Nueva York es para sudar.

11 08 2009

Con el pasar del tiempo y habiendo visitado los lugares turísticos habituales, asi como algunos de los sitios donde se grabaron muchas escenas de películas, la Gran Manzana empieza a perder su atractivo y pasa a convertirse en una Varsovia más. Un lugar que estás seguro de no conocer del todo, pero del que no te ineteresa saber más cosas. Y tras este breve inciso pasamos al informe semanal.

El lunes me levanté con calma y tranquilidad, no había pensado hacer nada por la mañana excepto visitar algunas tiendas de comics que tenía en lista, pero sonó el despertador y con la tonterí a de “media horita más” cuando me quise levantar ya eran las once y poco tiempo me daba para hacer nada. Asi que me duché y me puse con el ordenador. Hice la compra (principalmente fruta) y probé a cocinar algo con la sartén y los utensilios que había heredado. Solo lo haré una vez más para gastar la carne y los huevos que me quedan porque la verdad es que el resultado no compensa, se ensucia mucho y no merece la pena. Estuve subiendo y bajando de las sexta planta donde está la cocina hasta el séptimo donde está mi habitación porque se me olvidaba cada vez algo diferente. El taiwanes me miraba como diciendo a este tio le pasa algo raro. El caso es que después de liempiar todo mi destare culinario me fui para la academia y después de las clases nos fuimos a ver Kramer contra Kramer protagonizada por Dustin Hoffman (“¡traedme a Peter Pannnn!!!”) que la echaban gratis al aire libre en Bryant Park. Después de aquello nos recogimos.

El martes por la mañana madrugué para ir al JArdín Botánico de BRooklin que estaba cojonudo… si eres un crío, para los demás no deja de ser más que un sitio de paseo muy bonito y tal, pero con la solaera que hacía no estuvimos más de dos horas. En seguida regresamos a Manhattan y, tras revisar el correo en el Apple Store (que creo que he cogido un virus en el ordenandor que me permite iniciar elnavegador de internet solo cuando le da la gana), nos fuimos a comprar algun plato de los que venden en los carritos y a comerlo en la cefetería de la escuela. Por ser martes, venían como todos los martes, nuevos alumnos a la escuela y, esta vez, los novatos superaban en número a los veteranos. Entres las recien llegadas había una suiza rubia que destacaba por encima de las demás pero, a pesar de proporcionar buenos temas de conversación, ella no hablaba mucho. Yo creo que es la mentalidad “neutral para todo” de los suizos, quiero decir, la otra suiza que habia en clase y que ya se ha ido también era una sosa, pero no me llamaba tanto la atención. Con esta muchacha ya ha habido algo de conversación y por lo menos me he dado a conocer. Tras las clases, me he quedado charlando con el canadiense y el liechesteno, que hemos hecho piña como graciosetes de la clase al haber ya confianza suficiente en el aula tras casi cuatro semanas y que estamos todos a punto de irnos. Luego de eso, me he ido a Central Park, donde en un principio habia quedado con el hermano de Elena, Juan, para ir a dar una vuelta pero al final hemos alquilado unas bicis. Íbamos a cruzar la calle cuando a Juan se le ocurrió lo de las bicis y nos acercamos a preguntar a una muchacha, cuando al final nos decidimos la chica nos acompañó hasta el parking de bicicletas y, con la excusa de ver cómo íbamos a devolver las bicis, inicié conversación, donde le dije que por su acento era de Europa del Este. Tmabiñen conseguñi averiguar su nombre lo malo es que es ahora mismo que estoy escribiendo estas lineas cuando se me ha ocurrido que debería haberle pedido también su teléfono diciendo aquello de que como estoy de estudios, podría llamarla si me enteraba de alguna fiesta o algo por si se quería pasar. ¡Ains! Todavía me queda mucho por aprender como padawan. Nos salio carete el alquiler (15$ la hora) pero conseguimos ver la plaza donde los cacos mojados intentan atrapar a McCaulay Culkin en Solo en Casa 2, vi de nuevo Strawberry Hill (el homenaje a John Lennon), dimos un voltio al lago deonde hay barcas y regresamos con el tiempo justo de devolver las bicis. Despúes de aquello pillamos unas latas de Pepsi en un supermercado y nos sentanmos en un banco a comer unos bocatas que me habia preparado con el embutido ibérico heredado de los sevillanos. Tras aquello me compré un pack de ocho latas pequeñas de coca-cola (antojo que tenia uno) y regresé a la residencia.

