminar normalmente por el barco.

“¿Todos los colosos sufren mareos?” Me preguntó.

“No lo sé. No conozco a ningún coloso que se haya echado a la mar.”

El sol se había puesto hace rato pero las luces del atardecer todavía iluminaban el cielo con tonos rojos y morados sobre el que comenzaban a encenderse las primeras estrellas. El oleaje no era muy intenso y el viento, contra todo pronóstico, nos era favorable.

A lo lejos comenzaba a divisarse el enorme nubarrón que indicaba la proximidad de El Continente. Al oeste del Octavo Mar la tierra firme se componía de escarpadas montañas. Una cordillera altísima que separaba al Octavo Mar del Tercer Mar y que retenía las nubes como una presa cuando el viento soplaba desde el este. El efecto Föhn acumulaba las nubes ocasionando una zona de inestabilidad climatológica por la que era muy difícil navegar. En aquel lugar estaban los laboratorios principales de la Comisión de Investigación y Desarrollo. La niebla y las violentas tormentas prevenían a cualquiera de meter sus narices.

“Cuando lleguemos allí, ¿vamos a pegarnos?” Dijo Vircof apareciendo de la nada.

Tardé en responder. A decir verdad no tenía muy claro cómo afrontar una incursión a La Bóveda. El teniente Janos me estaba esperando y seguramente no estaría solo. Me arrancó el brazo para asegurarse de que le seguiría hasta la isla para recuperarlo. Su intención era hacer un trueque: mi brazo izquierdo por el Cofre Pandórico. Pero a todas luces se trataba de una emboscada. Sabiendo que aparecería por allí, seguramente ya habría informado a McPherson que era quien estaba a cargo de la isla ahora y nos estarían esperando.

“Si.” Admití con resignación. “Tendremos que pegarnos.” Era muy ingenuo por mi parte haber pensado que podríamos infiltrarnos sin llamar la atención.

“¡Genial!” Murmuró Vircof. “Pero, oye, ¿no deberíamos declarar la guerra? Para intimidarles y eso…”

“Bobo, ya saben que vamos. El teniente se lo dijo cuando le quitó el brazo antes de yo hiciera estallar su buque.” Dijo Txus.

“¿Y a ti quien te pregunta, gorrosa? Además fui yo quien hizo saltar por los aires su barco.” Una vez más el médico protestó diciendo que su sombrero era rojo claro en realidad. Pero Vircof no le escuchaba y seguía hablándome entusiasmado. “Me refiero a que tendremos que hacer algo para que sepan quién les golpeó ¿no? Algo con lo que puedan identificarnos, como un emblema o un estandarte…”

“Una bandera.” Interrumpió Caos apareciendo desde la bodega sin síntomas de mareo por primera vez desde que subiera a bordo.


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2 responses

1 09 2010
Vircof

Mmmm… pues a ver que imagen para la bandera tienes en mente.

20 09 2010
Jesús T. chusetto

¿Para cuándo más? xD

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