Nueva York no es tan grande como parece

15 07 2009

El lunes dormí fatal. Acostumbrado a la blandez del colchón del hostal, el de la residencia estaba demasiado nuevo y duro asi que no pegué ojo. A eso de las siete y media, Jose se fue con su amigo a su academia, que son los que van a la Empire State, y como la noche anterior el compañero de Manu, Marc de Barcelona, me dijo que había quedado con otra gente en salir para la escuela de Midtown a las ocho pues quede con el. En el rellano nos juntamos ciento y la madre, todos con una cara de peridos que no nos la aguantábamos nadie. Por mantener la compostura intenté conversar con Marc, pero algo le debia pasar al chaval porque era como hablar con una piedra. El caso es que a las ocho en punto el tio se dio cuenta de que le vendría mejor ir a la escuela con una mochila, asi que se subió arriba corriendo justo cuando la guia de la escuela decía que salíamos. No volví  verle en todo el día. En cambio si que conoci a mucha gente. Entre la gente del grupo en que me separaron habia un español de Galicia, Breixo, que se defendía bastante en inglés y en nuestra mesa había un coreano (que se para para saludarme siempre que me ve), un turco (que más o menos lo mismo), una suiza (que al final ha acabado en mi clase) y una rusa (que que ojazos tenía la rusa). El caso es que nos puesieron ahablar entre nosotros y un tipo midió la soltura con la que lo hacíamos, luego nos hicieron un examen escrito tipo test con pruebas de audición y de lectura y nos dieron las notas y los horarios de las clases segun el nivel. Asi que ahora voy a clase de 13:30 a 17:30, lo que haría que por la mañana me lo tomase con calma, durmiendo o viendo la ciudad y por la tarde organizándome con la gente de la escuela para hacer algo. El primer día, como no teniamos nadie ni idea de nada y nos daba palo hablar, aproveché que tenía más confianza con Breixo después de estar hablando en el grupo por la mañana y me fui con el y su amigo Victor a  Times Square y por alli estuvimos, viendo el Rockefeller Centre, Grand Central Station y la biblioteca hasta que nos dieron horas de regresar y compramos algo en un supermercado. Yo aproveché para comprarme cosas de desayunar, que lo que compré con Jose y manu la noche anterior ya se estaba acabando. Quedamos en que a la mañana siguiente veríamos el distrito financiero.

Y menudos nos juntamos, Manu, Jose, Breixo, Victor y dos más, asi que cojimos el metro los siete hasta Wall street y nos pusimos a caminar alrededor de la zona cero (que no tiene nada más destacable que las obras de los nuevos edificios que estan contruyendo. Luego cruzamos las pasarelas hasta los rascacielos cercanos y bajamos Battery Park hasta el museo de la herencia judío (o algo asi, que no estoy seguro de la traducción). Llegamos a un parquecillo donde la cola para subir al ferry de la Estatua de la libertad duraba lo menos una hora y media. También había ardillas por allí, o más bien ratas pelirrojas, que ya estaban hasta domesticadas, si te agachabas y extendías la mano las ardillas se acercaban a ver qué les estabas ofreciendo. El caso es que después de eso, regresamos al metro y todos los que iban a la escuela del Empire State se retiraron porque tenían que ir a clase. Como a Victor, Breixo y yo entrábamos después nos metimos en un SubWay a comer un bocadillo ¡y en buena hora nos metimos! A tres minutos de las doce del mediodía nos sentamos a comer los bocadillos y a las doce y cuatro minutos ya había una cola de siete personas esperando para pedir que crecía a ratos. Como ya andabamos con el tiempo justo, nos guardamos los vasos (que en la residencia no hay absolutamente de nada) y nos metimos a clase. En mi clase estaba la suiza del grupo del examen y una muchacha española. Después de aquello, como no teniamos nada que hacer y la escuela había organizado una excursión a Hoboken (Nueva Jersey para los que, como yo, no tenemos ni zorra de geografía estadounidense) y había que ir en tren. Desde que llegué a los Estates me estuve preguntando el motivo por el cual la red de metro de Nueva York se extiende desde Manhattan hasta el Bornks por el norte y hacia el este hacia Queens y Brooklin, y la respuesta era tan sencilla como que cruzando el rio Hudson se entra en un nuevo estado, Nueva Jersey. Si, toda una obviedad en la que no habíamos pensado nadie. Nos bajamos del tren y la monitora nos llevó por la costa para llegar a un parquecillo con unas vistas cojonudas de la gran ciudad, con todos los rascacielos recortando el horizonte, donde destacaba la altura del Emnpire State y el gran hueco de la Torres Gemelas, un panorama espectacular que no tendré ocasion de mostraros por motivos posteriores relacionados con mi tarjeta de memoria. Durante la caminata conoci a mogollón de gente, la mayoría eran españolas, que son las unicas que se reían con los comentarios que les hacía a Breixo y a Victor. También nos adentramos por dentro, para ver la calle de Frank Sinatra (no por la casa donde nació, que no se donde fue, sino porque la calle se llama asi). Caminando calle abajo en direccion a la entrada del tren pudimos echar un vistazo al vecindario, cuyas casas se daban un aire a la de las Embrujadas, aunque no sea San Francisco, seguían teniendo una escalinata para subir y dos pisos con buhardilla. Luego de eso nos recogimos para regresar a Manhattan y nos fuimos a la residencia, donde volvía ver a Manu y a Jose, que habían recibido mis mensajes de que se vinieran a Hoboken con cuatro horas de retraso. Cogimos las cosas que compramos y nos subimos a cenar al piso doce, donde está la cocina de la residencia. ¡Dichosa residencia! Con lo que cuesta la condenada y no hay ni platos, ni vasos, ni cubiertos, ni cacharros para cocinar. Y la lavandería cuesta una pasta. Asi que todo lo que me pude preparar de cena es un sandwich aprovechando el pan de molde, el queso y el embutido que compré, y los Doritos triturados que suelen quedar siempre en el fondo de la bolsa cuando está a punto de acabarse. Después de aquello nos recogimos, cada cual a su cuarto y nos fuimos a dormir.