El miércoles por la mañana me quedé durmiendo lo que me dio la gana. Por la noche había fiesta cerca de la residencia asi que no compensaba levantarse temprano. Hice la compra en un periquete, básicamente frutas y una lata de comida precocinada y regresé a tiempo para prepararme unos bocadillos e irme a la escuela. Por la tarde, mientras las chicas se iban a comprar, quedé con Juan para ir a tirar golpear pelotas de golf. Nos acercamos a un club en el puerto donde tenian un porción de céped artificial cubierto con una red, alquilamos 197 pelotas y un palo y nos pusimos a tirar pelotas al estilo Will Smith en Soy Leyenda. Aquello nos llevó casi toda la atrde, no contamos con que eran demasiadas pelotas. En fin, que llegué a casa con el tiempo justo para cenar la lata de comida precocinada de emergencia que me acaba de comprar esa misma mañana, me arreglé y me fui a esperar al personal en la entrada de la residencia, que es donde había quedado todo el mundo. Tras esperar lo que hay que esperar siempre a todos los que llegan tarde y los que te ven listo y deciden incorporarse a ultima hora, salimos todos marchando hacia la calle 82 donde estaba el sitio de la fiesta. Allí dentro no cabia un alfiler. Me encontré con dos compañeros de clase, uncheco y un ruso que iban a su bola y como pudimos conseguimos pasar la noche hasta que cerraron. La gente quería ir a otro lado, pero eran como 17 y yo, sabiendo que intentar a 17 personas a esas horas era algo imposible me despedi de ellos y me fui a la residencia con una francesa que había estado bailando conmigo antes. Dio la mala casualidad que, hablando de camino a la residencia, nos fuimos cruzando con gente que regresaba también y, cuando intenté realizar un único y ultimo movimiento de aproximación, se echó atrás con la maniobra del búho (si mal no recuerdo la clasificación que mi colega Aurelio hizo en Varsovia) y respondió con que ya tenía a alguien en mente allí en Francia. Bueno pues nada, finalmente llegamos a la residecnia y cada cual a su sitio.

El jueves por la mañana me levanté con unas agujetas tremendas en el brazo con el que estuve golpenado mi mitad de las 197 bolas de golf, no era muy grave, todavia podia moverlo, pero no dejaba de ser una jodienda. Al intentar prepararme los bocadillos de la merienda descubrí que todos los panecillo habían criado moho asi que no me quedó otra opción que tirarlos. Como pude intenté preparr algo rápido con lonchas de queso dobladas, doritos y un poco de salami, pero al final ni eso resultó. Asi que sali marchando a clase. Al terminar, me enteré que la gente se iba a ir a un sitio en los alto de un edificio, una especie de azotea-discoteca, pero que antes habian quedado para cenar a las ocho. Como aun era muy pronto y la gente que vivía en las afueras se iba a ir en ese instante porque si no a ellos no les daba tiempoa  ir y venir a tiempo, pasé la tarde vsitando unas tiendas de comics en las que aun no habia estado (incluyendo una que me recomendó Breixo que que pena que no me hubiese podido acompañar porque estaba de putisima madre). Llegué justito a la residencia para cambiarme y bajar a la entrada. Alli, como no, tuvimos que esperar de nuevo y, antes de que llegaran los más rezagados, nos dio tiempo hasta a cenar en una pizzeria del barrio. Esta vez éramos un grupo más numeroso, dos turcos, dos italianos, la francesa, cuatro españolas, yo, y como incoporación de última hora, otra francesa y otro italiano. Nos metimos todos en el metro hasta la calle 14 con la 9 avenida, segun me dijeron por donde quedaba la disco-azotea y, como aun era temprano, pasamos a un pub. Primera prueba de fuego para los cuatro menores de 21 años que nos acompañaban. Perfecto, todas las fotocopias funiconaron y nos metimos adentro. Allí estuvimos un buen rato, moviéndonos como pudimos en el hueco de los sofás y, cuando la gente empezó a sentarse, me sali afuera a ver a los fumadores del grupo que eran los que sabía donde estaba la azotea y reunimos al grupo para movernos. La netrada de la disco-azotea era la de un hotel, con una cola considerablemente larga, pero tras esperar nos metimos todos los que cabíamos en un ascensor y nos bajamos en el ático. ¡Menudas vistas de Nueva Jersey y el rio Hudson nos encontramos nada más se abrieron las puertas! Aquello parecía la típica fiesta snob y superpija de la series de televisión del estilo Sexo en Nueva York. Tras hacernos las fotos pertinentes cerca de la barandilla la gente se dispersó y yo me quedé con las españolas. Hubo un momento en que me fui a pedir una cerveza y, cuando regresé no las veía entre todo el grupo de tios que se les había concentrado a su alrededor. Como no quería molestar me puse cerca de los italianos, disimulando hasta que finalmente se deshicieron de ellos. La noche siguió en plan cada cual a su bola. Hasta que ya, a menos de una hora del cierre empezaron los roces. No digo que la gente discutiera sino todo lo contrario, había gente en los sofas que lo único que hacía que las muchachas que bailaban frente a ellos no parecieran strippers es que aun llevaban la ropa puesta, la francesa con la que fui a la residencia la noche anterior y uno de los italianos daban vueltas mientras se metían la lengua hasta la laringe y la francesa nueva hacía ya un buen rato que había desaparecido detrás de un tio que no había venido con nosotros. Una vez más me dije a mi mismo que tenía muchas cosas que aprender como padawan. Finalmente, a eso de las tres y media, nos bajamos de la azotea rumbo a nuestras casas. Al llegar a la parada de metro, una vez más, Andrea insistió en que la acompañáramos, cuando se me hacía más que evidente que lo justos erñia acompañar a Emi parte de su trayecto a Brooklin que nos venia uncluso mejor, pero como la gente a esas horas solo elige lo ñultimo que oye y Andrea habló después de mi, Emi se volvió sola y nosotros nos metimos en el otro tren. La nueva francesa, a la que habían tenido que interrupir del oscuro lugar donde se estuviese liando con el desconocido para venirse con nosotros, decidió volverse sola a su casa sin tener muy claro de cual era su itinerario y yo, como soy un cacho de pan de bueno, pues le di unas indicaciones para que no tuviese muchos problemas en llegar, aunque no estoy seguro de si le sirvieron. Finalmente llegamos a la residecnia a tiempo para ver como el italiano y la otra francesa llegaban en taxi. Estuvimos de cháchara mientras las dos españolas con las que venía se terminaban su cigarrillo en la calle y luego nos metimos para adentro.

