Diario de a bordo I-V (especial 100 capítulos)

9 07 2010

(Lugar desconocido. Tiempo desconocido.)

Sólo quedo yo. Después de tanto tiempo navegando entre dimensiones ha llegado el momento de que yo también ceda mi posición a mi discípulo. El resto de Caminantes renunciaron y legaron sus cargos a gente de su confianza hace ya mucho tiempo. No puedo decir que me agrade la forma que los nuevos encargados tienen de hacer las cosas pero fue decisión de mis tripulantes asignarles sus tareas y yo, cómo compañero suyo que fui, he de respetarlas.

A todos ellos ya los conozco. Nos hemos visto anteriormente en numerosas batallas y conflictos, al principio como enemigos, luego como aliados irremediablemente y, finalmente, como enemigos de nuevo. Y nos volveremos a ver. Los elegimos sabiendo de antemano que nos acabaríamos enfrentando por sus posiciones de Caminantes de Planos, posiciones que nosotros mismos les hemos ido cediendo. A todos ya los conozco y ellos me conocerán, pero ahora no puedo decirles nada. El artillero, el médico, el cocinero y el viajero lo sabían, y por eso se marcharon, como un goteo a lo largo de los últimos siglos, conscientes de que debían partir para permitir que el plan se desarrollase. Yo soy el Caminante que más tiempo ha permanecido y ahora estoy sólo.

Es por ello que la convivencia se me hace cada vez más difícil. Y ellos lo notan. El contorno de la sombra negra me mira receloso cada vez que paso cerca de ella, la Caminante Roja se encierra en su taller evitando mis conversaciones, en más de una ocasión Ëcatyia me ha sorprendido mirando su collar ensimismado, mi discípulo no puede evitar su malestar ante mi extraño comportamiento y Pandora… Pandora nunca sabrá lo vital de su papel en el transcurso de los acontecimientos. Ya no puedo mirarla a los ojos directamente sin poder recordar todo lo que la espera. Ahora comprendo las continuas discusiones que tuvimos con el Caminante Blanco antes de que partiera, su pena y su angustia. Después de tanto tiempo comienzo a entender por qué fue él el primero en irse.

Antes de marchar, escribo estas líneas con la esperanza de que nuestra Historia no desaparezca. Aunque sé de primera mano que tal cosa nunca sucederá, no puedo impedir sentir cierto desasosiego. Todo está ocurriendo como debe ocurrir, nada de lo que venga ahora estará fuera de nuestros planes, y sin embargo la preocupación que me invade es mayor que cualquier otra que nunca haya experimentado. ¿Hemos hecho lo correcto? ¿No habría otro modo posible? Todos nuestros cálculos indicaban que no debíamos encontrarnos en el futuro excepto en las condiciones en que lo hicimos y únicamente en ésas condiciones.

Corro un gran riesgo escribiendo estas líneas, la integridad entera del plan corre un gran riesgo si alguno de los nuevos Caminantes llega a conocer lo que voy a contar, pero es un riesgo que estoy dispuesto a correr. Necesito quitarme de encima esta enorma carga que no me deja dormir y ya no tengo a ninguno de mis antiguos compañeros con quien poder hablar de ello. Estoy sólo.

Nuestra Historia comienza en mi Octavo Mar natal. Acaba de abandonar la Central de la Autoridad y, tras atracar por unas horas en Lodge Town, empecé a comprender lo difícil de mi situación y la imposibilidad de salir indemne de ella de continuar mi huida en solitario. Ya había tenido más de un encontronazo con los galeones que la Autoridad había mandado en mi busca, pero gracias a las características de la goleta Fenris, la nave en la que escapé, había podido dejarles atrás en todas las persecuciones. Sin embargo no podría depender mucho más tiempo en la velocidad del barco ya que la Autoridad disponía de otras naves más rápidas con las que darme alcance.

Necesitaba mandarle un mensaje claro a la Autoridad con el que cesara cualquier intento de perseguirme. Desafortunadamente, estando yo solo a bordo, no podría mantener el rumbo y enviar naves a pique al mismo tiempo, para demostrar lo infructuosas que serían todas sus partidas de búsqueda. Necesitaba a un artillero que pudiese encargarse de los cañones y deshacerse de mis perseguidores mientras conseguía alejarnos de ellos.

Haciéndome pasar por un mercenario del Sexto Mar, caminé por los suburbios en busca de información que me permitiese contratar a alguien lo bastante diestro con el cañón y lo bastante arriesgado como para plantarle cara a la Autoridad, embarcándose a bordo de la Fenris y disparando contra los barcos que enviasen en mi búsqueda. Sin embargo, no hubo suerte en Lodge Town donde, a pesar de el bajo calado moral de sus habitantes, ninguno parecía dispuesto a jugarse la vida contra la Autoridad de una forma tan abierta. No obstante, a pesar de regresar con las manos vacías al puerto, escuché rumores acerca de un misterioso artillero en el cercano Reino de Arabastra que tal vez podría serme de utilidad. De modo que decidí zarpar inmediatamente hacia allí.

