Viajando más allá de San Francisco.

11 08 2010

El lunes me quedé dormido. No lo planeé. De hecho, me desperté a las siete y media con el tema de apertura de los Soprano (como todos los días) y apagué el despertador del movil. Lo siguiente que recuerdo fue bostezar y mirar el reloj. Ya habían pasado dos horas. Como llegaba tarde, intenté despertarme cuanto antes. Me encontré a la señora en la casa, cosa rara porque siempre está fuera cuando yo me levanto. Sali a todo trapo a coger el tranvía. Cuando ya casi había llegado al final de Sunset (la zona en la que vivo) me di cuenta de que no tenía llaves, asi que tuve que darme la vuelta y regresar a la casa. Con las llaves en el bolsillo cogí de nuevo el tranvía a eso de las once menos cuarto. Llegué a la puerta de la escuela justo a tiempo para el descanso del almuerzo y, como no había desayunado, me compré un taper de comida en el deli tailandés al que solíamos acudir cuando hacía buen tiempo. Parece ser que mientras yo dormía hicieron un examen con el que tendría que ponerme al día. Por la tarde hice un par de compras y cogimos un cable car hasta Fisherman’s Wharf (otra vez, otra vez). Por el camino, como había confianza, íbamos colgados de los barrotes exteriores y cada vez que el tranvía arrancaba sacábamos los pies como si lo impulsáramos al estilo Picapiedra. Además de tener un público que estaba flipando al hacer esas chorradas, la gente de la calle se partía el culo al vernos arrancar el tranvía y frenarlo. También nos tocó un conductor simpático que nos seguía el rollo. En una parada dijo: “Voy lleno, voy lleno. No puedo coger a nadie más aquí arriba. Bueno, si hay alguna señora soltera igual si, igual si tengo algun hueco”. Fue muy divertido. Vimos el mítico Muséé Mechanique donde tenían recreativos de todas las épocas (incluyendo zootropos que se ponían en marcha con monedas de diez centavos y que mostraban un dibujo de una cabaretera que enseñaba las piernas arremangándose la falda), aunque la estrella para mí fue una máquina recreativa original de Atari con el Pong. Los veinticinco centavos mejor invertidos, a pesar de la paliza que me dio Jose. Y es que, por extraño que parezca, el mando de la primera recreativa de la historia de los videojuegos es muy complicado de manejar. También tenían una recreativa de Ms.Pacman horizontal, como a la que juegan los personajes de 500 Días Juntos. Se nos hizo tarde y volvi a mi casa con el tiempo justo.

El martes hicimos excursión al barrio de Mission, a ver los murales que mantienen a raya las luchas territoriales entre bandas, ya que no suelen grafitear sobre los murales y, por ello, casi todas las calles están cubiertas de pinturas para que no puedan reclamarlas como su territorio. También me compré el burrito sencillote la taquería El Farolito que, para ser sencillo, iba muy completo. Pedazo burrito que me meti para el cuerpo. Finalmente, mientras el grupo descansaba en Dolores Park, Alex, Victor y yo nos escaqueamos para comprar unas cervezas en el 7eleven que había cerca y disfrutamos de una breve siesta al sol tirados en el césped del parque mientras los demás comían en un corrillo. Por la tarde el grupo se iba a ver Alcatraz, de modo que me quedé leyendo en Borders haciendo tiempo hasta que regresaran. Por cierto que me ha molado el último número de Scott Pilgrim. A ver que tal está la película. A eso de las siete me puse en contacto con el grupo y, tras coger el tranvía a Embarcadero, acabé encontrándoles bajo la Pirámide Transamericana. Allí nos separamos y me quedé con Sara dando vueltas por Chinatown, buscando las agencias de viajes en las que estuve con el grupo de profesoras de la Autónoma cuando buscaban tours a Las Vegas. Resultó que estaban cerradas. Dimos un par de vueltas, encontramos a unos compañeros de clase y tras aquello fui a cenar a la resi de Sara y salimos tal cual íbamos a un pub donde servían bebidas a 2$. Aquello estaba petadísimo y como veía que eran las diez y media y aquello iba para largo, dejé a la gente en la cola que había para entrar y regresé a casa. No cené de lo cansado que iba (todavía me aguantaba el burrito y la cena con Sara).

