Diario de a bordo LXXXVI

12 02 2010

Un graznido lejano me sacó de mis pensamientos. Eché un vistazo más amplio alrededor para orientarme. Estábamos en el patio de armas del palacio, justo en el último nivel del zigurat. Después de todo adentrarnos por las galerías del interior sólo nos había servido para evitar estar al descubierto. Tampoco habíamos atajado mucho.

Vircof había caminado hasta el borde para asomarse y regresaba corriendo bastante alterados.

“¡Hey, gente! Parece que hay problemas abajo. La cosa se está poniendo seria.” Jadeaba. “Hay soldados subiendo a donde las tiendas de campaña caras. Creo que se están organizando o algo. Tiene pinta de ser algo gordo.”

“Mierda.” Murmuró Txus. “Busquemos a tu reina y acabemos con esto cuanto antes.” Se dirigió a Caos mientras avanzaba hacia los soportales del palacio.

“No es mi reina…” Comenzó a decir Caos de nuevo.

Abandonamos el patio de la fuente listos para irrumpir en el salón imperial. Los soportales de piedra blanca que marcaban la entrada conferían al edificio un aire de esplendor, casi de iluminación divina, a pesar de ser de noche.

Cruzamos el pórtico de entrada para llegar a una inmensa sala de roca tan solo iluminada por la luz de luna que se filtraba por unos ventanales del techo al fondo de la sala, justo encima de un trono de piedra blanca. El suelo similar a mármol rojo de la sala se alargaba escoltado por gruesas columnas que se reflejaban en su pulida superficie. Afinando un poco más la vista reparé en un relieve al final de la sala que parecía reflejarse desde el fondo de la sala.

Alzando la vista me fijé en que por encima del trono blanco, en la pálida pared que tenía detrás y por donde se filtraba la luz de luna, había un grabado esculpido que intentaba emular la caída de unos rayos partiendo de un círculo, como si la esfera central hubiese estallado y sus fragmentos se dispersaran por el cielo. Nunca antes había visto algo así. Ni en la cultura colosa ni en cualquier otra civilización que la Autoridad hubiera aplastado antes. Aquello, fuese lo que fuese, debía tener siglos de antigüedad.

Atravesábamos por el medio el salón imperial directos hacia el trono. La emperatriz no se encontraba allí, evidentemente, pero en ése momento Caos parecía más seguro de los que había estado a lo largo de la noche.

“¿Y estás segura de que ahí estará bien?” Preguntó Oo’kina’h saliendo de detrás de una de las columnas del fondo.

“Pues claro. No veo por qué no debería estarlo. Hasta hace cuatro años, formando parte de la armadura de Ak’roma, no le había pasado nada…” Entonces Fa’adiya se fijó en nosotros y echando mano de sus pequeñas hachas en el cinturón gritó. “¡Intrusos!”

Anuncios

Acciones

Information

2 responses

12 02 2010
Vircof

Eso, eso. Acción, necesitamos acción xD.

14 02 2010
Jesús T. "chusetto"

(/me recuerda la escena de Futurama en el planeta de las Amazonas)

¿¡Cómo que intrusos!? Pero si solo queremos ñikiñiki… xD

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: