Nueva York da miedo

8 07 2009

Bueno gente,viendo el éxito de los informes semanales que subi durante mi experiencia erasmus he decidido abrir una nueva categoría con los informes de las aventuras transatlánticas en la metrópolis de Nueva York. Si todo sale como lo tengo previsto cada lunes habrá nuevo informe lo que significa que el primero ya llega tarde. Preparaos que han sido solo dos días pero hay un huevo que contar.

Ya me hacía a la idea de que me tendría que buscar la vida cuando mis amigas Sara y Elena me mandaron un mail el jueves 2 de Julio de que al dia siguiente por la noche se ibana ir a cenar con sus compañeras del curso de Nueva York. Para que os hagais una idea ellas ya llevaban dos semanas en la ciudad cuando yo llegara y habia pensado que me podrían enseñar algunas cosas, trucos para defenderme con el trasnporte y tal, etc… Bueno pues no, aunque mi avión llegó una hora antes de lo previsto y les mandé un mensaje al movil para ver si se acercaban rápido, no pudo ser porque se estaban arreglando. Mi trabajo de investigación anterior me recomendaba coger el metro hasta el hostal en Chelsea donde hice una reserva, sin embargo, me entró el pánico nada más bajar del avión. Busqué mi malet en la cinta transportadora, me acerqué a una fila donde una señora me miró el pasaporte y la tarjeta de embarque, bajé al recibidor de inmigrantes, donde tuve que hacer una serpenteante cola como si de una atracción de la feria se tratara antes de que un oficial me llamara y me hiciese poner los dedos y mis pulgares en una pantalla verde mientras me preguntaba por que iba a los Estados Unidos, si conocía a alguien aqui, si tenía alojamiento y me hacía una foto en la que debia salir con cara ojerosa. Luego se me abrieron las puertas a los Estados Unidos. Sabía que debía buscar el transbordador del aeropuerto que me conectase con la red de metro de Nueva York, pero como ya dije me entró el pánico y hice cola para pillar un taxi. Con una tarifa de 50$ que me anunció la ayudanta del aeropuerto, me meti en el taxi y le di la direccion del Chelsea International Hostel escrita en un papel al conductor hindú.

El taxista, imagino que siguiendo el itinerario establecido, subió por la autopista en dirección al aeropuerto de la Guardia, al norte de Queens, vi las torres con los resturantes giratorio de la exposición internacional que en la película de Men in Black decían que eran dos platillos volantes y bajó hasta el puente, eso, de Queens. Luego callejeó por Manhattan hasta detenerse en el hostal de Chelsea. Como no tenía ni puta idea de como coño iba el tema de las propinas excepto que son obligatorias, le di cinco dólares y no rechistó. Para cuando llegué allí eran las nueve de la noche (cinco de la madrugada hora española, asi que mal que me pesara les mandé una mensaje a Sara ya Elena diciendo que no podría salir con ellas. Me meti en mi cuarto, me instalé lo justo para ponerme el pijama y dormir. Aquella noche me desperté tres veces. A las tres porque ya no tenía sueño, a las cinco para ver si ya era de día y a las siete para ponerme en marcha, ducharme y buscar el desyuno.

