Los riesgos de ser turista en San Francisco

3 08 2010

El lunes me desperté algo más lento de lo habitual, en gran medida porque mis musculos aún no habían descansado lo suficiente después de escalar dunas verticales el sábado y pedalear a todo trapo el domingo. En la escuela decidimos acercarnos a Twin Peaks y Haigh Asbury (¡oh, que novedad!) al día siguiente y, tras nuestro horario habitual, los que íbamos con la beca del MEC para seis semanas tuvimos que quedarnos a la clase de pronunciación ya que nos hacen falta más horas para llegar a las 20 semanales que nos pide el ministerio. En una sala nos reunimos todos aquellos a los que Language4You nos ha estafado con un curso de 22 lecciones a la semana, a 18 horas reales a la semana. Tras una interminable hora que me hizo retroceder a las clases de fonética con Paulino (algunas de las becadas venian de la Autónoma y tambien sufrieron en sus carnes la asignatura de semejante profesor de Fonetica del Inglés I) salimos de la clase, el primero, el propio profesor, quien miraba impaciente el reloj constantemente y suspiraba por lo lento que se le estaban pasando las manecillas. Yo tenía que ir a recoger las entradas a Alcatraz al Pier 33 y, como después el grupo de profesoras de la Autónoma (a quienes Language4You ha alojado en una residencia de ancianos) tenía que acercarse a una agencia de viajes en Chinatown, decidí irme con ellos a ver si encontraba alguna oferta bien de precio para poder largarme, este fin de semana si, a Los Ángeles. En el grupo habia un chaval andaluz que, para mi asombro, era el que más procupado parecía por el viaje y el que más se preocupaba en enterarse de las cosas. Después de dejarles camino a su residencia de ancianos, me fui a la de Jose de Pamplona donde me esperaba el resto de españoles para pasar la tarde. En vista del plan intenté hablar con una chica que tambien quería ir a Los Ángeles este fin de semana, Sara, para conseguir organizar algo y concretar. Se supone que la gente habia quedado en aquella misma residencia para jugar al póquer pero yo ni me enteré porque terminé enganchado al ordenador y al móvil, pendiente de los mensajes de Patricia y Lola sobre sus viajes de fin de semana y buscando furgonetas para alquilar con las que llegar hasta allí. Una locura y al final quedó todo en agua de borrajas porque no habia suficiente comunicación. Finalmente terminé por tirar la toalla y dejarlo para el día siguiente. Intenté guiar a los españoles hasta el tailandés donde solíamos comer las semanas anteriores para cenar algo sólido por alli, pero estaba cerrado, de modo que me despedí y regresé a casa pensando en las posibilidades pedagógicas sobre el iPad que me había comentado Jose. Cené decentemente y comprobé que ya había leche buena en el frigorífico para mañana.

Con la tontería de llegar tarde a casa ya se me ha pasado una semana y no recuerdo lo que hicimos el resto de la semana. El martes se que hicimos una excursión a lo alto de Twin Peaks con la clase, a disfrutar de las vistas de la ciudad y del viento que soplaba. Desde alli bajamos hacia Haigh-Asbury atravesando Buenavista Park y encontramos a unos policias echando fotos a unos conitos naranjas dentro de un recinto acordonado (en otras palabras, una escena del crimen) que tuvimos que abandnar cuando vienieron a echarnos por quedarnos mirando. Nos dimos un voltio por la zona hippie que ya me la conozco de sobras aunque siempre es de agradecer la información turística que nos iba dando la profesora, y cogimos un autobús de vuelta a la academia, aunque ya no recuerdo que hicimos después. El miércoles la profesora nos trajo un recorte de prensa sobre la pelea de dos indigentes en Buenavista Park que terminó con uno de ellos muerto a cuchillazos. Muy edificante, la lectura. El jueves hicimos otra excursión a la zona del ayuntamiento y la librería, atravesando el Tenderloin que es donde estan todos los mendigos. Antes de nada, pasamos a la biblioteca y me hice el carné de socio, quea aunque no se si lo llegaré a usar, como recuerdo de la ciudad está bien. En frente de Civic Center nos esperaba un voluntaio para guiarnos, un viejo al que le costaba tenerse en pie y me daba angustia excucharle de lo bajito que hablaba. No llegamos a terminar el tour porque llegabamos tarde a una exhibición de tambores taiko patrocinada por el consulado de Japón en los Yerbabuena Garden. Alli comimos y luego fuimos a ver el Cartoon Art Museum, que me decepcionó muchisimo, ya que te lo venden como el museo del comic y en realidad no es más que una mísera exposición de tiras cómicas de las que apenas se sabe nada fuera de los estates.

