Hay que ver con la gente que encuentras en San Francisco.

19 07 2010

El lunes tenía pensado acercarme a la oficina de inmigración temprano, para solucionar unas dudas sobre los sellos en mi pasaporte, asi que me propuse levantarme a las seis y llegar con tiempo a clase, pero como escuchaba el ruido de la señora de la casa dando vueltas, decidí dormirme cinco minutos más y esperar a que se fuera. A l final acabé durmiéndome media hora más de la habitual y a las 7:24 salí zumbando de la cama. Al final no me dio tiempo a llegar a la oficina de inmigración, pero llegué justito a clase. La clase transcurrió sin pena ni gloria hasta las doce más o menos, cuando en el descanso conversamos con los nuevos españoles de la semana. Aprovecahndo que lo tenían fresco, les pregunté por el tema de los sellos en su pasaporte y, al parecer, se encontraban en la misma situación , por lo quemi nivel de alarma disminuyó. El director se acercó a hablar conmigo cuando vio que me enseñaban los pasaportes precisamente para preguntarme si me había acercado a la oficina, pero ya veía que no era necesario, puesto que nadie tenía una tarjeta verde grapada. Al acabar la clase pensamos acercarnos a la zona hippy the Haigh ASbury, por donde estuve la semana pasada, y acercarnos al Golden Gate Park. Nuestros planes cambiaron sobre la marcha y terminamos viendo como una hacía pompas de jabón en Dolores Park. Desde ahí, luego me volví a casa, bastante temprano. Confiaba en encontrarme a la señora preparando la cena pero resultó que llegué yo antes. Me puse con el ordenador para hacer tiempo. Como veía que tardaba en llegar y yo no podía calmar mi hambre a base de Oreos toda la noche, salí en busca de un Subway donde pillarme un bocadillo o un Walgreen’s donde comprar pan de molde y embutido. No encontré ninguno de los dos, pero con eso ya había estado una hora de más fuera de casa, asi que esperaba que la señora hubiese vuelto. Al regresar de nuevo a casa me encontré a su gata (intuyo que es gata porque el bicho está gordo que no veas, asi que para mi que debe estar a punto de parir) maullando desesperadamente. Como yo a los gatos les tengo tirria desde que descubrí que soy alérgico a ellos, procedía prepararme una lata de espaguetis enlatados que me compré el día anterior, precisamente por si se presentaba alguna noche en que no tuviera cena en casa. La jodida gata no me dejaba en paz e intentaba acercárseme a la pernera del pantalón y yo dándole largas para que no se me juntara para que no me dejase la ropa llena de pelos que luego me diesen reacción. Me acerqué a ver si tenia comida y la tia me seguía con la mirada. Tras comprobar que quería comer, abrí una de las latas de comida gatuna que habia en una bolsa y se la puse en su cuenco. La cabrona lo olisqueó un poco y se piró sin probar una migaja. Por fin se dejó de maullar, pero mañana seguramente tenga que explicarle a la señora a santo de qué le di comida a la gata. Y digo que se lo explicaré mañana porque de momento no ha llegado a la casa.

Algo le ha pasado a mi ordenador que se me ha quedado colgado y he perdido lo que escribí ayer sobre el martes y el miércoles.

