La gente del piso en Varsovia.

9 02 2009

Vamos allá una semana más. El lunes por la tarde quedé con bárbara para que me asesorara a la hora de hacer una compras. me explico, las cosas son baratas en varsovia, y mucho más en rebajas, asi que no quería dejar pasar esta oportunidad para renovar mi fondo de armario. Como imagino que muchos ya sospechareis, mi sentido de la moda está en ése lugar donde la espalda cambia de nombre, por lo que pedí ayuda a Bárbara, para que me asesorara. El resultado fue muy productivo. Aunque en un principio llevaba la firme intención de comprarme un par de pantalones vaqueros, al final la cosa se quedo solo en uno, un poco ancho y de botones en vez de cremallera, uno de pana marrón tambien ancho al estilo del que tengo de pana verde, una sudadera fina, una camiseta de manga larga de rayas azules muy a la mode y finalmente unos pantalones sencillos grises que me aprietan un poco pero es cuestión de darles de sí. Después de eso, Bárbara me invitó a cenr en su casa, y es que como media gente Erasmus de los que viven en los pisos se ha vuelto a España a hacer los exámnes de febrero, la casa de Bárbara y SIlvia no está tan frecuentada como de costumbre. Intentamos pedir unas pizzas, pero dada la barrera lingüística, al tercer intento decidimos comer unas patatas fritas y jamón que había por la cocina. Finalmente vinieron Nacho, Miguel, Mónica y Mari (que no Mary, ni María) y nos fuimos al club 70’s como la semna pasada. Alli nos encontramos con más españoles de Erasmus, aunque tampoco muchos porque, como ya dije, la mayoría está en España. Y asi se pasó la noche sin más novedad que la de ir saludando al personal e intervenir n las conversaciones dada mi incontinencia verbal. La buena noticia es que, a pesar de la barra libre, no bebí mucha cerveza aquella noche asi que podía darle a la sin hueso con quien quisiera con total impunidad ya que mis comentarios normales parecían los propios de alguien que se ha tomado demasiadas copas de más. Destaco también como principal momento de la noche, cuando ayudé a Bárbara a despegar un disco de vinilo de la pared y guardarlo en su bolso. Y ahora que lo pienso, tampoco estuvo mal el momento en que bailé con la islandesa que estudia japonés imitándola (si, estaba en la fiesta y como no tenía nada mejor que hacer la seguí el rollo aunque lo cierto es que a mi lado parece una camionera). Ya casi al final de la noche me encotré con Ana y André, que habían llegado un poco más tarde que yo pero con quiene no había tenido ocasión de hablar. A medida que la gente empezaba a irse, no me di cuenta de que Barbara y Silvia ya se habían largado, Ana y André parecían tener intención de recogerse. Asi que me fui con ellos. Ya era muy tarde para el servicio nocturno de transportes, pero muy temprano para el servicio regular de transportes, asi que fuimos andando hasta la Estación Central, para hacer algo de tiempo. Por el camino, hablando como quien no quiere la cosa, descubrí que no solo la marquesa me caia mal a mi, sino que también había tenido sus asperezas con Ana. Total, que riéndonos de la marquesa y comentando planes inciertos sobre salir a cenar a algun lado antes de que Ana regresara a Portugal o de su cumpleaños el jueves llegamos a Centralny con la intención de comer un kevab o algo, pero como estaba todo cerrado, al final nos cogimos un taxi y llegamos a casa.

El martes creo que estuve en casa todo el rato. Viendo series y hablando por el messenger, revisando el blog y haciendo tontunas en el youtube. Recuerdo que intenté ponerme a editar el video que grabé en nochevieja en casa de Armando comiendo buñuelos de nata en lugar de uvas con las campanadas, pero no pudo ser porque debió ocurrir algun error o algo cuando lo pasaba de la cámara al ordenador porque el vídeo no tiene sonido, asi que ya intentaré apañarlo cuando vuelva a Madrid. También sali a hacer la compra, nada serio lo justo para ir tirando.

