Diario de a bordo XCI

18 04 2010

“Eh, eh… ¡aaah!” Gritó Vircof a mis espaldas. Oo’kina’h estaba intentando realizar el mismo truco en el cuello de Vircof.

“Alto. Detente.” Reaccioné llamando la atención de la guardia colosa. Afortunadamente Vircof sólo había recibido un corte superficial y no sangraba demasiado. “No todos podemos hacer los mismos malabarismos. Mi compañero, al contrario que yo, carece de habilidades para la prestidigitación. Sin embargo, posee un talento natural para la puntería que sin duda os dejará maravillados.”

“Asombroso…” Fue todo lo que la cabeza de la izquierda de la emperatriz dijo.

Gracias a toda aquella improvisación había conseguido dejarnos fuera de peligro. Sin embargo no debíamos confiarnos. En ésos instantes las soldados que Vircof vio subir hacia el segundo nivel ya estarían de camino con un mensaje de alerta. Fracasada la venganza personal de Caos, escapar de la sala debía convertirse en nuestra prioridad. Si nos retrasábamos mucho más era más que posible que Txus se desmasificara destruyendo a todos los que nos encontrásemos a su alrededor.

“¿Y quién es ése coloso que yace en el suelo?” Preguntó la cabeza de la derecha. Debía ser la más sensata de las dos porque, a pesar de su sorpresa, supo mantener la compostura. “¿Cuáles son sus habilidades?”

Fa’adiya regresó sobre sus pasos para incorporar a Caos y mostrárselo a la emperatriz. Fue entonces cuando recordé la sentencia de muerte que pesaba sobre Caos si alguna vez rompía su exilio y regresaba a Capital.

“Este coloso es nuestro representante.” Dije interponiéndome entre la guardia y Caos, impidiendo que ésta lo alzase del suelo. “Os agradecería que no le molestaseis. Las negociaciones han sido duras y se encuentra algo fatigado, ¿no es así, viejo amigo?” Añadí palmeándole en los hombros como si aún se encontrase consciente. “De hecho, acaba de caer rendido tras este malentendido con vuestras soldados mientras comprobaba las medidas de seguridad para nuestra actuación…” Con esto último esperaba evitar las sospechas de Fa’adiya, que me miraba recelosamente.

“Confiábamos en sorprenderla con nuestra actuación al amanecer.” Comentó Txus desde el suelo.

La emperatriz de Elbaf sonrió aliviada. Parecía satisfecha con nuestras explicaciones y se reclinó un poco más en su impoluto trono de piedra. Las guardias también parecían menos tensas. Sólo debía escoger las próximas palabras adecuadamente para conseguir que salieran de la sala y escapar.

“Bueno, majestad… majestades. En vista de que nuestro espectáculo sorpresa ha fracasado y hemos perturbado su bien merecido sueño, no querríamos molestaros más. Si nos lo permitís, mis compañeros y yo no quisiéramos molestarla más para que pueda… podáis descansar y mañana disfrutar de nuestras actuaciones debidamente.”

“Si. Obráis con razón.” Respondió la cabeza de la derecha. “Guardias, escoltad a los bufones a sus aposentos. Nos retiramos.”

Dicho esto se levantó del trono con unas maneras más propias de una gran dama noble de la corte que de una niña y se dio la vuelta para bajar del escaño sobre el que se encontraba. Estábamos salvados.  Fa’adiya y Oo’kina’h arrastraban a Caos a hombros y nos acompañaban hacia el pórtico de entrada, dejando el trono a nuestras espaldas.

A través de los soportales del pórtico se podían ver cada vez menos estrellas. La oscuridad de la madrugada estaba comenzando a dejar paso al alba. Exceptuando el sonido de nuestros paso creo que se podía hasta escuchar el aleteo de un pájaro.

“¡Gracias al cielo que os encuentro a salvo!” Sonó una voz masculina al fondo de la sala. “Un mensajero acaba de detener la reunión con las oficiales para alertarnos de la presencia de intrusos en vuestra fortaleza. Es prioritario que me acompañéis para poneros a salvo hasta que las tropas hayan…”

“Ah, obispo Geth. ¡Que grata casualidad!” Interrumpieron las voces de la emperatriz. ” Queríamos agradeceros lo maravilloso de vuestro regalo. Ya sé que pensabais darnos una sorpresa pero no tiene importancia. Su grupo de comediantes nos ha maravillado a ambas.”

“¿Cómo decís, mi señora? ¿Grupo de comediantes? ¿Qué grupo de comediantes?” Balbuceó Ibis desconcertado.

“Hablamos de los bufones que habéis contratado para el espectáculo de mañana, por supuesto. Una delicia. Sin duda tienen talento.” Dijeron las voces de la emperatriz señalándonos.

Las guardias nos obligaron a detenernos para que el interlocutor de la emperatriz pudiera vernos. Depositaron a Caos en el suelo y se cuadraron ante el pórtico para impedir nuestro avance hasta que la emperatriz no ordenase que nos retiraran.

Ante la mezcla de sorpresa y cólera que comenzaba a dibujarse en el rostro de Ibis a los pocos segundos de reconocerme, yo levanté la mano y le saludé con una incómoda sonrisa.

Anuncios

Acciones

Information

2 responses

18 04 2010
Vircof

Jo, yo que queria ver el número de punteria del artillero xD

19 04 2010
Jesús T. "chusetto"

Uhmm, tus ideas me intrigan, y por eso quiero suscribirme a tu boletín de noticias… xD

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: