Diario de a bordo LXXVIII

21 11 2009

Los camastros de las soldados estaban por todas partes. La salida de la tienda estaba a apenas una veintena de metros en línea recta. Nunca antes veinte metros me habían parecido tan largos.

El silencio nos rodeaba, únicamente roto por las respiraciones de las soldados que dormían. Lentamente nos pusimos en marcha. Comencé abriendo la marcha y a avanzar con sigilo esquivando algún calzado y restos de armadura.

A los pocos pasos hubo problemas. Una de las sandalias de Txus se había enredado entre los jirones de una sábana de las muchas sábanas que había tiradas por el suelo. Txus gruñó en protesta por tener que detenerse y cuando alzó la mirada tras haber recuperado su sandalia no pudo ocultar su sorpresa.

Fue entonces cuando me di cuenta de que el número de soldados desarropadas era mayor que el que estimé al principio. No pudimos reaccionar a tiempo. La soldado a quien pertenecía la sábana que el médico había pisado se giró estirando el brazo sin previo aviso. Txus pudo evitar el golpe pero el manotazo golpeó su sombrero que cayó sobre el regazo de otra soldado. Todos nos temimos lo peor. Pensábamos que la soldado sobre la que acababa de caer el sombrero se despertaría y daría la voz de alarma, excepto Caos que de alguna manera parecía indiferente a todo esto y se limitaba a seguirnos con cautela.

Pero no. La soldado resopló un poco y se acurrucó. Y cuando Vircof, que era quien estaba más cerca del catre, se puso de puntillas para estirarse y agarrar el sombrero rosa, con un movimiento brusco la soldado se echó la sábana por encima y cubrió el sombrero. Sería que tenía frío o algo. En cualquier caso todo seguía en calma, lo que nos favorecía. Me giré seguir avanzando. No noté que nadie me siguiera.

“¡Psst!” Escuché decir a Vircof. Me giré sólo para ver cómo fallaba en su intento de detener al médico.

Txus se había dado la vuelta y regresaba sobre sus pasos, directo hacia el camastro donde había caído su sombrero. Rápidamente me acerqué a ver qué sucedía. Tan rápidamente que rocé uno de los cascos del suelo que acababa de esquivar hacía solo unos segundos. El ligero ruido metálico se pudo escuchar por toda la tienda vibrando hasta que se apagó. Unas cuantas soldados se agitaron en sus respectivos catres, a punto de despertarse. La que tenía más cerca estiró la pierna, que quedó colgando, atravesando el estrecho hueco entre camas por donde había pasado. La pierna más larga que había visto en mi vida.

Más adelante, Txus se había encaramado al catre a pesar de los inútiles esfuerzos de Vircof por detenerle. Ninguno podíamos gritar para detenerle. Tras una rápida inspección de la zona, el médico comenzó a palpar en qué lugar bajo ésa sábana se encontraba su sombrero. Rectificó dos veces antes de encontrar el bulto que correspondía a su sombrero. Después se reclinó y comenzó a deslizar su brazo por debajo de la sábana.

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5 responses

22 11 2009
Vircof

“comenzo a deslizar su brazo por debajo de la sabana…” sin comentarios xDD

23 11 2009
chusetto

Tengo los dedos más rápidos del oeste… xD

23 11 2009
fangorn87

Y si rectificó dos veces antes de encontrar el bulto que correspondía a su sombrero… ¿alguien sabe en qué otros dos lugares tocó antes de deslizar su brazo?

23 11 2009
Vircof

En unos pechos tamaño XXXL?

25 11 2009
Jesús T. "chusetto"

Hay que cerciorarse bien de las cosas… xD

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