El viernes por la mañana aproveché para hacer unas compras, básicmente comida enlatada que me hiciera las veces de comida de emergencia en el supermercado del Harlem Latino que me enseñaron los andaluces. Como no tenía ni tiempo ni ingredientes para prepararme algo, salí marchando hacia la facultad. A la salida de la resi iba tan rápido que no me fijé en la francesa que se lio con el italiano la noche anterior. Hablé más bien poco con ella, creo que debía llevar una hora o asi esperando al italiano que estaba más claro que le habia dejado plantada pero como tenia que priorizar sobre mi estómago le dije que se podía venir conmigo a la escuela en vez de seguir esperan pero como dijo que se quedaba me despedi rápidamente y sali hacia el metro. En la esquina de la calle de la escuela me compré un plato de pollo sobre arrroz (especialmente especiado con picante) y me subi a comerlo a la cafeteria de la tercera planta antes de que se me enfriara. Llegué un con retraso a clase mientras terminaba de comer. por fortuna el chaval Liechesteno (por favor que alguien me diga el gentilicio de ése pais tan diminuto de Europa) me vio y le dijo a la profesora que estaba ocupado. Al salir de clase, intentamos ponernos de acuerdo sobre el sitio al que ibamos a ir por la noche. Mi idea era ir al Ultra (donde gracias a Sara y Elena conoci a Ana, una promotora de la dicoteca que nos podría colar como VIPs). Entre todo el tumulto que se formó a las puertas no conseguimos aclarar nada asi que acordamos que nos encontraríamos en mi residencia a las diez y a ver quienes estábamos. Antes de que me llegara la hora intenté acercarme a ver a Juan antes de que regresara a España, que me esperaba en Highline Park, pero el tren de metro en que viajaba tuvo una avería y estuvo parado casi una hora hasta que anunciaron a la gente del ultimo vagon que se tenian que bajar en medio del tunel, en fin, un lio tremendo bajo tierra desde donde no pude avisar a Juan de que no me esperase no solo porque no hay cobertura sino porque mi teléfono movil debió de quedarse sin batería la noche anterior y no me habia dado cuenta hasta ese momento. Asi que volvi a la residencia a arreglarme como pude. Estaba viendo videos de primera a la americana, haciendo tiempo hasta las diez cuando llegó el taiwanés. Imagino que se estaría preprarndo para su viaje de fin de semana a no se donde. No me dijo nada de que se iba ni nada pero como segun escribo esto estoy solo en la habitación deduzco que el tio se ha ido sin decirme nada. En fin, que dejé al taiwanés y su risa de Goofy viendo la tele y me bajé. En la puerta de la residencia decidimos salir para el ultra Emi, su compañera de casa Lorena, Andrea y la francesa a la que, una vez más, el italiano se estaba tomando su tiempo en recoger. Confiaba en que la nueva francesita de la noche anterior apareciese pero no fua asi. Haciendo las veces de gps bajo tierra, lideré de nuevo al grupo hasta las puertas del Ultra donde pudimos entrar sin problemas. Esperando a la botella de vodka que nos correspondia como buenos VIPs entablé conversación con dos amsterdenses (necesito gentilicios ¡ya!) conocidas de Ana, con una de las cuales estuve intentando bailar a medida que descendía el nivel de vodka de la botella y aumentaba la concentración de alcohol en mi sangre. Gracias al vodka pude atreverme a sacar a Emi y a Andrea al altillo entre los sofas a donde se subia la gente a bailar cuando no cabia en la pista, tambiñen saqué a una de las de Amsterdam. No puede decirse que hiciera muchos progresos con la holandesa, pero luego me recomendaron otro movimiento para pegarse más a la tia cuando la canción no es lenta. Más tarde llegaron una turca y otra alemana, compañeras de casa de Emi. Para aquellas alturas la botella ya se habia acabado, yo me habia tomado cinco vasos del liquido con naranja y notaba como mis musculos faciales estaban como cuando se te duerme un brazo. A pesar de que la cosa ya estaba decayendo, intenté sacar a todas al altillo a bailar lo cual no acabó de funcionar y pregunté a una americana que estaba a mi espalda y que no conocia de nada si tenia miedo de las alturas. Costó bastante que me entendiera total para que me dijera que no. Ella y su amiga. A esas alturas solo nos quedaba marcharnos.

Esta es una licencia literaria que me tomo para interrumpir el discurso y añadir suspense a la historia.