Como acordé con Breixo y Victor la tarde anterior, además vino Yeilin, la barcelonesa de mi clase, me esperaron para ir a ver el edificio Flatiron. Bajé un poco antes para preguntar al de recepción como iba el tema de la lavanadería, el teléfono de las habitaciones y como diablos se limpian las habitaciones, pero a las nueve y media de la mañana era demasiado pronto y no habia llegado. Cogimos el metro hasta la biblioteca de Nueva York, que ya estuvimos alli el lunes por la tarde pero estaba cerrada, e intentamos verla por dentro, pero fuimos demasiado pronto y abría a las once, asi que, como divisamos el edificio Chrysler desde una esquina nos acercamos a ver el recibidor, violviendo a pasar por delante de Grand Central Station. Regresamos sobre nuestros pasos y cogimos un autobus en direccion sur hasta el edificio Flatiron (que es realmente plano). Desde allí subimos a un bus en dirección Madison Square Garden y dimos vueltas por alrededor viendo los baldosines con nombres de deoportistas que habían estado allí. Como en frente estaba la oficina de correos, nos acercamos a comprar sellos para cuando tuviésemos postales y luego buscamos un sitio de comer. Cerca de allí había un restaurancillo de esos pequeños que llaman Deli de ambientación italiana y me pedí un plato de espaguetis con una albondiga tocha. Luego nos pusimos rumbo a la acdemia donde llegamos con el tiempo justo. Para por la tarde yo había llamado a Sara y Elena para que me enseñaran el Soho y poder ir avistando tiendas de ropa, pero la cosa se troció y, cuando me quise dar cuenta, se habían acoplado siete personas y claro, era imposible pararse  a ver nada. Jose y manu se separaron para ir a su ritmo y Sara y Elena, viendo que tanta gente junta no iba a llegar a ninguna parte se recogieron también. El caso es que, de los que iban, el que parecia tener las cosas más claras era yo y como no sabía qué hacer decidí caminar hasta Chinatown. El alemán que iba en el grupo comenzó a tener hambre a eso de las siete asi que nos paramos a buscar resturantes por Little Italy, que está antes de llegar a Chinatown, como era muy pronto, Victor, Breixo y Yeilin decidieron seguir adelante, hacia el barrio chino y cenar más tarde. Yo me quedé con el alemán, Philip, su compañero de habitación español, Hugo, y una checa guapísima de mi clase (está claro que me quedé por ella). Pasamos a un resturante italiano atendido por sudamericanos, vasos y cubiertos de plástico, y hablamos un rato hasta que nos sirvieron la comida. Yo no me la acabé toda y pedi que me la metieran en un taper para llevar. El servicio era tan malo que ni se molestaron en darme un cubierto para que yo mismo me echara la comida en el taper y encima luego tuvimos que dejar propina, que como aqui es obligatorio, el alemán Philip se empeñó en que dejáramos a pesar de que ya estaba incluida en la factura ¡malditos alemanes y su rectitud! Antes de salir marchando hacia la residencia dimos una vuelta por Chinatown, que a esa hora estaba irreconocible, todo lo contrario a cuando me acerqué con el alemán Félix del hostal, calles por las que se podía más de dos metros en linea recta sin esquivar a nadie, un parque sin musicos chinos, y ningun puesto de venta ambulante en la calle. Tras eso nos volvimos a la residencia. Estaba cenando, viendo la séptima temporada de Scrubs cuando aparecieron Jose y Manu de regreso. Que tras su viaje por el Soho habían comprado, entre otras cosas, dos cinturones muy chulos. Y en el cuarto que se quedaron de charla hasta que nos dieron casi la una y Manu se fue ya a su habitación para acostarse. Al día siguiente me tenía que levantar para ir a la isla donde se encuentra la Estatua de la Libertad, que hablamos con unas de la escuela en coger el ferry temprano por la mañana por las colas que se forman después y había que estar a las nueve y media de la mañana en el puerto del sur. Esta semana estoy durmiendo muy muy poco, la verdad.

