Terceras crónicas 17

3 07 2009

(Ahora)

Frontera del Quinto y Octavo mar. Centralita de la Autoridad. Gran Salón. Corte Marcial contra el director general de la Comisión de Investigación, el contralmirante Phill McPherson.

La mayoría de los máximos mandatarios de la Autoridad se encontraban presentes en la cámara, contemplando el proceso. La presión que ejercía el vicealmirante Primero y su División de Acción Directa había agilizado los trámites en torno al juicio. Y una vez más, Luke Wise parecía ser el único hombre sensato en la cámara.

Gracias a sus habilidades oratorias, el contralmirante Phill McPherson había conseguido deshacerse de los cargos contra él e inculpar al preso número 081087. Ya no se le consideraba a él responsable del fiasco en que resultó la misión de localizar y eliminar a los tripulantes de la Fenris, sino que el fracaso se debía a la excesiva autonomía e insubordinación del sujeto encargado de tal misión.

Phill McPherson se encontraba contra la espada y la pared hasta que dejó entrever la posibilidad de interrogar al preso en el juicio. Tras desviar la atención hasta el preso y lograr despertar el odio contra aquel asesino en la sala, el contralmirante pasó a jugar su as en la manga. Cuando explicó que tenía acceso a un duplicado, los representantes de la Autoridad, incluyendo el irascible vicealmirante de la División de Acción Directa, olvidaron los cargos de los que se le acusaba y pasaron a centrarse en el sujeto del experimento, esperando conseguir explicaciones sobre lo que sucedió.

La poca participación del preso durante las rondas de preguntas había forzado a los interrogadores a utilizar métodos de persuasión más eficaces para obtener respuestas. Al no conseguirlas de forma pacífica, decidieron usar la fuerza, utilizando métodos más directos. Sin embargo el preso no reaccionó a los puñetazos. Querían saber dónde se encontraba en ésos momentos, sabían que ahí fuera, en algún lugar, uno de sus duplicados estaba libre y querían saber qué estaba viendo, qué estaba haciendo, si estaba solo o no. Tras infructuosos intentos de sonsacarle la información optaron por vía más sutiles. Le privaron de las escasas raciones de comida que recibía y no le permitían dormir. Esperaban que eso le debilitara tanto física como moralmente y al final, al borde de la desesperación, confesara todo lo que sabía.

Esto tampoco funcionó. El preso número 081087 era más duro de lo que pensaron y a pesar de las amenazas, sus heridas, su desnutrición y su cansancio seguía sin responder. Apenas se tenía en pie, le costaba respirar de forma normal, temblaba y estaba pálido y, a pesar de todo, no cedió en ningún momento. Ninguno de los soldados que le custodiaban entendía qué mantenía a semejante monstruo todavía con vida.

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6 07 2009
chusetto

Genial el capítulo, Héctor. Una buena despedida antes de tu marcha a los States… ^^

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