Diario de a bordo XCIV

11 05 2010

A pesar de la resistencia que ponía la niña, Caos no parecía tener dificultad en transportarla por la sala. De vez en cuando los forcejeos de la emperatriz hacía titubear a Caos, que miraba a ambos lados de la sala, tal vez pendiente de que no llegasen más guardias. Tras avanzar un par de pasos desapareció por detrás de una de las gruesas columnas laterales.

Afortunadamente, y a pesar de las colosales proporciones del salón imperial, el hueco de entre la columnas por el que se había metido no estaba muy lejos de donde dejé a Ibis, por lo que pude darle alcance pronto. Confiaba en que tanto Vircof como Txus se encargasen de vigilar la entrada a la sala y evitar que el obispo huyera.

Caos estaba parado delante de una armadura. La niña no dejaba de forcejear y de chillar, de modo que Caos la empujó al suelo contundentemente para aturdirla. Por un momento pensé que la cordura había regresado a su cabeza y Caos había finalmente comprendido lo inútil de su venganza. Entonces caí en la cuenta. Caos se había detenido delante de la armadura de Ak’roma.

Ivyan’na y Evas’arah, buscando una cara conocida en la que refugiarse, echó a correr hacia donde se encontraba el obispo al tiempo que Caos alzaba el doble hacha de adamantium.

“¡Caos! ¡Caos!” Gesticulé intentando llamar su atención. “¿Qué haces? Esto no es propio de ti. Entiendo tu rencor pero matarla no hará que tu dolor desaparezca.”

“Somos juguetes… ¡para ella sólo somos otros juguetes más! No le importamos nada. Cree poderse deshacer de todos nosotros cuando quiera.” Resopló Caos entrecortadamente. Parecía que el aire le faltara. Tal vez comenzaba a temer que sus fuerzas le abandonasen. “Mi dolor no desaparecerá. Es cierto. Porque ella solo tendrá una muerte en vez de las centenares que tuvo mi clan… Pero al menos me aseguraré de que no vuelva a hacer daño a nadie…”

Caos se alejaba persiguiendo a la niña, que tiraba de Ibis intentando que éste la cubriese. En ése momento el estruendo de la sala me pareció ensordecedor. Caos golpeaba fuertemente las losas pulidas con cada paso que daba, el eco de unos graznidos inhumanos rebotaba por la gigantesca sala, al fondo Vircof y Txus intentaban decirme algo a voces, pero con los gritos de la emperatriz no llegaba a escucharles. A pesar de mis esfuerzos por detener a Caos nada parecía poder evitar el trágico desenlace.

Caos blandió el hacha con su habitual destreza hasta llegar ante el obispo y la emperatriz. Una vez más corrí intentando alcanzarle antes de que cometiese un error. Las dos cabezas de la emperatriz intentaban esconderse tras la espalda del viejo Ibis. La piel del obispo ausente de color por el pánico enfatizaba la expresión miedo e impotencia en su rostro. Caos levantó el hacha con esfuerzo para dar el golpe final.

“Caos… T’Chai’Chu… Detente.” Llamé una vez más. Caos se detuvo, dudando si debería escucharme. “¿Qué tienes delante? ¿Que ves? ¿Hay alguna sanguinaria asesina? ¿Ves algún déspota tiránico que ordenase un genocidio?” Caos parecía a punto de venirse abajo. El hacha le temblaba por encima de su cabeza como si cada vez le costase más sujetarlo. Las piernas le temblaban. Estaba tan asustado como Ibis y la niña. “Son sólo una niña y un anciano indefensos, nada más. No cometas el error de matar a una niña y un anciano. No conseguirás nada. Sus muertes no te devolverán a tu clan, no te devolverán tu familia. No merece la pena…”

“¡No es justo!” Sollozó Caos dejando caer el doble hacha a sus espaldas. “Después de todo lo que han hecho. Ivyan’na, Evas’arah y su consejero Geth… Son culpables y merecen ser castigados. Todo el daño que han causado, todo el dolor, todo el sufrimiento que han provocado. Después de tantos años marginado, condenado a la soledad. Tras arriesgar tanto en busca de justicia. Cuando ya les tengo en frente no soy capaz de hacerlo… No es justo…”

La sala quedó envuelta en el silencio, tan solo interrumpido por los jadeos de Ibis Geth, los sollozos de las dos cabezas de la emperatriz y el errático aleteo de algún pájaro escondido entre las sombras.

“Todo son mentiras…” Murmuraba Caos mientras se apoyaba en mi hombro. “El nacimiento de la niña elegida, la unión del impero efbalita y la profecía de los dioses… nada es de verdad. Todo es falso…”

“Vámonos, Caos.” Intenté confortar a mi viejo amigo. “Ya no tiene sentido.”

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One response

15 05 2010
Jesús T. "chusetto"

Quiere matar a la niñita… ¡Lo insólito! O_O

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