Diario de a bordo XCVIII

14 06 2010

En muy pocos segundos, los dobles de Txus retiraron parte de las losas, dejando al descubierto un amplio hueco por donde se escapaba el agua. Las colosas echaron a correr hacia nosotros tras darse cuenta de nuestras intenciones. Rápidamente le devolví el hacha doble a Caos y extraje una soga de mi abdomen para que todos pudiésemos agarrarnos y la corriente no nos arrastrase por separado bajo el agua.

Las copias de Txus desaparecieron y él saltó primero. Aún no había terminado de entrar por el agujero cuando Vircof se lanzó a continuación cogiendo todo el aire del que sus pulmones eran capaces de retener. Inmediatamente después salté yo agarrado a la cuerda seguido de Caos, justo cuando ya casi tenía a la guardia colosa encima. Después todo se volvió oscuro.

Mis ojos tardaron un buen rato en acostumbrarse a la densa oscuridad del canal por el que descendíamos. El roce de la tromba de agua en nuestros oídos resonaba haciendo burbujas. Suponía que estábamos cayendo a toda velocidad a través de la pirámide escalonada sobre la que se asentaba la fuente del patio. Lo cierto es que apenas se podía distinguir nada y flotando en aquella oscuridad la sensación de velocidad era percibida de forma relativa.

Casi sin darnos cuenta, las burbujas que atronaban en nuestros oídos fueron disminuyendo y solo nosotros seguíamos siendo arrastrados por el agua. Confiaba en que la soga aguantase lo suficiente hasta que llegásemos a algún tramo lo bastante iluminado como para poder distinguirnos y poder continuar juntos, aunque si la cuerda había resistido la caída por la tromba de agua inicial, seguramente duraría durante el resto de la travesía bajo el agua. Nuestro avance por el subsuelo aminoró ligeramente sin llegar a detenernos. Imaginé que habríamos salido del zigurat y ahora nos encontraríamos de regreso al río de donde procedía toda aquella agua.

De vez en cuando rebotábamos con algunos de los pilares que reforzaban la estructura del túnel. La pared lisa por la que rodábamos hacía unos segundos había dejado al descubierto tramos de roca viva, haciéndome suponer que ya no nos encontrábamos en una canalización sino en alguna clase de manantial subterráneo fluyendo hacia el río. Nuestro avance se reducía cada vez más, en parte debido al peso que arrastrábamos de los demás al no soltar el cabo que nos mantenía unidos, pero principalmente por el doble hacha de adamantium.

Bajo el agua podía percibir la figura del médico a la cabeza, avanzando con los pies por delante y sin soltar la soga. Entre toda aquella oscuridad sólo distinguía la silueta de su bata blanca ondeando al ritmo del agua y un círculo oscuro al final de su brazo que debía ser su sombrero.

Un poco más por delante de mi, la mayor parte de la boca de Vircof se encontraba cubierta de una piel negra que se inflaba y desinflaba filtrando algunas diminutas burbujillas. Tal vez se tratara de algún tipo de dispositivo de supervivencia que incorporaba su armadura Lambda de las Revoluciones, lo que estaba claro, viendo la desagradable expresión de Vircof,  es que su usuario desconocía dicha característica y le resultaba algo extremadamente incómodo.

Preocupado por Caos, miré hacia atrás. A mi no me hacía falta respirar bajo el agua, pero no sabía si mi viejo amigo estaría preparado para este tipo de situaciones. Caos había ido reduciendo su tamaño poco a poco sin soltar la cuerda ni el hacha, para disminuir la resistencia del agua y no frenar nuestro avance.

Afortunadamente, al poco rato la cueva del manantial se ensanchó hacia una amplia zona azulada donde el agua estaba más fría. La luz que se filtraba desde arriba lograba proyectar algunas sombras sobre nosotros. Pensé que tal vez aquello diese a algún lugar donde mi tripulación pudiera coger algo de aire.

“¡Creo que ya ha estamos cerca de la superficie! Nademos hacia arriba.” Todos reaccionaron sobresaltados al escuchar tan claramente mi voz bajo el agua dentro de sus cabezas. Yo mismo me sorprendí de poder proyectar mis pensamientos aún en tan extremas circunstancias.

En toda Elbaf sólo había un único río que nacía en las montañas del norte rodeando Capital y bordeando la isla de forma meridional hasta desembocar en el Octavo mar frente a El Continente. Nos encontrábamos en el tramo alto del río, por tanto, y la corriente de agua en el río volvía a ser tan intensa como la del descenso por el agujero desde el zigurat. Nadar verticalmente no se planteaba como una tarea fácil. Los rápidos nos zarandeaban por la superficie del río y nos lanzaban contra las rocas. Una vez más la soga demostró su resistencia, pues a pesar de nuestros continuos vaivenes ninguno dejamos de sujetarla.

Por fuera del agua la velocidad se apreciaba más. Descendíamos rápidamente dando tumbos entre las turbulentas aguas. Los descensos y las caídas eran cada vez mayores y en más de una ocasión saltamos varias cascadas.

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3 responses

17 06 2010
KAOS

Coño! ya esta aquí un número más de la superhistoria jamas escrita, joder, cada vez me entero menos del argumento de tu obra…o_O

18 06 2010
Vircof

¿Pero tu te lees todos los capitulos acaso?

19 06 2010
Jesús T. "chusetto"

Todo lo que sube… tiene que bajar… y esta vez ha bajado a un ritmo acojonante… xD

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