El sábado fue cuando conocí a Felix, una lemás que estaba a punto de empezar la universidad y que estaba en Nueva York para cuatro días. La primera frase que le dije fue “¿Es aqui para lo del desyuno?” porque andaba tan perdido en el hostal como yo. Luego nos enteramos de que el desayuno era a partir de las ocho asi que salimos a dar una vuelta por la manzana y me saqué la metrocard de un mes, el abono trasnportes de aqui, por 81$. Luego regresamos al hostal hablando y fue cuando me enteré de que Chelsea y el Greenwich Village es conocido por su gran población gay. Tras aquello, como no tenia yo ni idea de nada, Felix sugirió de acercarnos el Upper West Side, limitando con Harlem que había yo que sé que cosa por alli, asi que cojimos el bus y atravesamos la Cocina del Infierno. Al abajarnos empezamos a caminar en dirección este, buscando el Parque del Centro (Central Park para los ingleses). Yo creo que debimos entrar por la zona más silvestre del parque porque las hojas de los árbvoles nos tapaban de los edificios. Una vez dentro pude hacer gala de mis inutiles conocimientos adquiridos en las jornadas de Parqueología de Conocimiento del medio durante la carrera explicándole al alemásn que todo (hasta las rocas gigantes) era artificial, traido de fuera). Aparecimos cerca de unos campos de beisbol donde unos chavales andaban jugando lo mismo que juegan al futbitol en España. Seguimos caminando hasta atravesar el circuito de footing que estaba en hora punta, y salimos a la calle 97 donde estaría mi residencia, al lado del Hospital Metropolitano (dato importante para el informe de la próxima semana) y segimos hasta ver la ribera del río Este. Luego cojimos un bus hasta el puente de Queens, y pasamos por debajo para descubir el teleférico que te deja en la isla de Roosevelt. Continuamos bajando hasta las Naciones Unidas, que no pudimos pasar al tour porque no habia tickets ya asi que nos conformamos con ver el recibidor y las esculturas de fuera. y luego bajamos al metro para ir a ChinaTown, donde dimos un par de vueltas y pasamos a Little Italy. AL final decidimos comer en un resturante chino-vegetariano de Chinatown. Y de ahi salimos con prisas porque había quedado en que nos encontraríamos con Sara y Elena para ver los fuegos artificiales del cuatro de julio.

Por la atrde nos encontramos con ellas y esperamos a su amiga Valeria, de Ecuador, y salimos marchando a ver si encontrábamos hueco en la costa del río Hudson, que este año los fuegos los lanzaban desde Nueva Jersey. Yo nunca había visto mayor seguridad en la zona de los espectadores para ver unos petardos al aire libre. El tramo de carretera que cortaron estaba vallado por sectores regulados por policias y menos mal que llegamos pronto, que para las nueve ya no habia hueco y la gente se quedaba de pie al otro lado de las dos filas de verjas que habían puesto. A la nueve y veinte empezó el espectáculo. Cohetes que no había visto en la vida: caras sonrientes al estilo smiley, en forma de doble-cono o diávolo, emulando ramas de sauce llorón, bolas de puntos con hexaedros en su interior, y mi favorito, una explosión de chispas que serpenteaban al perder impulso. Los fuegos artificiales más largos que haya visto, media hora de petardazos. Luego salimos de alli buscando un bar que conocían para tomarnos algo medio sonámbulos y regresamos al hostal.

El domingo por la mañana, sin noticias de Elena y Sara, Felix y yo madrugamos para ir a ver una misa gospell en Harlem, al lado del teatro Apolo. En las iglesias que encontramos había dos colas, una para los feligreses y otra para los turistas, que en miuchos casos superaban a los feligreses. Todos los afroamericanos arregladitos, las señoras con sombrero, los hombres con traje y hablando entre ellos con ese acento tan característico. Llegamos a las nueve y media, asi que nos perdimos el servicio de las nueve y aprovechamos para callejear y ver el teatro Apolo. Luego hicimos cola en la Primera Iglesia Algoescritoenelmedio de Harlem para el servicio de las once. Cincuenta minutos esperando al sol para pasar adentro.La iglesia era en realidad un teatro rehabilitado, los feligreses en el patio de butacas, los turistas en el palco y el escenario para el coro, la orquesta y el predicador. ¿Cómo decirlo? Lo has visto en series, lo has visto en películas pero no hay nada como verlo para hacerte a la idea de lo que es. Ir escuchando lo que dice el cura y que se oiga “¡aaamén! cada dos por tres. Cuando se quedaban pillados o mencionaban el nombre de alguien de la Biblia decia el que leyera “aaamén” y una que leyó un nosequé sobre Abrahan y su hijo y comentaba las conclusiones que sacaba del texto decia “amen” cada vez que buscaba el renglón donde se había quedado en vez de decir “eehh…” que es lo que dicen las personas humanas. Me gustó la misa, yo creo que es la unica vez que he ido a misa de forma voluntaria y encima haber hecho cola para entrar a una iglesia. Había mucha marcha dentro y me gustó la forma de que cada cual leyese e interpretase las escrituras crsitianas como le diera la gana, no como lo dijese el obispo o el cura, o el que este a cargo. daba mucha libertad y la musica ayudaba a enfatizar el sentido de comunidad y de alegria y esperanza que debe dar la religion, en vez de la vergüenza, la culpa y todas esas milongas de los pecados de lo que se hablaba en las misas a las dos ´ñunicas misas que me llevó mi abuela cuando veraneaba en el pueblo.