Esto es continuación del jueves pero forma parte del fin de semana. Al acabar las clases, me acercqué a recoger mi mochila con mi ropa a la residencia de Patricia, ya que habiamos quedado en Powell para que nos recgieran los amigos de Lola con los coches alquilados y pusiéramos rumbo a Los Ängeles. Finalmente nos echamos a la carretera a eso de las cinco y llegamos al hostal a la una y media de la madrugada. No era como el de Me llamos Earl, pero al menos no habia ningun cadáver flotando en la piscina. Al dia siguiente, mietras se terminaban de vestir mis compañeras de habitación, me dio por hacer la coña de buscar biblias en los cajones de la habitación y Sara encontró un estuche con una bolsa de yerba. Tras el desyuno, a pesar del solaco de justicia que hacía, decidimos posponer la playa y ver el paseo de las estrellas (donde nos multaron por aparcar fuera de hora), las letras de Hollywood desde Mulholland Drive, Beverly Hills y dar vueltas por Bel Air buscando la casa de Will Smith. Terminamos cenando en Santa Mónica, una playa muy bonita. Aquella noche decidimos resarcirnos dándonos un chapuzón en la piscina del hotel, pero nos acabaron echando porque a las once y media de la noche la piscina llevaba una hora y media cerrada, de modo que nos quedamos en el patio tomando unas cervezas. El sábado ya no hacia tanto sol y no pudimos disfrutar de Venice Beach como habríamos querido, aun asi, vimos los tubos de skate, las másquinas de ejercicios y los circuitos de bicis que salen en la serie de Pacific Blue por donde los polis resuelven los problemas de las calles montados en sus bicis. Regresamos al hostal para cenar y salir de fiesta arreglados a un sitio donde pagamos para salir porque apenas estuvimos una hora dentro, y habríamos llegado antes si la policía no nos hubiese parado por detenernos en una parada de autobús a intentar mirar en el mapa dónde diablos estábamos. El domingo fue prácticamente dia de coche, de vuelta a San Francisco. Atravesamos Malibu sin detenernos a ver todos los surfistas que había congregados en una especie de festival, paramos en otra playa más paradísiaca todavía, en la que no pudimos bañarnos bajo pena de regresar con el bañador mojado durante el trayecto en coche. Al llegar a San Francisco, Lola se arriegó mucho tomando una curva con el coche y derribamos un semáforo. A pesar de que podría estar en casa para las once de la noche, entre que dispersamos a los indigentes que rodeaban la zona del accidente, vino la poli y se llevaron el coche, me dieron las cuatro de la mañana hasta que llegué a casa.


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2 responses

3 08 2010
Jesús T. "chusetto"

O_O ¿Un semáforo? O_O Joder… qué bestia…

¿Ves, Héctor? ¿A que es mucho más fácil ir al grano y no escribir tanto? Así puede aprovechar el tiempo para actividades más provechosas…😀

15 08 2010
Elena

Bueno…lo del semaforo hubo de ser para verlo… Estoy con Jesús que bueno y breve dos veces bueno. Parece que el viaje merecio la pena no?? Bss

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