A la mañana siguiente habíamos quedado para ir a Liberty Island, la isla de la Estatua de la Libertad con unas chicas de la academia, pero solo llegamos a concretar la hora y una idea aproximada del sitio (el puerto) cuando llegamos a alli lo hicimos muy justo y solo encontramos un sitio similar a donde vimos la cola de la gente cuando fuimos a Battery Park. Total, que ya nos pasábamos de la hora y como no teniamos ni idea de donde estaban las muchachas, decidimos coger el ferry a Staten Island, que nos salia gratis con el abono trasnportes. Asi que al barco que nos subimos los cuatro, Yeilin, Breixo, Victor y yo, y nos hicimos fotos al pasar rodeando Liberty Island con la Estatua de la Libertad. Al llegar a la isla no teniamos ni zorra de lo que había allí para verse y como no teniamos mapa, decidimos montarnos en un autobus y, cuando viésemos, darnos la vuelta en sentido contrario y regresar en el próximo ferry. Agarramos el primer bus que encontramos, el 44, y tiramos todo para adelante, pasados diez minutos de trayecto decidimos bajarnos y esperarlo en snetido contrario. Mientras buscábamos la para de autobus pudimos pasear por el vecindario ¡igualito a las peliculas americanas! Casas de dos pisos con entrada de garaje y el jardín de delante cortado al milímetro respetando el límite con la acera. Flipando en colores. Cuando llegó el autobus nos subimos todos de nuevo rumbo al puerto y, una señora muy amable del autobus nos recomendó que nos bajáramos en un parque para evr una casa muy conocida. Aunque no estábamos muy convenciomos nos bajamos porque tampoco teníamos nada que hacer el toda la mañana asi que en el parque que nos metimos. Al final resultó buena idea, a lo primero estaba lleno de arbustos y pude mear y luego bajamos por un sendero que rodeaba un estanque. Muy bonito todo. El caso es que se nos pasó volando la amañana en el parque y salimos por el otro lado, buscando siempre una parada de autobus que nos llevase al puerto de nuevo. Tras aquello lleganmos apuradísimos de tiempo a la academia, tan apurado que me paré a comer un perrito caliente antes de entrar en un puesto de delante de la academia, porque no quería que la checa escuchara rugir mis tripas si se sentaba a mi lado en clase. Después del curso, la checa me dijo que si tenia algun plan para aquella noche y yo le respondí que quería comprarme ropa por dodne estuvimos paseando ciento y la madre la tarde anterior. Sugirió que Yeilin se viniera con nosotros pero ella ya dijo que estaba muy cansada de tanto caminar y hacer el bobo por el parque de Staten Island y se quería ir a la residencia. A pesar de todo, al acabar las clases, se vino con la checa y conmigo a hacer sus compras. Empezamos buscando en la avenida Lexington pero como vimos que todo lo de alli se excedía de nuestro presupuesto nos fuimos al Soho, y alli empezamos a mirar ropa. Yo buscaba pantalones vaqueros, que no hace falta lavarlos a menudo, y estuvimos mirando en tiendas. Hasta me entré a probar pantalones en una. Fue en ese momento, cuandoe staba en el probador que oía Yeilin diciendo que em esperaban fuera, sin emabrgo, para cuando pagué y sali de allí, la checa ya se había ido y Yeilin me dijo que porbáramos en la tienda del otro lado de la calle. Allí encontré más pantalones y unos boxer que me sustituyeran el pijama que me traje y que tenía desde que repetí el bachillerato. Tanto para Yeilin como para mi fue un día provechoso, los dos encontramos la ropa que necesitábamos, aunque me jodió que la checa se largara sin despedirse. Una vez en la residencia, recoloqué todo lo que tenía en el armario y me puse a ver Scrubs (en lugar de hacer el informe que, una vez más, llega con retraso). Mucho más tarde llegaron Jose, mi compañero de cuarto, y Manu, que venían de pasear por la quinta avenida, donde Jose se había pillado unas deportivas Nike a mitad de precio (aunque aún eran caras). Eso me hizo pensar en el fin de semana y en que no tenia deportivas/zapatos decentes para salir de fiesta en el caso de que Elena y Sara me llamasen, tan solo tenía las deportivas natanjas de Quechua del decathlon.

