Diario de a bordo XCVI

29 05 2010

El obispo Geth se balanceaba de un lado a otro intentando deshacerse de un horrible pájaro verde que le había caído encima. Las garras del ave se enredaban en la tela de su sotana impidiendo que pudiese alejarse.

“¡Ron!” Gritó Vircof. “¡Has venido! ¡Me has seguido hasta aquí!”

El basilisco aleteó un poco más fuerte para alzar el vuelo hasta al suelo desde la cabeza de Ibis y separase unos metros.

“¿Qué hace aquí ése bicho?” Me preguntó Txus de mal humor.

“¡Es mi mascota y ha estado siguiendo a su dueño todo este rato!” Vircof no cabía en sí de lo orgulloso que estaba.

“Vircof…” Quise interrumpirle.

“¡Ven aquí, muchacho! ¡Ven aquí!” Le ordenó. Y el basilisco se sentó donde estaba.

“¡Vircof, no tiene la capucha! ¡No tiene la capucha!” Grité.

“No me jod…” Quiso responder el artillero.

El basilisco había posado su verdoso pelaje sobre el pulido suelo rojo de la sala e inclinaba la cabeza distraídamente mientras su cola serpenteaba. No había rastro de la caperuza de cetrería con el que lo había visto la primera vez, cuando descubrí a Vircof entrenándole en los tejados de Capital.

“¡Aaaahh!” Gritó la emperatriz. “¡Guardias, guardias! Me da asco…” Y su voz se fue apagando. El grito de Ivyan’na y Evas’arah llamó la atención del basilisco y había cruzado la mirada con una de las dos cabezas.

“Maldito monstruo. ¡Fuera de aquí!” Reaccionó Ibis interponiéndose entre Ron y la emperatriz. Pero al gritar se encaró contra el basilisco y su mirada le paralizó el diafragma.

El viejo obispo cayó de rodillas al suelo con los músculos entumecidos, como congelado, sin poder apartar la mirada y, a los pocos segundos, se desplomó hacia atrás sin vida.

“¡Ron, no! ¡Mal!” Intentaba detenerle Vircof.

“¡Buaaaahh! ¡Geeeeethhh!” Lloraban Ivyan’na y Evas’arah al lado del cadáver intentando despertarle. “¡Guardias, guardias! ¡Buaaaahh!…”

A pesar del ruido que los cachivaches de metal de Vircof hacían mientras éste se acercaba corriendo a donde se encontraba su mascota, el basilisco no se movía del lugar donde su amo le había ordenado que se sentase, al interpretar erróneamente la orden. Las cabezas de la niña miraban angustiadas hacia todas partes y al final, inevitablemente, acabaron cruzando su mirada con la del basilisco de nuevo. El aire comenzó a faltarles.

“No, Ron. Alto.” Ordenaba Vircof casi a punto de agarrar al pájaro verdoso.

La emperatriz cada vez se movía menos. Apoyada sobre el cuerpo inerte del obispo, la niña no podía ni dejarse caer para evitar la mirada del basilisco. Todos sus músculos parecían haberse petrificado en la postura con la que miró al pájaro.

Unas soldados colosas irrumpieron al fondo de la sala, por detrás del trono blanco. Una de ellas divisó al basilisco en la distancia y disparó una flecha contra él. La flecha atravesó el cuello de Ron y lo quebró con su impulso, tumbándolo contra el pulido suelo. Pero ya era tarde. Hacía rato que la emperatriz había dejado de respirar.

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4 responses

31 05 2010
Vircof

Noooooooooooo… ¿por qué Ron? Pobrecito, no tenia culpa. En el fondo era bueno T_T

31 05 2010
Jesús T. "chusetto"

Me has borrado los mensajes, nazi… ahora ya no comento…

1 06 2010
Maese Fangorn

Claro, Jesus, porque eran taaaan reveladores tus mensajes de “¡Coño, si está todo negro! ¿Qué ha pasado?”

1 06 2010
Jesús T. "chusetto"

Jo macho, es que de repente había cambiado todo en tu blog, lo decía por si se te había jodido la plantilla…

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