Diario de a bordo XCV

18 05 2010

Me dolía ver a Caos tan derrotado. No poder obtener la venganza que durante tanto tiempo había anhelado para restaurar el honor de su clan, aún a costa de perder su propio honor cuando le arrebataron el nombre. Durante los años que había pasado en el exilio el único pensamiento que lo impulsaba a seguir viviendo era el hacer justicia y recuperar la reputación del clan Benalita. Y ahora que por fin tenía a su objetivo delante no era capaz de asestar ni siquiera un mísero golpe. No podía haber peor derrota para un guerrero que el huir de la batalla. Ya no tenía nada por lo que luchar.

Tras reducirse a mi tamaño, apoyé a Caos sobre mi, recogí el mango del hacha con la única mano que me quedaba y nos dirigimos hacia la salida. Vircof y Txus nos esperaban al borde del pórtico, manteniéndose alerta. Fuera el cielo comenzaba a enrojecerse con las primeras luces del alba. Algunas aves madrugadoras alzaban el vuelo a lo lejos aunque el batir de sus alas se podía escuchar casi con toda claridad sobre el avance de la guardia colosa por las escaleras.

“¡Tenemos que salir de aquí cuanto antes!” Dijo Txus a medida que nos íbamos acercando. “Las tropas están subiendo. Hay que buscar la manera de escapar por algún sitio.”

“¡Mierdaaaa! Mierda, mierda, mierda.” Resoplaba Vircof nervioso. Con el sudor del calor tropical el vendaje que Txus le había puesto para tapar la herida que Oo’kina’h le había hecho en su garganta se escurría y hacía que le escociese.

“¡Te he dicho que no te lo toques o se te infectará más!” Le recriminó el médico. “Creo que nuestra mejor opción es regresar por las galerías del interior y esquivar a las soldados que podamos encontrar.”

“Vale. Larguémonos de aquí ya.” Dije.

“A-alto… Estás detenido en nombre de la Autoridad.” Escuché decir a Ibis a mi espalda.

Lentamente me giré para verle la cara. Ibis sostenía la daga con la que le había clavado su sotana al suelo. Ivyan’na y Evas’arah se ocultaban detrás de él, como la niña de diez años que eran. Ya no chillaba ni actuaba como una gran emperatriz, volvía a ser una chiquilla asustada que nos miraba temblando.

Estaba claro que el obispo Geth no sabía cuando rendirse. Tal vez sí hablaba en serio cuando amenazó con usarme de incentivo para negociar su traslado. Realmente debía estar desesperado por salir de la isla. Ahora más que nunca, Ibis me parecía un anciano débil y cansado. Cualquier rastro de eminencia o dignidad que tuviese acababa de abandonarle dejando en su lugar a un frágil abuelo que se esforzaba por mantenerse de pie apuntándome con el filo de la daga como si aquello fuese a derrotarme definitivamente.

“Adiós, Ibis. Espero que no nos volvamos a ver.” Respondí, esta vez sin sonrisa con un gesto apático mientras me daba la vuelta para salir por el pórtico.

“¡No puedes hacerme esto!” Gritó Geth tirando la daga al suelo con las pocas fuerzas que le quedaban. “Estas detenido. No puedes hacerme esto…”

Al ruido metálico de la daga tras chocar con el suelo y rebotar le siguió un horrible graznido y un aleteo descendiente hacia el suelo. Una vez más nos giramos desde el pórtico para ver qué sucedía.

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2 responses

20 05 2010
Jesús T. "chusetto"

“volvía a ser una chiquilla asustada que nos miraba temblando…” Es que Caos es un bestia… xDDDD

Por cierto, si te digo que no te toques… no te tocas… ò_ó

20 05 2010
Vircof

En realidad un auténtico Lolicom/Lolicon/Rorikon no toca, ama desde la distancia. Y Caos se da cuenta de ello xDD.

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