Terceras crónicas 19

14 08 2009

(Ahora)

Octavo Mar. Isla de Elbaf. Ciudad Capital. Callejuelas exteriores.

El obispo Ibis Geth se encontraba con el mensajero del arzobispado.

“La diócesis del Octavo mar quiere conocer los avances en Elbaf.” Dijo el mensajero, dejando las formalidades a un lado.

“Si, si. Todo va bien. Se han hecho progresos.” Comentó nervioso.

“¿Progresos?” Inquirió el mensajero. “Ha llegado a oídos de los superiores que una de las tres tribus ha sido masacrada. ¿Son ésos los progresos a los que te refieres?”

Ibis torció el cuello y sacudió la cabeza.

“No, no son esos.” El mensajero se quedó esperando una respuesta más larga. “La emperatriz me tiene como su tutor y principal consejero pero no por eso toma las decisiones correctas.”

“Ya veo.” Respondió el mensajero poco convencido. “Aun así no creo que los superiores estén contentos. No les eres útil si aconsejas el exterminio de los futuros soldados…”

“¿Es que no lo entiendes? ¡Esa muchacha malcriada hace lo que le da la gana! Me escucha, si, y la mayoría de las veces hace lo que le sugiero pero cuando le viene en gana se enfada y empieza a pedir cosas sin sentido.” Dijo Ibis desesperado. “¡Ya no sé que hacer con ella! Le dije que debía ganarse la confianza de la tribu más pacífica para mantener a los otros bajo su control, pero la muy ignorante decidió que sería más rápido acabar con ellos que dialogar. Su maldita cultura no les hace más que pelear los unos contra otros. ¡No entienden de otra cosa!”

El mensajero cambió de parecer al ver la desazón de Ibis y comenzó a entender lo difícil de su posición.

“Bueno, estoy seguro de que comprenderán lo difícil de tu situación.” Ibis alzó la vista al vislumbrar un rayo de esperanza. “Al fin y al cabo la emperatriz es una persona especial. Todo el mundo lo dice.” Ibis asintió.

“Si, si. Es alguien muy particular. Tan pronto está alegre como se pone a llorar, deja de reír y se enfada con todo lo que hay a su alrededor. Está mal de la cabeza. Las dos. No razona como debe ser. Es impaciente, caprichosa, engreída, irresponsable, presumida, imprudente. ¡No la aguanto más!” Gritó Ibis. “Tienes que hablar con el arzobispado. Diles que no puedo quedarme aquí más tiempo, me está volviendo loco. Tienen que mandar a alguien más. Yo solo no puedo hacerla frente…”

El mensajero no daba crédito a lo que estaba sucediendo ante sus ojos. Alguien con la posición de Geth suplicando una sustitución, una ayuda que le dificultaría el ascender a cargos más altos. Un obispo rogando por alguna clase de refuerzo que le permitiera acabar cuanto antes su papel en aquella isla de bárbaras.

“No… no creo que vayan a poder enviarte refuerzos. Ha costado mucho involucrarte de esa forma en el matriarcado de los colosos. Intentar involucrar a alguien más sería demasiado, además, perderías credibilidad como tutor.”

“Diles que no me dejen solo. Yo solo no puedo con ella. Estoy demasiado mayor, demasiado cansado. No puedo con ella…”

Ibis Geth suplicaba al mensajero aún a sabiendas de que la Autoridad no movería un dedo por él hasta que no hubiese cumplido el encargo.


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One response

25 08 2009
chusetto

Por fin me lo he leido… xD

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