Del martes puedo decir que después de clase atravesamos Chinatown y cruzamos Columbus street para subir Telegraph Hill hasta Coit Tower. Por el camino pasamos por las cafeterías del barrio italiano y me hizo gracia que, en una de ellas, alguien había pegado al suelo cuatro monedas de venticinco centavos justo a la entrada de la cafetería y todos los que pasaban y las veían, inevitablemente se agachaban a intentar recogerlas, sintiéndose como imbéciles al descubrir que estaban pegados al suelo. Las vistas desde Coit Tower eran espectaculares y después decidimos Sali marchando hasta Lombard Street. Esta vez, como no iba solo, me lo tomé con calma y subimos las escaleras laterales de la calle hasta donde empiezan las ocho curvas adoquinadas. Tras aquello fuimos al bar Lalopa donde Alex estaba echándole una mano a su hermano. Alli decidimos salir por la noche y tras estar un buen rato, regresamos cada cual a su alojamiento. Yo estuve poco en el mio porque a eso de las once habíamos quedado para ver como es la zona de marcha de Mision. Al final sólo apareció Alex. Nos dimos una vuelta y vimos que aquello estaba muerto. Pillamos un taxi a Union Square, el cnetro de la ciudad, preguntándole dónde podría haber un buen club. Yo creo que el tio no se enteró de lo que le preguntábamos pero era gracioso escucharle hablar como Apu. Por alli tampoco había marcha asi que nos tomamos una hamburguesa en el Jack in the Box y nos dimos la vuelta. Como no tenia muy claro cuando empezaba el servicio de autobuses nocturnos y ya llevaba mucho esperando en la parada paré un taxi. Me costó 20$ llegar hasta donde yo vivo, casi la mitad que llegar del aeropuerto. Me da a mi que será la última vez que cojo un taxi en la ciudad.

El miércoles quisimos tomárnoslo con más calma. Tras salir de clase los españoles nos dividimos: unos a comprar comida para preparar y otros, los que siguen empeñados en comer a la hora de España, se fueron a comer. Al final quedamos en encontrarnos en Fisherman Warf. Tras estar más de tres horas viendo como se organizaban los nuevos en su residencia y un trayecto en autobús de más de media hora hasta el puerto, llegamos hasta Fisherman Warf a media tarde, justo cuando los otros se estaban recogiendo. Al preguntarles por lo que habian visto me di cuenta de que no habian pasado al puerto, sino que se habian quedado por las calles de antes de llagr. Les convencí para regresar al principio y ver lo tipico de ésa zona. Y aunque esta vez fue más divertido al ir con más gente y conseguí ver al indigente-mascota del lugar (un tio que se esconde en un rinco cubierto con dos hojas de palmera y te asusta al pasar) no llegué a ver la tienda con máquinas arcade de recreativos donde tienen una de las primeras máuinas de Pong. Tras semejante paseo acaboms rendidos y después de ver la fábrica de Girardheli otra vez nos fuimos a esperar al autobús. Gracias a las indicaciones de un voluntarioso sanfranciscano, encontré otra ruta que me dajaría más cerca del metro para regresar a casa. Llegué a las nueve pasadas, por lo que la señora ya se habia acostado.

El jueves conseguimos convencer a la profesora para que una hora de clase la pasáramos en Yerbabuena Gradens donde estaba tocando un grupo de tango conocido en la ciudad, Tango nº9. El dia era muy caluroso y la hirba estaba repleta de gente tomando el sol. Tras la clase, de nuevo, el grupo de los que no comieron durante el lunchbreak se fue por su cuenta y los demás decidimos ir a Golden Gate Park de nuevo y esta vez, aprovechando el solecito adentrarnos más y ver lo que hay. Solo llegamos hasta el muse de ciencias naturales cuyo edificio fue remodelado para albergar un jardín boscoso en el tejado y nos detuvimos para ver una bazucada que había en las escaleras. Tras aquello, caminamos por Haigh Asbury como el lunes, de camino a Dolores Park, con la intención de coprar unas cervecitas y jabón y un cubo para hacer pompas como se las vimos hacer al la chica del lunes en el parque. En toda la ciudad está prohibido beber alcohol en lugares públicos, pero parece ser que Dolores Park es la excepción y cuando llegamos ya habia numerosos corrillos de gente que llevaban aprovechando el solecito durante toda la tarde. Nos sentamos en una de las laderas y nos pusimos con los litrillos y las pompas. Cuando nos cansábamos nos tirábamos ladera abajo por el césped haciendo la croqueta. La gente del lugar alucinaba con nosotros y la escandalera que metíamos, asi que no era de sorprender que, cuando comenzaban a animarnos antes de echarnos a rodar, nosotros les respondiéramos que se uniesen (uno de ellos al final se animó) y con eso echamos la tarde. En principio íbamos a vernos en el hostal de los nuevos españoles, pero cuando llegué a casa y vi que tenia que cocinarme la cena supe que no me daría tiempo, de modo que yo ya no sali de casa.