Tras eso regresé al hostal, que debia hacer el check out. Felix me acompañó y, aunque pensaba comer algo cerca de la residecnia, le convencí para que nos quedásemos en un bar cubano. Luego nos separamos y le dije que había quedado con Elena y Sara para ver Highland Park. Coji un taxi a la residencia, me acerqué a recepción, hice el check in y me hicieron el carné magnñetico para pasar adentro. En mi habitación empecé a deshacer la maleta cuando llegó mi compañero de piso, José de alguna parte de Andalucía (es que luego me presentó a su amigo Manu y dijeron Huelva y Sevilla y no me fijé de donde era cada cual). Al parecer habían venido juntos el sabado y habian dormido en el aeropuerto, acaban de llegar y  no tenian mucha idea de la ciudad asi que les dije que se vinieran a ver el parque en las vías ferroviarias. Ahi fue cuando fuimos a buscar a su amigo Manu y me contaron que la agencia les habia hecho todo el lio ponéndoles a cada uno en habitaciones separadas. Bueno el caso es que nos pusimos en marcha y llegamos los primeros al cruce donde quedé con estas muchachas. Ebseguida llegó Felix y mientras le pregunatba sobre lo que había hecho después de comer aparecieron Sara y Elena y nos pusimos a seguir a la experta (o sea, a Elena) hasta que llegamos a la entrada del parquecillo. No estaba mal, los pasos elevados del viejo metro habían sido cubiertos con arena y habían dejado pequeñas jardineras  a nivel del piso con arbustillos y arboles jovenes que se secaban rápido debido a que no tenian suelo lo bastante profundo como para echar raiz. La verdad es que estaba muy bien, pero las jardineras deberían ser más altas para contener más tierra para los ñarboles. Luego del eso cojimos el metro hasta el east Side, donde las chicas nos enseñaron una tienda de yogurlado donde tenían una mezcla que era tarta de queso, sabia tanto a una tarta de queso sólida que parecía que habian cogido la tarta la habían triturado en una batidora y la habian congelado para hacer el helado. Luego fuimos al East Park, donde vimos a las gente de las VPO haciendo sus barbacoas y sus actividades como los sudamericanos en el Parque Pradolongo y bajamos bordeando la costa del rio Este hasta el Puente de Brooklin. Atravesamos el Puente de Brooklin por completo (no encontré ningun bucle espacio-temporal que me transportase a principios del siglo veinte) y una vez en el metro de Brooklin nos eparamo, las chicas se fueron hacia el sur y Jose, Manu, Felix y yo hasta Union Square. Antes de bajarnos, me despedí de Felix, porque ya no le volvía a ver. Cojimos el metro express hasta la calle 86 y subimos la avenida Lexington buscando algun sitio donde cenar. Encontramos una diminuta pizzeria y encargamos una pizza para llevar. Seguimos subiendo y vimos un supermercado a punto de cerrar asi que Jose y yo pasamos a buscar algo de desayunar. Después subimos hasta la residencia, al cuarto de Manu, donde ya estaba su compañero de piso, un catalán un tanto parado que rechazó nuestra oferta de cenar y nos fuimos nuestra habitación. Después a dormir que al día siguiente tocaba presentación en la cademia.

Fin de semana completito, como veis. No cambieis de canal, la proxima semana más.

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One response

8 07 2009
chusetto

Para el bucle espacio-temporal tienes que saltar desde el centro del puente de Brooklyn…

No es yogur ni es helado… es yogurlado… *_*

¿No te da vergüenza haber estado en el West Side y no haber bailado como un macarra…? ¬¬

¡Qué envidia me das!

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