Como habían hablado Breixo y Victor con las chicas que en principio iban a venirse con nostros a Liberty Island, a las diez y media de la mañana las esperamos frente al Apple Store para dar una vuelta por el Prque del Centro. Aproveché para meterme dentro de la tienda y hacerme fotos comiéndome un ordenador como si fuera una manzana (ya sé que no es ése apple a lo que te refería, Jesus, pero es que para entonces no tenia manzanas). Al salir de alli, las chicas le enviaron un mensaje a Breixo diciendo que llegarían un poco más tarde asi que nos armamos de paciencia. Contemplando la salida acristalada da la tienda de Apple me fijé en un toldo rojo que había detrás: F.A.O Schwartz, o lo que es lo mismo, la juguetería donde se encuentra… avisé a Breixo y a Victor para que lo vieran y pasamos. Nunca antes había prestado tanta atención a lo que había en una juguetería, ni siquera tras ver la noria del Toys r’us de Times Square. Caminamos por los pasillos y subimos por las escaleras mecánicas viendo los juguetes más estrafalarios que os podais imaginar hasta que, doblando una esquina, eschucé sonidos discordantes de piano. Retrocediendo a mi infancia me encontré cara a cara con el piano luminoso gigante de la película de Big, protagonizada por un jovencísimo Tom Hanks. Sin dudarlo, me descalcé y me puse a caminar por allí. Intenté tocar la melodía de Evangelion, pero aun no me la sabía de memoria, lo de encontrar la juguetería me había pillado por sorpresa y no había memorizado la partitura. Aun así, como aquello estaba hasta arriba de niños corriendo piano arriba piano abajo nadie notó que no me salia la musica. Luego regresamos para encontrarnos con estas chicas y caminamos por Central Park viendo el carrusel, Strawberry Field (donde está el mosaico de Imagine en homenaje a John Lennon), vimos la fachada del museo Metropolitano, la estatua de Alicia en el Pais de las Maravillas y la ribera sur de la reerva, el lago más grande de todo el parque. Luego, otra vez, se nos hechó la hora encima y tuvimos que regresar a la academia. Me confundí de autobus y acabamos al otro lado del parque, cerca de la glorieta de Colón, y desde ahi fuimos andando. Como volvñiamos a llegar tarde y aun no habia comidao, me paré en McDonals a pedir un menu para llevar. En clase, al amyoría de la gente miraba el emenú con ojos golosos y es que casi todos habian llegado sin comer. Por fortuna, las hamburguesas permanecieron intactas dentro de la bolsa y me las pude comer durantete el recreo, aunque pensaba acercarme en ése tiempo a sacar las entradas del musical de Billy Elliot y del partido de los Mets contra los Rockies para finales de julio. La segund ahora de clas estuvo más entretenida. La profesora nos trajo grabadoras de casete y discos con efectos sonoros para que grabáramos un anuncio animando a donar sangre. Nos quedó un guión bastante chulo, pero el brsileño que tenia que poner la voz en off se estaba quedando dormido y, tras muchos intentos, nos quedó como el culo pero bueno, al menos no lo evaluará hasta el lunes. Al acabar las clases les pedi al grupo que me esperaran para ir a Moma, que tenia que sacar las entradas. Tras casi veinte minutos esperando hasta que la que me tenia que dar las entradas colgó el teléfono, salimos marchandp hacia el museo. Nada más entrar, acordamos un punto de encuentro y nos dividimo, cada cual se fue a ver lo que le interesaba más. Sin ninguna preferencia en particular, subi con Breixo a la planta cuarta, donde se encontraba el pop-art y los autores contemporáneos, similares a las mierdas artísticas del Centro Pompidou en París. En una hora y media ya estábamos en el punto de encuentro todos, habiendo visto de pasada las cosas más significativas. después de aquello me separé para comprar unos zapatos que vi cuando fui con Yeilin y la checa de compras por Lexington y me fui a la residencia, donde cené temprano y me arreglé porque Sara y Elena me habían invitado a salir con ellas. Tras buscar la esquina que me dijeron solo enmedio de la noche neoyorquina y esperarlas durante más de media hora, aparecieron y nos fuimos a un sitio donde trabja una española que hace el curso con ellas para que nos pasara gratis como VIPs. En el siio no habia nadie cuando llegamos y asi siguió un uen rato, hasta que se animó la cosa cuando un grupo de atractivas estadounidenses (sin duda celebrando la despedida de soltera) entró al círculo de sofases VIP al lado nuestro y comenzaron a gritar WOOHH!!! y a balancearse peligrosamente cada vez que se subían al moviliario. EWstuvimos dentro un buen rato y a eso de las tres de la madrugada nos salimos. Regresé a la habitación procurando no hacer ruido para no despertar a Jose, pero el no estaba, asi que me calenté en el microondas un poco de arroz que me sobró de un deli y me tumbé a dormir, que al dia siguiente me despertaba temprano.

Lo de que me levantaba tempano es relativo. Quedé con Breixo y Victor a las once para salir hacia Coney Island. Tardamos como una hora y media en llegar porque aquello está a tomar por saco, al sur de Brooklin por la parte del barrio ruso. Una mujer que nos vió en el vagón, se pudo a hablar con nostros en español y nos recomendó que viéramos la playa de Brighton, asi que en lugar de bajarnos en le ultima parada, la del parque de atracciones, nos bajamos en la antepenultima y subimos andando el paseo marítimo. La playa era enorme y habia muchísima gente, desde familias enteras que iban allí a pasar el día hasta rubias despampanantes jugando al voleybol (como me acordé del Dead or Alive: Extreme Volley Playa), subimos todo el paseo hasta los muelles, y nos volvimos. Por el camino, Breixo nos invitó a unas hamburguesas en Nathan’s (una hamburguesería muy conocida en la zona) y subimos al metro justo cuando el día empezaba a nublarse. Al bajarnos en nuestra parada del metro compré detergente para hacerme la colada y los gallegos se apuntaron. Buscamos una lavandería cercana (porque la de la residecnia sale muy cara) y preguntamos cómo funcionaba para acercarnos luego. Llegamos a la residencia justo cuando todas las chicas de mi clase que viven en la residencia salían de marcha al piso de las hermanas francesas. Dejamos las cosas, embolsamos la ropa sucia y nos fuimos a la lavandería al más puro estilo americano, a esperar media hora a que la lavadora terminase y luego otra media hora a que la secdora terminase. Nos echamos unas risas esperando, doblamos la ropa y nos subimos. Como todavía era muy pronto, decidimos acercarnos a ver la ribera del río Este y subimos a cruzar un puente peatonal que lo conectaba con una islilla entre Manhatan y Queens. Por alli nos dimos una vuelta y regresamos antes de que cerraran el puente peatonal. Una vez en la residencia, cené viendo One Piece en lugar de redactar esto y me fui a dormir, que al dia siguiente tenía misa.