El viernes fue un dia tremendo. Se supone que habia quedado a las nueve y media de la mañana con Mónica para coger el tren hasta Oakland, donde vivía Carolina, ya que su novio y su hermano trabajan en los estudios Pixar y nos iban a enseñar las instalaciones. Al llegar se habían trastocado un poco los planes, porque resulta que ella habia estado en contacto por email con unos amigos de su novio que iban a venir de visita y habia conseguido ocultárselo para que fuese una sorpresa. Y al final le salio el tiro por la culata, en realidad, quienes respondian a los mails que ella enviaba a los amigos de su novio eran sus amigos y la sorpresa se la dieron a ella cuando en el aeropuerto, en vez de ver a los amigos de su novio, se encontró a los suyos. Mientras nos contaba esto muy entusiasmada, nos enseñó el vecindario por deonde vive y, tras haberla dicho lo mucho que quería ir después de que me hablara de ella, nos llevó hasta una juguetería donde me pillé un par de juegos que me pueden venir bien para las oposiciones y una bola número ocho de las que predicen el futuro. Tras aquella caminata, llegó el momento de ir a los estudios de animación Pixar, donde comprobamos por qué tada la gente que se dedica a la animación por ordenador quiere trabajar alli algun día. Aquello es una maravilla de trabajo: unas gradas en el césped para reuniones al aire libre, mesas de billar y futbolines en las salas de descanso, un restaurante barato dentro del edificio, despachos y cubiculos para amueblar como quieras… Estuvimos viendo una eposición con el artwork, el diseño de personajes, los modelos y los bocetos, y las secuencias de Toy Story 3, a los que tuve que esforzarme por no mirar ya que espero poder verla al regresar a España. Tras aquello, Carolina nos llevó a Berkeley para poder ver la universidad y sus alrededores, lo cual no era gran cosa. Regresamos a las cuatro a Oakland y nos tomamos un helado antes de coger de nuevo el coche y atravesar Bay Bridge para ver la ciudad desde la bahía. Alucinante. Gracias al atascazo que nos comimos pudimos disfrutar más tiempo de las vistas, observar el perfil de los rascacielos entre la niebla, divisar Alcatraz en el medio y distinguir el perfil de las grúas de descarga de los muelles en los que George Lucas se inspiró para los tanques ATT de Star Wars. Se suponía que yo habia quedado alas seis con el resto de españoles para regresar a Berkeley, pero por alli no aparecio nadie a la hora acordada y me marché a casa tres cuartos de hora más tarde. A mitad de camino me mandaron un mensaje preguntando que dónde estaba y que si pensaba ir. Tras responder que yo ya daba el día por cerrado, acordamos aplazar la excursión a Berkeley para el día siguiente y, como aún no eran ni las nueve. Me convencieron para salir a dar una vuelta de noche. A eso de las diez llegué a Van Ness donde Adrian y Vicente me esperaban para ir a un bar donde un español que conoción ADrian durante la celebración del partido del mundial nos esperaba. Aquel sitio no era nada fuera de lo comun y pronto salimos en busca de otro. Como no había nada, cogimos un taxi desde Haigh Asbury hasta no-se-donde-pero-cada-vez-mas-lejos-de-casa donde habia más ambiente, pero no habia marcha. Tras tomar una copa cogimos otro taxi de nuevo hasta mArina, que no se ni donde queda eso en el mapa pero está al norte que te cagas, donde ya habia más fiesta. Problema: llegamos una hora antes del cierre y es que, y esto es algo que a los nuevos españoles no les entra en la cabeza, no se puede salir de fiesta con el horario de España porque aquí las cosas cierran a la una y media de la madrugada. Muy decepcionado con cómo resultó la noche, cogimos un taxi hasta la residencia en la que se hospedaban Adrian y Vicente y esperé a que llegara un bus nocturno que me llevara a casa. La conclusión de la noche: salir de fiesta en San Francisco consiste en coger taxis de un lado a otro y beber copas que bien podrían contener oro en polvo habida cuenta del precio que cuestan. No creo que salga más en este plan por aquí.

