Diario de a bordo LXXIX

11 12 2009

“Joder, gorrosa, ¿que diablos haces?” Murmuró Vircof. “Vas a conseguir que nos descubran.”

“Calla…” Le chistó el médico. “Como sigas hablando seguro que nos pillan.”

“Mierda, mierda… Txus, si tanto quieres un gorro ya conseguiremos otro en algún lado.” Dije mientras me aproximaba a la cama tras haber esquivado la gigantesca pierna. “Pero, desde luego, este no es el momento ni el lugar para andarnos con tonterías como éstas.”

“Callaros de una maldita vez.” Susurró el médico harto. “Esta tontería es lo único que me queda de donde nací.”

Una vez más se hizo el silencio dentro de la tienda de campaña. Sin nada más que añadir, nos callamos y dejamos que Txus se encargara de recuperar su sombrero. Si seguíamos hablando las cosas sólo podrían empeorar. Bastante suerte habíamos tenido ya con colarnos en el zigurat sin que las guardias nos viesen y con que las soldados que estaban de guardia no nos hubiesen encontrado. Aún nos quedaba un largo trecho hasta llegar al palacio y encontrar a la emperatriz.

El calor tropical, ya de por si insoportable para los que no estábamos acostumbrados a ése clima, se hacía incluso peor dado lo delicado de la situación. La elevada humedad me hacía transpirar por todos lados y goterones de sudor me resbalaban por todas partes. Y no era el único. Vircof, tirado en el suelo tras haber sido empujado al intentar detener al médico, estaba empapado en sudor y jadeaba falto de aire. Y seguro que el médico también lo estaba pasando mal subido al camastro y teniendo a la colosa dormida justo delante. Al único a quien parecía no afectarle aquella situación era Caos.

“Hum…” Gimió la soldado de la cama. Txus detuvo su brazo bajo la sábana. Los cuatro nos quedamos paralizados.

“¿Dónde coño estás tocando?” Se atrevió a decir Vircof.

Estuvimos esperando cualquier otra reacción durante un buen rato. Una soldado, en la parte más alejada de la tienda se dio la vuelta y siguió durmiendo. Lo que fuese que hizo el médico sólo fue casualidad. En cualquier caso él ya no se movía.

“Txus, ¿te pasa algo?” Pregunté desde el suelo. Apenas se le escuchaba respirar. Aunque lo cierto es que más allá del ruido que producían mis latidos, mis oídos no alcanzaban a escuchar nada más.

Vircof se puso en pie aparatosamente para echar un vistazo y asomarse a ver qué sucedía.

“Me…” Comenzó a decir el médico. “¡Se me ha dormido el brazo! No me puedo mover. No sé dónde estoy tocando.”

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3 responses

11 12 2009
fangorn87

Esas cosas pasan.

11 12 2009
Vircof

Tu solo ya te comentas? Joder tio, deja que escribamos primero y luego nos replicas xD.

12 12 2009
Jesús T. "chusetto"

No, es muy importante… ¡Ese sombrero me lo regaló Shanks!

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