Ya me veia haciendo de gps otra vez mientras discutia con la alemana la direccion a tomar en la esquina de la calle cuando nos encontramos a Ana y dos compañeros de su clase que también se iban y nos pusimos a charlar. Emi no tuvo otra opcion que volverse con sus compañeras para no tener que regresar sola más tarde. Andrea y yo nos qudamos de cháchara con ellos, que se iban a tomar lgo a otro lado. Pasamos a un bar, donde un viejo americano se puso a hablar con Ana y acabó invitándonos, ella se pidio un cóctel y yo una cerveza para no abusar. Mira que me lo dijeron en Varsovia, que no habia que mezclar y yo, intentando practicar un aterrizaje suave como Sayonara Zetsubo-sensei, es decir vodka>cerveza>agua, me tomé medio litrito de Stella creo recordar que era la marca. Estuvimos hablando en el bar de los tipicos temas insustanciales que se hablan a ésas horas y en ésos estados y finalmente nos fuimos. Los compañeros de Ana quería comer algo sólido y se pararon en un puesto de la calle, asi que aproveché y me pedi otro arroz con pollo. Nos lo estuvimos cenando entre Ana, Andrea y yo delante del carrito de comida mientras sus compañeros hablaban con el dependiente y nos echamos unas risas. Tambien dio la casualidad que nos encontramos con un puertorriqueño regordete que estaba cenando del mismo carrito y que trabajaba de promotor, como Ana, trayendo gente a discotecas. El caso es que se enzarzaron los dos a discutir la posibilidades que tenian sus jefes de echarles del trabajo hasta que finalmente se pudo cortar la conversación y nos largamos en busca de un metro. Buscando la entrada de metro que mejor les venía, a lo largo de la calle 23, me empezaron a entrar unasa ganas tremendas de mear y, aunque habíamos dejado atrás la entrada de la sexta avenida cruzando con la 23, y seguiamos avanzando hasta encontrar el ccruce con la novena, no habia ningun calejón oscuro donde poder soltar todo lo que llevaba dentro, ni siquiera habia más de dos coches juntos denode me pudiera escurrir y mear. Finalmente me armé de valor y en uno de los jardincillo que hay delante del portal número 127 me paré a marcar mi territorio mientras el grupo seguñia hacia delante. Llegamos al metro y nos metimos adntro. Ana y sus compañeros ibana Brooklin y se pasaron al otro andén. Tuvieron la suerte de que su tren pasó primero. No sé cuánto tiempo estuvimos esperando el tren Andrea y yo pero cuando paso uno resultó que era el que me venia mal, o sea, todos menos el E que me enlazaba con la linea verde rumbo a casa. Andrea tuvo el generoso gesto de esperarse conmigo al tren que me vendria mejor porque a ella todos los de la linea azul le venian al pelo. POr fortuna este otro tren no tardo mucho en llegar y nos subimos al mismo tiempo que un grupo de españoles que al dñia siguiente utilizaría ANdrea para intentar demostrarme que no iba a recordar nada después de tanto vodka. Creo que es evidente que se equivocó como vien estoyy demostrando ahora. A las pocas paradas, Andrea se bajó y yo seguí de charla con los españoles, que bromeaban con que Queens era mejor que Manhattan. En la parada de Lexington con la 53 me cambiñe a la linea verde, que iba más llena de lo habitual y me fui a sentar al aldo justo de un dominicano que estaba de cachondeo con su mujer haciendo de rabiar a unas puertoriqueñas que acaban de subirse (nota aclaratoria: como bien se puede ver en la pelñicula de West Side Story, dominicanos y opuertorriqueños no se llevan muy bien) por fortuna los comentarios del dominicano eran sin maldad y como yo era el unico del vagon ajeno a la conversacion que mantenían que se reia de sus gracias me tuve que acabar presentando como español. La conversación no duro mucho más a decir verdad, enseguida llegué a mi parada y me meti en la residencia. Con sumo cuidado me descalcé antes de pasar a la habitación donde el taiwanes dormia con el aire acondicionado y procedi con la misma rutina que todas las noches: me puse el pijama, doblé la ropa, preparé la del dia siguiente, me lavé los dientes, acabé la crema que heredé de Paula (del grupo andaluz), apagué la luz y el aire acondicionado y me tumbé sin que el taiwanes se despertara. Aquella noche dormñi nada y menos porque a las nueve ya tebia que estar de pie, que me iba a la playa.

Efectivamente, el sabado me desperté y medio zombie apañé la mochila para irme a Coney island en metro. Sabiendo lo que me esperaba, antes de meterme en el subterráneo mande un mensaje a Emi diciendo que estaba de camino yduarente el trayecto quise dormir pero el maldito aire acondicionado me lo impedía. Como la palya está en el culo de Brooklin tardé lo habitual en llegar ahtas allí, es decir, me pase veinte minutos de la hora a la que habiamos quedado y Emi comenzó a darme toques. Alli ya me estaban esperando EWmi, Andrea y lorena. Como de todos es bien sabido que la mejor forma de inicar una conversaciñon por la mañana es sacar a la luz los trapos sucios de la noche anterior, ANdrea intentó vacilarme sobre mis recuerdos de la fiesta y pasé de ella. Imagino que estos informes semanales hablan por si solos. Nos tiramos hasta la hora de comer tumbados al sol, jugando alas cartas y dandonos chapuzones ocasionales (el que más creo que fui yo con tres baños), yo me llevé algo de lectura (el nuevo tomo de la Liga de los Hombres Extraordinarios, ¡que recuerdos! el priemr comic que me elo entero en nueva york es de la misma serie que el primero que me lei en Varsovia)  y aproveché para pedirle a Emi que me hiciera la trenza antes de comer. Comimos en Nathan’s, como no y nos sentamos en un cesped cercano antes de salir a pasear por el muelle donde se ponen los chinos a pescar cangrejos. No tardamos mucho en ver eso. Enseguida volvimos al metro. Emi y Lorena iban a cenar fuera, Andrea no se qué tenia que hacer y a mi me esperaba una colada. Tras el largo camino a casa, bajé a la lavandería, mientras se hacía la colada subi al cuarto a quitarme la mierda de la playa con una buena ducha, y tras recojer la ropa y colocarla me tiré toda la tarde viendo disney channel en inglés (asi pasa que me acuerdo de escribir el informe a las dos de la mañana muerto de sueño). En fin casi que me voy al sobre que mañana tengo misa.