Antes de despedirnos la noche anterior, acordamos encontrarnos en la puerta de la residencia a la hora de comer para almorzar y coger un tren hasta Berkelay de forma que pudieran ver la ciudad. El sábado por la mañana me levanté sobre las once para ducharme y poder hacer la colada antes de reunirme con esta gente. Siguiendo unas recomendaciones que me dejó la señora de la casa en un papel el primer día a modo “reglas de convivencia” abandoné la casa cargado con mis dos bolsacas de ropa sucia en busca de una lavandería que ne vez de encontrarse a cuatro calles como figuraba el papel, se encontraba a nueve. Cuando volví a casa con la ropa limpia la señora ya habia comido y estaba tocando el piano. Apresuradamente hablé con ella sobre que venia de hacer la colada y me iba a Berkeley, ella me dio unas instrucciones y Sali de casa con pantalón corto por primera vez, ya que ayer me di cuenta del sofocante calor que hacía al otro lado de la bahía. En la residencia todavía no habia nadie en marcha. Tuve que esperar más de una hora hasta que se reuniean todos sólo para decidir a dónde ibamos a comer. Lo peor de todo es que en vez de acordar una hora para irnos a comer y volvernos a encontrar para coger el tren, la gente se puso a jugar al billar. Yo no habia desyunado porque ya era tarde y, lo primero que haría con ellos seria comer, no esperar. Finalmente nos puimos en marcha sobre donde comer y, tras algunas discrepancia sobre Subway o BurguerKing, nos divididmos y nos encontramos media hora después. Y ahora viene lo bueno. Después de estar casi dos horas dando vueltas con la comida y esperando a la gente, cuando ya llegamos a la estacion de tren, la gente dice que el billete es muy caro y que no quieren ir ya a Berkeley porque no les compensa pasar allí lo que queda de día. En vez de eso propuse la alternativa de ir a ver el Pacífico, cogiendo la linea de metro que pasa por mi casa. Pero resultó que un chaval al que le hacia ilusión Berkeley se había puesto sandalias y pantalón corto como yo tras haberle dicho el caloraco que hacía en Berkeley, además, como ibamos a ir en Bart que es el tren y no en Muni que es el metro, se había dejado el abono en la residencia y tenia que volver a recogerlo. Esperando en la puerta de la resi la gente empezó a arrepentirse de ponerse pata corta y pasaron a sus respectivas habitaciones a ponerse pantalones largos. El resultado: tres horas y media de nuestra hora prevista para salir rumbo a Berkeley cogimos el metro hasta cerca de mi casa. Yo no me bajé en mi parada a ponerme pantalones largos a pesar de estar más cerca para no retrasarnos más. Llegamos a la playa a las seis de la tarde y en Sunset, el lado oeste de la ciudad la brisa del océano siempre pega más fuerte. Empezaba a tener frío, asi que me puse una sudadera que no se había secado muy bien en la lavandería tras hacer la colada. Haciendo el pino para una foto me llené de arena los zapatos asi que me descalcé y caminamos toda la distancia por la playa hasta Golden Gate Park, exactamente el mismo tramo que me había hecho la semana anterior. Salimos de la playa y nos metimos en el parque por la puerta del molino holandés. Nos encontramos con un puertorriqueño estudiante de diseño industrial que se unió a nosotros en la caminata hacia el interior del parque buscado los bisontes, que al final resultaron ser cinco en una explanada de poco más de tres hectáreas. Al poco rato una de las españolas dice que ha quedado en chinatown, le digo como ir y la gente decide acompañarla. En el autobús estuve a punto de bajarme para regresar a casa ya que sabía que luego tendría mucho viaje para tragarme a la vuelta, pero me convencieron en el último momento con que a eso de las diez estarían todos de vuelta en la residencia. Llegamos a las puertas del dragón a las ocho y media. El amigo de la muchacha llegó tarde y yo quería comer. Entramos en un restaurante donde el camarero se confundió al pedir (y no me extraña porque si ya te cuesta entender a un malagueño con acento cerrado hablando en castellano, imagínate a dos que te hablan a la vez en inglés y tu eres un camarero chino que tampoco sabes hablarlo bien). Al final en la cuenta había que pagar más de los que se esperaban y yo creo que la culpa me la echaron a mi porque fui el único que estuvo hablando con el camarero antes de pedir preguntándole por la carta y si me podía pedir un plato separado del menu. El camarero interpretó como platos separados del menú los pedidos de las tres personas que pidieron tras de mi lo que disparó la factura. Salimos del restaurante a las diez y media muy mosqueados todos. Después de aquello todavía había que esperar a que vinieran a buscar al amigo de la muchacha. Pero a las once conseguí volverme con dos de la residencia hasta la parada de Powel. Hicimos planes para el dia siguiente, se bajaron en Van Ness y yo seguí. Llegué a casa  a las doce y veinte de la noche. Menos mal que habia cenado fuera porque en casa solo me esperaba un sándwich de qeso y una ensalada. Me preparé el taper del almuerzo para mañana y me puse a escribir el informe de la semana. Ya son la una y media y creo que va siendo hora de dar el día por concluido.

