Diario de a bordo LXI

14 04 2009

Pasamos la noche al pie del árbol, alrededor del fuego. La conversación se alargó poco más. Estábamos agotados después de la caminata del día anterior así que cuando terminamos de hablar enseguida caímos dormidos.

Fui a Elbaf para encontrarme con T’ChaiChu después de tanto tiempo. No pensé que en mi ausencia las cosas hubiesen empeorado tanto como para obligarle a cambiar de nombre. Ahora Caos intentaba hacer lo que podía por proteger su cultura y yo no sabía por cuánto tiempo podría permanecer allí. Janos no sabía hacia donde me dirigía y, por tanto, tampoco lo sabía la Autoridad, aunque no quería confiarme. Ahora que había vuelto a ver a mi viejo amigo solo tenía que animarle a que se viniera conmigo y recuperar mi brazo. Ése era otro asunto que me preocupaba. Tampoco sabía por cuánto tiempo podría estar sin mi cuerpo completo.

En cualquier caso, ya era muy tarde como para decir nada. Lo mejor sería pensar en ello al día siguiente. Seguro que a la luz del día las cosas parecerían más sencillas.

A la mañana siguiente los suaves rayos del sol me despertaron. Aún quedaba un poco de bruma matutina, desapareciendo por las colinas de la planicie. Todavía no empezaba a hacer calor, es más, se notaba incluso un poco de fresco. Eché un vistazo a mi alrededor, las brasas de la pequeña fogata de la noche anterior hacía tiempo que se habían consumido. Txus seguía apoyado contra el tronco del baobab exactamente igual que como se había dormido y Caos estaba tirado en el suelo, descansando sobre la mullida hierba. No había rastro de Vircof. Un graznido agudo me hizo dirigir la mirada a la piedra del otro lado del sendero. Con cautela me levanté y me acerqué.

“¿Vircof?” Llamé en voz baja.

“¿Qué? ¿Qué? Ah, hola…” respondió sorprendido.

Se encontraba agazapado detrás de la roca. Había aplastado la hierba a su alrededor para alisar el terreno. El suelo estaba lleno de restos de comida, pequeños trozos de carne desmigada y granos de cereal. Cuando alcé la vista por encima de la roca estaba guardando flechas y demás cachivaches que solía llevar.

“¿Qué estabas haciendo?” Pregunté.

“N-nada, nada… Estaba, eh, cazando…” Respondió nervioso de forma apresurada. “Se me ocurrió levantarme temprano para cazar algo y tener algo con lo que preparar el desayuno. Ahora mismo estaba a punto de atrapar una liebre cuando has aparecido, pero la has espantado y se ha largado corriendo.”

“Vaya, perdona.” Dije no muy convencido. “¿Te ayudo en algo?”

“No, no te preocupes. En seguida vuelvo.” Se apresuró a decir. Creo que se dio cuenta de que había sido muy brusco e intentaba arreglarlo. “Termino de recoger y voy.”

Vircof regresó al árbol un momento después, sin haber cazado nada. Aunque aún no tenía hambre, lo cierto es que sería conveniente comer algo antes de emprender el largo camino de regreso al barco. Txus y Caos se estaban despertando cuando Vircof se sentó de nuevo bajo el árbol. Txus estaba fatigado a pesar de haber dormido más que de costumbre. El poco rato que estuve despierto después de que se durmiera la noche anterior y aquella misma mañana antes de buscar a Vircof le había visto reposando tranquilamente y sin embargo Txus tenía ojeras y se le notaba cansado. En cambio Caos se había levantado completamente despejado y, tras hacer un par de ejercicios para despejarse, sacó un par de pescados secos de lo alto del baobab y nos los ofreció de desayuno.

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