Diario de a bordo LXVII

12 06 2009

El camino hasta la Ciudad Capital era mucho más largo de lo que recordaba. A los dos días de marcha apenas se conseguían distinguir las cimas de las montañas del norte de la isla, a cuyos pies se encontraba nuestro destino.

Avanzábamos a ritmo regular por el sendero de arena amarilla ascendiendo y descendiendo colinas. A veces hablábamos entre nosotros. Otras veces, la mayoría, estábamos en silencio. Tras las primeras horas de marcha Vircof dejó de quejarse. Con frecuencia se podía escuchar el eco de un graznido. Siempre sonaba igual, parecía que aquellos pájaros se comunicaban a medida que nos desplazábamos. O tal vez era siempre el mismo pájaro que nos estaba siguiendo. Día tras día la fatiga empezaba a hacerse notar. Quien más parecía notarla era el médico. Cada vez se veía más cansado. Sus ojeras seguían en aumento, jadeaba como si le faltara aire a su alrededor y su piel parecía cada vez más demacrada. A pesar de que los demás estábamos en las mismas condiciones, sólo él parecía llevarlo peor.

Comíamos cualquier cosa que encontráramos. Normalmente Vircof avistaba alguna criatura pequeña y la cazaba con su ballesta. Txus se encargaba de despellejarla, yo preparaba la fogata y Caos buscaba hierbas para especiarla o raíces que sirvieran de guarnición. Cuando no encontrábamos nada nos conformábamos con las escasas y extrañas ranas y lagartos que encontrábamos. Ya no teníamos el río cerca por lo que no teníamos donde pescar ni agua para beber. Entre los bosquecillos que empezaban a abundar a medida que nos dirigíamos al norte encontrábamos pequeñas charcas de agua cristalina donde saciábamos nuestra sed.

“Un pregunta estúpida. ¿Qué haremos una vez lleguemos a Capital?” Preguntó Vircof una tarde. No era para nada una pregunta estúpida. No teníamos ningún plan de acción. Necesitaríamos tiempo para pensar en algo. Ni siquiera Caos, que era quien más convencido estaba de cómo solucionar los males de Elbaf tenía una respuesta. “¿Esperar a que caiga la noche y atacar?”

“No. No será tan sencillo.” Dije. “Llevamos mucho tiempo caminando. Todavía nos queda un largo trecho por recorrer hasta que lleguemos a la ciudad Capital y, cuando consigamos llegar, estaremos cansados y sin fuerzas. Deberíamos pensar en recuperarnos y ver qué hacer una vez estemos allí. Estudiar el terreno…” Sugerí. Vircof no decía nada y estaba claro de que Caos no había pensado nada de eso. Txus apenas se tenía en pie y tambaleaba. “… examinar los puntos débiles y explotarlos. Creo que deberíamos avanzar discretamente y colarnos sin llamar la atención antes de nada.”

Vircof comenzó a discutir. No conseguíamos llegar a ningún acuerdo. Si el destierro de Caos seguía vigente seguramente habría guardias en las entradas de la ciudad. En el supuesto de que consiguiéramos sortearles, todavía necesitaríamos un sitio seguro donde recuperarnos. Cualquier coloso que nos viera intentaría capturarnos y vendernos. Llegar a la ciudad Capital era sólo el comienzo de nuestros problemas. La conversación se prolongó durante mucho tiempo.

“¿Y cómo se supone que vamos a acabar con ésa elegida? Por lo que sé también es una colosa ¿no? Podría aplastarnos tan fácilmente como hizo Caos con nosotros.” Argumentó Vircof.

“Me da igual lo que decidáis, pero hacedlo rápido…” Interrumpió Txus temblando y sudando de forma enfermiza. “… no tenemos mucho tiempo…” Y cayó al suelo inconsciente.

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One response

19 06 2009
cHuSe

¿Ya me has matado, cabronazo? xDDDDDDDD

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