Diario de a bordo LXXXI

3 01 2010

No nos paramos a vigilar si pasaba alguna soldado. En cuanto los cuernos comenzaron a sonar echamos a correr, buscando las escaleras más cercanas para alejarnos de las tiendas de las soldados cuanto antes. Desde las paredes de tela de las tiendas de campaña podíamos escuchar el ruido de las armaduras y las armas a medida que se preparaban para salir en respuesta a la llamada de alerta.

Avanzábamos frenéticos entre las galerías formadas por las tiendas de campaña, teniendo siempre a nuestro frente el siguiente nivel del zigurat. Lo difícil iba a ser acercarnos hasta la base sin ser descubiertos, en cualquier momento podrían empezar a desfilar soldados rumbo a los puntos de encuentro para ser informadas. El hecho de que para entonces estuviesen listas para el combate no era nada alentador dado lo reducido de nuestro número y de nuestras estaturas. Como encontrásemos a una unidad de camino a las escaleras no podríamos escapar sin llamar la atención y, aún en el hipotético caso de que consiguiésemos derrotar a todas las soldados, nuevas unidades nos tendrían rodeados para entonces. No había tiempo que perder. Las puertas de tela ya empezaban a abrirse en las tiendas que dejábamos atrás.

La confusión era máxima no sólo para nosotros, que no sabíamos por dónde podrían aparecer las soldados, sino también al parecer para las propias soldados. Por las voces que escuchábamos al pasar, nadie tenía ni idea de qué estaba sucediendo. Todas las soldados se quejaban, desconcertadas, sobre qué podía haber ocurrido tan de madrugada. Las palabras ‘dos cadáveres’ e ‘intrusos’ resonaban por todo el campamento.

Finalmente llegamos a la base del próximo piso. El ruido y los gritos del ejército coloso parecía menos atronador en ése punto ya que se encontraba alejado de la periferia de la primera planta, donde se estaban agrupando las unidades militares para recibir instrucciones. Pero no debíamos bajar la guardia. Sólo porque las soldados se encontrasen en el borde de la pirámide escalonada no significaba que dejase de haber guardias. Al fin y al cabo, acababan de entrar en estado de alerta.

Como ya hicimos a la altura de la calle. Nos pegamos a la tibia pared de piedra y nos deslizamos mezclándonos con las sombras. Por el camino aprovechamos las telas rotas y restos de madera que se amontonaban en los rincones para taparnos cuando notábamos que se aproximaba alguien, confiando en que pasasen sin fijarse en el montón de desperdicios que había pegado al muro.

Tras avanzar a trompicones por la pared alcanzamos la esquina, desde la que pudimos asomarnos para ver si había otra escalera. De nuevo tuvimos que subir aquellos descomunales escalones para llegar hasta arriba. Teniendo todavía reciente la sorpresa de la vez anterior, esta vez nos detuvimos antes de llegar para asomarnos antes a ojear la zona. Para nuestro pesar, allí también había tiendas de campaña aunque parecían estar más tranquilas que las que acabábamos de dejar en la planta de abajo.

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3 responses

3 01 2010
Vircof

Eso, eso, que ya se empiece a ver algo más de acción xD.

3 01 2010
Kaos

Si tronco ya toca algo de acción, aunque en este capitulo no habla ni Dios!

4 01 2010
Jesús T. "chusetto"

Sigues sin saber cómo seguirá la historia de Elbaf, ¿verdad? xD

No pasa nada… el relleno lo hacemos todos…

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