El miércoles resultó que a la profesora le dio una reacción alérgica en los labios en medio de clase. La gente empezó amurmurar y a hacer bromas a sus espaldas a pesar de ser evidente que se trataba de una reacción alérgica y, después el almuerzo, tuvo que irse, algunos dicen que llorando, aunque no me creo esto último. Tras el almuerzo vino la chica de la oficina a sustituirla. Ella dejó claro que no era profesora y que era la primera vez que la pedían dirigir una clase, se la notaba muy nerviosa y los malagueños no dejaron de estresarla a base de preguntas comprometidas (comprometidas para la cultura estadounidense ya que aquí no se estila como “gracioso” el preguntar de buenas a primeras cuántos hemanos tienes, qué haces en tu tiempo libre, a qué lugares sales de fiesta y si algun día me enseñarás esos lugares). Por fortuna no em quedé mucho tiempo viendo como vacilaban a la pobre muchacha, que encima era más joven que nosotros, ya que tenía que encontrarme con Patricia frente al puerto 33 donde cogeríamos el ferry hasta Alcatraz. La visita a la isla no estuvo mal. Hombre, aquello tenía casi todas las instalaciones cerradas y como se considera un parque natural y no pueden echar a las gaviotas apestaba a mierda de pájaro, pero la mayoría del audiotour te guiaba por dentro del edificio con lo que evitabas los malos olores y, si tenías que salir afuera, el intenso viento que soplaba hacía que se te congelaran los huesos, de modo que el olor era la menor de tus preocupaciones. Acabamos el tour y nos sentamos a merendar mientras dejábamos salir el ferry de las cinco. Esperando me mandó un mensaje Lola diciendo que acababa de acordarse de que tenía hoy lo de Alcatraz y que si ya estaba en la isla. Respondí y terminamos por encontrarnos en el ferry de vuelta. Alex me llamó diciendo que acaban de declarar inconstitucional la Proposición 8 que legaliza el matrimonio entre homosexuales, de modo que iba a haber movida en el Castro, evidentemente porque cuando los gays se manifiestan no lo hacen como el resto de las personas. Asi que difundí la noticia para ver si alguien se animaba a salir de fiesta por Castro, pero parece que el fin de semana de accidentes todavía les estaba pasando factura y el plan no cuajó del todo. Al bajar del ferry me tenía que encontrar con Flores, Sergio y Victor, que estaban de camino a la residencia. Aunque pensaba recoger un par de cosas de la residencia de Sara y Flores, su compañera de habitación, podría abrirme, acabé yéndome con ellos a su residencia de Van Ness donde terminé de echar la tarde. Vimos un poco de i-Carly y a Steve Urkel mientras esperábamos a que empezase el partido del Madrid contra otro esquipo de Sudamérica y a las nueve regresé a casa. Resultó que llegué al mismo tiempo que los familiares de la señora, que han venido para la boda del sobrino del que ya me habló hace unas semanas. Estuve de palique con ellos todo lo que semejante incómoda situación me lo permitió mientras cenábamos juntos y, cuando todos se fuerona  dormir, fregué como siempre los platos que quedaban y me puse con el ordenador hasta que me dieron las mil y monas y me fui a dormir.