El domingo, a pesar de que un coche atravesaba las vías del metro que me llevaba a la residencia de la gente, llegué bien y, aunque habíamos quedado a las once para ponernos en marcha hacia la plaza donde alquilaban bicicletas, no fue hasta las doce que nos reunimos todos y nos pusimos en macrha. Llegamos a la esquina de Lombard con Columbus (con las protestas de aquellos que no tenian el abono transportes y tuvieron que pagar para subirse al metro y al autobús) donde recordaba haber visto un local de alquiler que, además, venia anunciado con 5$ de descuento. Afprtunadamente nos redujeron la tarifa por ser grupo numerosos (éramos nueve personas) y a pesar de que ya no quedaban tándems para alquilar a la una nos pusimos en marcha bordeando la costa norte de la ciudad, donde hay una playa simbólica y puedes ver el puente de Mapfre a ras de suelo. Con la tonteria de esperar y pararnos a sacar fotitos, nos dio la hora de comer. Aunque el día anterior habia insistido en que la gente se preparase algo, siempre hay alguien (los andaluces) que lo deja todo para el ultimo momento y aunque estemos esperando no se prepararon nada. Nos deviamos de la ruta para buscar un bar o algun sitio donde pudiesen comprar algo y encontramos un sitio donde vendian pedazos de pizza. Pero para entonces la hambrienta pareja ya s habia desmarcado y se habia alejado en busca de comida. Con las pizzas al lado quien quiere comerse un sándwich frio, asi que nos pedimos todos algo de comer. Cuando terminamos los andaluces acaban de llegar y tuvimos que esperarles otra vez. Debian ser las tres o tres y media cuando por fin nos pusimos en marcha y no paramos de pedalear hasta llegar al comienzo del puente donde la vista es espectacular, excepto para bajar de la bici y subir empujándola cuando la cuesta no nos dejaba otra opción. A lo largo del puente nos separamos. Este día el puete estaba muchísimo más despejado que cuando fui yo y, gracias a la compañía de los que no se habían rezagado, pude hacerme mejores fotos con el puente y la ciudad de fondo. Casi al llear al final de puente tuve un accidente y frené de golpe, como me iba hacia un lado me quise apoyar en una verja que tenia al lado pero aun no me había parado del todo, total que meti mal la mano, el dedo se me quedó metido en un agujero y me empotré con la verja. Resultado: una uña partida en el pulgar de la mano para lo que me queda de estancia en San Francisco. El punto de encuentro que había fijado por si nos separábamos a lo largo del puente (como sabía que pasarí y como asi pasó) era la estatua del marinero solitario en plan Corto Maltés que había en el mirador de la parte norte, asi que a duras penas pedaleés hasta alli apoyando la mano solo lo juto para no caerme de nuevo. Alli solo estaba Alex y el resto de la gente tardó en aparecer, asi que aproveché para ir al baño y echarle un vistazo al pulgar. Lo que en un principio era una mancha roja bajo la uña, en los tres minutos