Finalmente el domingo me levanté deprisa para bajar a buscar a toda la gente al rellano y nos pusimos en marcha a Harlem. En el metro nos comentaron de una iglesia y decidimos ir a esa tras acercarnos al Teatro APolo donde habíamos quedado con unas españolas que tenias que venir de Brooklin. Como tardaron mucho regresamos sobre nuestros pasos buscando la iglesia de la que nos hablaron y, al encontrarla y ver que era muy chiquitita y no se parecía a lo que andábamos buscando, nos dimos la vuelta. Yo ya pensaba en llevarles a la que fui la semana pasada, pero nos metimos en una donde no nos pusieron pegas y nos sentamos. Mientras esperbamos les mandé un mensaje a las que se suponía que nos ibamos a encontrar frente al teatro para quedar por la tarde. AL contrario que la otra vez, en esta iglesia no habia instrumento y un proyector de diapositivas mostarba las letras de los cantos o del pasaje biblico en el caso de que no lo tuvieras tu. hubo un momento, después de los cantos y el análisis del pasaje correspondiente, en que el cura hizo mención a la gente que había ése domingo en la iglesia de diferentes partes del mundo y nos hizo ponernos en pie y decir algunas palabras. Hablaron una coreana, unos candienses, dos familias de otros estados y una familia española. Cuando nos llegó el turno todos habían decidido dejarme a mi el marrón de decir ésas palabras, asi que les dije que éramos muchos para ir presentándonos uno a uno y que diría solo que éramos de España y que estábamos muy contentos de que nos hubieran dejado pasar la mañana con ellos, casusando una muy buena impresion entre los feligreses. Luego el cura siguió hablando, pero al cabo de un rato largo nos salimos porque ya pasaban de la una y aun no habíamos comido nada. Nos metimos en un McDonalds, comimos algo rápido y nos fuimos a ver el estadio de los Yankees en ele Bronx, que luego solo pudimos ver la tienda. Desde ahí, los gallegos y yo, bajamos a la Apple Store para encontrarnos con las muchachas que no llegaron a la misa y nos fuimos a Corona Park en Queens a ver la uniesfera y los platillos volantes de Men In Black. En el cesped pasamos tod ala tarde haciendo fotos raras (que me dejarían agujetas al dia siguiente) y jugando al jungle speed, hasta quie empezóa a atardecer y nos recogimos.

La verdad es que ha sido una semana provechosa y ya he visto todo lo que había por ver en Nueva York. Imagino que la próxima semana será más tranquila pero nunca se sabe.por lo menos espero salir más por la noche. Seguriemos informando.

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2 responses

15 07 2009
chusetto

La Biblia según San Héctor Libro II: Nueva York

Hay que ver lo que te enrollas… y luego dices que yo me aburro con el blog… xD

PD: A Héctor le quedan 5 semanas para mojar… 😉

20 07 2009
Maese Fangorn

¡Que hijo de puta! ¿Llevas una cuenta atrás del tiempo que me queda? Te odio y me alegro de que no puedas estar aqui para ver como progreso, ¡ja! ¡ja!…

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