El jueves teníamos excursión a Muir Woods (una de mis pocas oportunidades para ver secuoyas gigantes) sin embargo, debido a la repentina desparición de la profesora nos han puesto un sustituto que se parece a Brian Griffin si se pintase la nariz de negro. Tras las presentaciones, quedó bastante claro, especialmente por parte de los malagueños, que no les caia bien (en un piedra, papel o tijera, uno de ellos sacó media tijera, es decir, solo el dedo corazón, para mandarlo a la mierda), principalmente porque estaba haciendo algo con nosotros a lo que no estábamos acostumbrados: nos estaba haciendo trabajar. Por la tarde, Sara y yo reservamos un tour en una agencia de Chinatown, que venía a ofrecernos lo mismo que la agencia de Internet de GoToBus y después, junto a Flores y Jose, fuimos a Mission a enseñarle los murales que vimos en nuestra última excursión. No estuvo mal, pero se echó en falta el carisma de Sergio y Victor, quienes se habían quedado en el hostal debido a la fiebre que le apareció a Sergio en los últimos dos días. Se nos hizo de noche allí, de modo que regresamos.

El viernes, tras una mañana tranquila en la cama todo el rato, me puse un rato con el ordenandor antes de encontrarme con Sara a la entrada del Golden Gate Park. Esperamos a que llegara Victor (que hasta entonces no se había separado de Sergio para ayudarle con el tema del seguro médico) y vimos el Jardín de Té Japonés, que ya era hora y me dejó alucinado, atravesamos el parque hasta los bisontes y el molino holandés para llegar a la costa y, tras unas compras, cogimos un bus hasta la residencia donde estaba Sergio, para despedirnos de él, ya que al día siguiente saldríamos de viaje y no volveríamos a vernos. Sergio estaba medio muerto en la cama, asi que de poco nos sirvió el viaje.

El sábado me desperté cagando leches a las cinco de la mañana para llegar a tiempo al autobús de la agencia china que nos llevaría con el tour que reservamos el jueves. Salimos de San Francisco a las siete y tras cinco arduas horas de trayecto, llegamos al PAruqe Nacional de Yosemite, donde me quedé alucinado con el tamaño de los árboles en semejante bosque, vimos cascadas de caidas kilométricas y, por unos breves minutos (ya sabeis como va el tema de los viajes organizados con agencias chinas) contemplamos la descomunal roca de granito El Capitán que compone la mayor pieza de granito sin agrietar del mundo; la Half Dome, otra roca de granito prácticamente esférica a la que parece que hayan cortado por la mitad, de ahí el nombre de media cúpula; y los tres picos de los Tres Hermanos. Abandonamos el parque apenas dos horas después de llegar y pusimos rumbo a Las Vegas. Paramos a pasar la noche en un hotelazo de Fresno, donde nos dimos un chapuzón nocturno en la piscina antes de irnos a dormir.

El domingo llegamos a Las Vegas prácticamente a la hora de cenar. Afortunadamnete, nos habíamos tomado la libertad de comprar cosas en un supermercado cuando nos daban tiempo para comer o ir al baño en las muchas paradas que hicimos durante el trayecto, y cenamos rápidamente, antes de echarnos a caminar por las calles iluminadas de neón de la Strip. Una alemana que estaba de verno sabático y que se había apuntado sola al viaje se unió a nosotros en cuanto vió que, de no ser por nosotros, el autobús no se distinguiría de uno de los viajes del Inserso de lo lleno de abuelos chinos, coreanos e hindúes que estaba. Aquella noche bajamos hasta el Caesar’s Palace y nos apresuramos hacia el Stratosphere antes de que anocheciera. Como no nos dio tiempo, paramos a por una cerveza en el Sahara y continuamos hacia el norte hasta alcanzar la torre del Stratosphere que imita al conocido edificio de Seatle. Las vistas nocturnas de la ciudad eran impresionantes. Llegamos al casino Circus-Circus (me da vergüenza mencionar siquiera el nombre) donde nos hospedábamos a la una de la mañana, lo cual no suena tan mal si consideramos que dabíamos estar de pie a las seis del día siguiente.


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One response

15 08 2010
Elena

Me he vuelto a meter en tu blog tras tu experiencia erasmus. Esto me lo imprimo yo para cuando me haga el viaje…aunque tengo la esperanza de que en vez de Gotobus (te acuardas de como se dice catarata en chino???jeje) sea con un coche vintage por la ruta 66…

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