que tardé en volver a mirarla se habia transformado en morado y empezaba a salirle una mota blanca. Cuando nos juntamos todos de nuevo y la gente se sacó las fotos pertinentes, pusimos camino hacia Sausalito. Sausalito era una pequeña ciudad costera al norte de la bahía famosa por sus casas flotantes, barcos rehabilitados como viviendas, durante los años del movimiento hippy en la región. Ahora es como las Rozas y la ladera de la montaña en la que se asienta a sotavento del Pacífico se ha llenado de chalecitos y el puerto de yates. Vimos muy pocas casas flotantes, en parte porque no nos adentramos mucho en el puerto hasta la zona de mayor densidad porque debíamos coger un ferry en media hora tras nuestra llegada para poder devolver las bicis antes de que cerrara la tienda. Nos tomamos un helado en una heladería cercana (yo me pedí uno doble de chocolate blanco y vainilla con trocitos de chocolate en un cono gigante bañado en chocolate y cubierto de almendra picada). Estaba de pu*a madre el helado. El ferry de vuelta nos permitió ver todo lo largo que era el Golden Gate Bridge desde el mar y nos pasó cerca de Alcatraz. Emabarcamos sin billete con las nueve biciletas y cuando llegamos a Embarcadero a las siete tuvimos que comprarlos a la salida. Como apenas nos quedaban cuarenta y cinco minutos para devolver las bicis, echamos a pedalear por el distrito financiero alternando los silbidos de verano azul con los de una moto cada vez que nos acercábamos a un coche. El distrito financiero estaba vacío un domingo a las siete y media y se pedaleaba de maravilla en una calle al estilo Soy Leyenda con los rascacielos haciéndonos eco. Mientras metíamos las bicis en la tienda, algunos tuvieron el valor de subir hasta Lombard con la bici a todo trapo y bajarla luego de seguido. Después de aquello regresamos hasta Market en autobús para coger el metro. A los andaluces (como no tienen abono transportes) no les dejaron pasar y, muy agarraos ellos, no quisieron pagar los dos dólares del billete sencillo y se fueron andando. El resto se metio en el primer vagón que vieno, ya que todos les valían para ir la residencia y me dejaron esperando en la estacion hasta que once minutos después apareció la linea N que me dejaría en casa. Por primera vez en todo el fin de semana pude hablar con la señora, que me habia dejado (oh sorpresa, sorpresa) otra hamburguesa para cenar que me tenia que cocinar, esta vez sin ensalada ni nada. Afortunadamente, todavía tenia los sándwiches de la excursión y, junto con una batata y una mazorca de maiz que ella me había hervido, pude hacerme una cena decente.


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22 07 2010
Jesús T. "chusetto"

Por fin he terminado, joder Héctor, ojalá se te joda el ordenador todos los días para que no tenga que tragarme tus tocho rollos… xD

PD: Yo conozco a alguien en Berkeley… cierta venezolana muy amiga mía… :3

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