El domingo me levanté a rastras de la cama. Al parecer cino horas de suelo continuo son menos efectivas que ocho horas levatándote cada dos por tres. Tras desperezarme me puse en marcha para llegar a tiempo a la calle 135 donde estaba la iglesia a la que Andrea quería ir, una que salia en su guía de Lonely Planety a la que no pudo entrar la seman anterior porque llegó tarde y había mucha cola. Para llegar hasta la linea de metro que me dejase en la susodicha calle tuve que coger un autobus que cruzara manhattan de este a oeste atravesando el parque central y luego subir hasta el cruce donde habñiamos quedado. Llegué el primero, por supuesto. Afrotunadamente ellas no tardaron en llegar y en poco rato estabamos en frente de la iglesia, la cual tuvimos que rodear buscando el final de la cola de turistas que se congregaban a más de una hora de que empezase la misa. Todos tenían la guía de Lonely Planet (sigh ¬_¬). El caso es que una vez nos detuvimos en la fila, me di una vuelta buscando un sitio donde mear. Cuando regrese la cola apenas había avanzado. Nos pusimos a jugar a las cartas haciendo algo de tiempo hasta que se pasó más de una hora y vinieron a decirno que, ¡efectivamente!, ya no habia hueco para turistas en la misa. Asi que todo el mundo se dispersó y como la gente andaba indecisa y yo pasaba de proponer cosas, porque sino me tocaba ir dirigiendoa  todo el mundo, Andrea quiso acercarse a la calle del Teatro Apolo, no por ver el teatro, sino para comprarse unas deportivas que habia visto en una zapatería cercana y además, queríabajarse andando las trece calles que nos separaban. Yo ya me estaba meando otra vez asi que, al vislumbrar unos aseos publicos de un parque me colé antes de que alguien dijera nada. Llegamos a donde a la calle 125 y todas las chicas (¿he olvidado mencionar que entre la alemana, la turca, la suiza, Andrea y Emi, yo era el unico tio?) se metieron a mirar zapatos. Cuando finalmente sus impulsos consumistas se apagaron las persuadi para entrar a comer al White Castle que hacía esquina con la avenida (si señor Jesús: Héctor goes to White Castle, que en la version española seguramente traduciran como Un friki muy fumao). Lo primero, decir que White Castle es una hamburguesería para desayunar. Todo lo que tienen es de tamaño pequeño, pero te llena como las hamburguesas normales. Al acabar, y tras haber malgastado la mañana haciendo la fila para entrar en la iglesia sin resultado regresamos al centro. Las compañeras de casa de Emi se fueron a no se donde y nosotros bajamos a las tiendas turñisticas del Empire State a ver qué encontrábamos. Tras dar vueltas por alli nos acercamos a Union Square, a Forbiden Plantet de nuevo, donde los trabajadores de la tienda de comics deben estar hasta el gorro de mi. Mientras Emi buscaba unas figuritas coleccionables de Tim Burton para su amiga  Alicia (recordemos que ALicia se marchó hace una semana), yo descubrí ul primer tomo del amerimanga de Street Fighter, de los cuales tenia el tercero y el cuarto, además, me dieron la buena noticia de que habian recibido otro cargamente de camisetas de los cazafantasmas que brillan en la oscuridad y pude comprarme una. Tras aquello, Emi regreso a Brooklin y yo, que tampoco quería caminar mucho más, me despedi de Andrea y me subi hasta la residencia. Me tire toda la tarde preparando la maleta (y eso que me queda unas semana todavía) y , mientras se me descargaban unos capitulillos de One Piece, me bajé a por un bocadillo del SUbway y me lo comi en la habitación viendo por tercera vez The Breakfast Club (el club de los cinco en la version española, una pelicula ochentera que refleja la crueldad de la division de grupos en las aulas de los institutos, altamente recomendable). En estas que llego el taiwanes de su viaje por boston y me puse a habalr con el un rato. No entendi una mierda de lo que me contaba. No creo que nunca pueda entender el acento de los asiáticos en inglés.

En fin, esto es todo por ahora. Les mentendremos informados.

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