Tardé cuatro días en arribar a las costas de Arabastra gracias a una violenta tormenta que sacudió la goleta en mi segunda noche de travesía. Las prisas cedieron ante mi prudencia habitual y, en un intento de poner más distancia entre los navíos de la Autoridad que me seguían, decidí arriesgarlo todo y avanzar sobre unos arrecifes coralinos durante la marea baja cuando me sorprendió la tormenta. Mis conocimientos de navegación eran muy limitados de modo que apenas pude reaccionar a tiempo y el barco pagó las consecuencias. A la mañana siguiente había perdido el mascarón de proa como consecuencia de los fuertes golpes de fragmentos de coral arrancados por el oleaje, la cofa del mástil mayor se partió por la mitad debido a las fuertes ráfagas de intenso viento y gran parte de los aparejos se encontraban rotos y deshilachados haciendo imposible su reparación. Poco a poco comenzaba a notar el cálido aire de Arabastra.

El Reino de Arabastra era uno de los pocos asentamientos que resistían en El Continente y se extendía entre dos cordilleras de montañas alejado de los lagartos gigantes que habitualmente poblaban la tierra firme. El puerto de Ishbal era su principal puerto y el mayor punto comercial del reino por donde pasaban todas las mercancías antes de distribuirse hacia el interior. Además, en aquel momento la ciudad se encontraba más animada de lo que pensé en un principio debido al festival del Cambio de Año, de modo que mi presencia pasaría desapercibida entre toda la muchedumbre que solía concentrarse por el lugar.

Atraqué en el muelle número ocho donde contraté a un modesto equipo de carpinteros que pudieran arreglar los desperfectos que la tormenta y el coral habían causado en la Fenris. Según sus estimaciones les llevaría un par de días reunir el material y finalizar las reparaciones. El alquiler del muelle no era muy elevado y, entretanto, podría informarme del paradero del misterioso artillero.

Al parecer, el artillero vivía en la Villa de la Arena, a media jornada hacia el interior de El Continente. Además, las rutas de acceso no eran muchas y no había servicio regular de transporte. A pesar de no tener tanta prisa como hacía una semana, decidí no arriesgarme a que la Autoridad descubriese mi paradero y comencé a buscar alguna manera de llegar hasta la aldea lo antes posible. Unos comerciantes debían salir el día anterior llevando provisiones hacia allí pero la tormenta que me había sorprendido hacía tres noches, tras desplazarse hacia el oeste, les había sorprendido a la mañana y decidieron partir al día siguiente, de modo que me uní a ellos con la esperanza de encontrar rápidamente al artillero, convencerle de que se uniera a mi tripulación y estar de vuelta en Ishbal a tiempo para zarpar. Durante el trayecto, a medida que nos acercábamos a la Villa de la Arena, las irregularidades del terreno se iban haciendo cada vez más notorias. Los baches y desniveles crecían en número y profundidad, la vegetación era cada vez más escasa y el tamaño de las rocas cada vez más reducido.

Cuando llegamos a la ciudad me despedí de los comerciantes y comencé a investigar sobre el artillero. No fue una tarea fácil ya que todos procuraban evitar el tema. Según pude averiguar, hacía cinco años hubo un explosión en la calle principal de la aldea. Los desperfectos fueron tan catastróficos que hasta se perdió una vida y, desde entonces, nadie se acercaba por los alrededores por temor a que una segunda explosión de semejante envergadura tuviese lugar de nuevo. A falta de cualquier otro tipo de información decidí acercarme al lugar en busca de pistas y localizar de una vez por todas al artillero.

Sigue la aventura en Diario de a bordo VI.

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3 responses

9 07 2010
Jesús T. "chusetto"

Wow… un flashbackparallelforward contando el principio de la historia desde otra perspectiva cuando aún se llamaba Crónicas de a bordo…

(Te ha quedado mejor esta ;))

10 07 2010
Vircof

Mmmmm… ¿al final tomaste mi sugerencia de hacer algún especial por los 100 capis. o esto lo tenias ya pensado? Según que contestes, alimentarás mi ego o no. MUAJAJAJAJAJA
Esta bien, pero hubiera molado alguna anácdota en plan coña que hubiera pasado durante los viajes posteriores xDD.

11 07 2010
Maese Fangorn

No, no tenía pensado hacer nada especial (ya ves que tampoco he hecho nada por las 1000 visitas) pero quería pulir algunos detalles de los primeros capítulos y aportar algo nuevo. Además, me parece una buena forma de atraer nuevos lectores que solo se preocupan de la historia si sale su personaje.
Y otra cosa, repasad el texto porque hay enlaces a otras páginas para ampliar detalles sobre la historia acerca de los personajes y algunos lugares.

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