El miércoles me acerqué a Radomska, que aburrido en el Facebook me encontré con Jacobo y me dijo que me pasara porque parace ser que tenian una fiesta de despedida de un húngara con quien no he tenido más que el placer de cruzar tres palabras (“me llamo Héctor”) porque al dia siguiente se volvía a su casa porque el Erasmus se le acababa. Llegué un poco tarde, pero en la puerta estaba Jacobo esperándome y Javi, que acaba de llegar. Dejamos los carnés en la recepción y básicamente lo que hicimos fue ir a la habitación de uno de los españoles y ponernos a ver videos en el youtube sobre la Hora Chanante. Cuando aquello se empezaba a poner aburrido, llegó Igor y nos dijo que bajáramos a la habitación de la hñunbgara que allí no habia ni dios. Asi que cuando nos movimos para allá, de uno en uno y poco a poco porque la gente debia tener cosas más interesantes que hacer que venir a despedirse de la rubia. El caso es que pasados veinte minutos nos congregamos en la cocina una buena cantidad de gente, la maoría italianos y españoles, y por ahcer conversación, los españoles se pusieron a hacer planes para la noche. Por lo visto con los que estuve viendo la Hora Chanante querían ir al Philosoficna, para variar, en cambio las chicas llevaban sus propios planes y querían ir a probar otro sitio, similar al Filosophizna pero en otro lado. Con tal de variar un poco me apunté descaradamente a ir con ellas, aunque andaban con prisas, pendientes de salir enseguida porque no pensaban salir de fiesta, simplemente a investigar. Habida cuenta de cómo estaba el plan, comencé a dejar caer en mis conversaciones co javi y los demás la posibilidad de ir con las chicas al sitio a l que fueran. En fin divagando divagando regresé a la habitación donde empezamos y conseguí convencer a Nico, que tiene más confianza con la gente de Radomska y desde luego mucho más gancho, para que nos fuéramos porque andaba él ya protestando de que a ué hora pensaba la gente salir. En fin, que gracias a eso pareció que el grupo se ponía en marcha, pero las chicas ya se estaban yendo para no perder el autobús nocturno y yo salí detrás de la última. Cuando quise darme cuenta estábamos corriendo por la calle de camino a la parada del bus que por poco se nos escapa. ¿Notais que me falta algo? Pues si, me olvidé de recoger el cerné de estudiante de recpción, el carné de estudiante que además es mi abono transporte. Al parecer detrás de las chicas solo iba yo. Supongo que cuando los demás vieron que no les daba tiempo ni a ponerse los abrigos porque ya estábamos corriendo bajando las escaleras se riendieron y lo dejaron pasar. Por cierto, que recuerdo haberme cruzado con Natalia segun bajaba las escaleras y decirla “Creo que te conozco”. Después de bajarnos del autobús en Centralny cruzamos en dirección al sitio que habían encontrado en internet. Algunas se pararon a sacar dinero en un cajero y nos pusimos a buscar el lugar. No tardamos mucho en llegar puesto que era básicamente en linea recta. Por el camino pasamos por frente a la embajada de Marruecos ¡cómo me subió la moral! Mi casa del pueblo es más grande que la casucha que tienen, ja ja ja ja ja… En fin, volviendo a lo que decía, el sitio estaba bastante apagado, normal siendo un miércoles, pero parece que prometía. Nos pedimos unas cervezas y hicimos como que bailabamos. AL igual que la semana pasada en el klub55, en esta también estaban poniendo una película de época, una de Marlon Brandon en sus años mozos, aunque ya se acababa y la siguió otra más moderna, a color, pero con la misma temática de “joven rebelde llega a pueblo perdido en el desierto lleno de paletos que no le comprenden donde hay una muchachuela que suspira por él y al final acaba poniendo patas arriba las tranquilas vidas de los pueblerinos”. Ésa no llegué a verla acabar. A todo esto yo seguía con mi primera cerveza como si nada, mientras las demás ya llevaban dos o tres o, en el caso de MariFeli, dos vodkas con Redbull. Una de las chicas, Anabel, se puso a hablar con una negra de portugal que era además la novia del que pone los discos en una discoteca (tambien conocido como disc-jockey, dj o el pincha por los más clásicos), al parecer llevaba tiempo ya en Varsovia pero no debía tener ucho amigos que hablaran portugués o español porque nos contó toda su vida desde su primer viaje a Polonia y para terminar nos habló de un supermercado donde comprar productos más occidentales (como aceite de oliva, lomo, o berberechos) y les dió su teléfono para que la llamaran (personalmente, me dio la sensación de que andaba un poquitín desesperada, pero no la culpo esta ciudad tampoco es para echar cohetes). Después de eso, cuando vimos que aquello perdía más fuelle del poco que tenía a eso de las dos y media (lo que se considera temprano), salimos a la calle. Inma preguntó al chaval que recogía los vasos de las mesas si había cerca otro sitio y éste le respondió que el bar Punk estaba cerca, un bar del que había oido hablar pero al que no me he acercado de momento. Siguiendo sus confusas indicaciones llegamos a la puerta, pero resultó que estaba cerrado. Asi que nos pusimos a callejear hasta encontrar un punto de referencia. Acabamos en la Plaza de la Constitución, cerca del restaurante checo y por los alrededores de mi facultad. Como era muy temprano, la decisión fue ir al Luzztro que tarde o temprano el resto de españoles se dejarían caer por allí cuando sus respectivas zonas de fiesta empezaran a cerrar. Asi que nos fuimos andando para allá con MariFeli repitiendo todo el rato lo mal que estaba llevando la borrachera. Yo no tenía intención de entrar a menos que no hubiera que pagar y resultó que por ser miércoles, la entrada era gratis. Asi que allí nos quedamos dentro, calentitos y haciendo tiempo hasta que el resto de la gente comenzara a llegar. Hubo un momento en que Inma, Ana y Anabel se pusieron a hablar de gente que conocía de vista y, como me perdía en la conversación me fui a donde MariFeli, que estab sentada, escribiendo un mensaje en el móvil todavía con el abigo puesto. Y es que parece ser que tenía frío y no acaba de enocntrarse cómoda, digo yo que estaría desenfriada por levantarse temprano para ir a un examen que le quedaba pendiente, el caso es que además le estaba llevando demasiado escribir el mensaje porque no atinaba a darle bien a las teclas de las letras de la que llevaba encima. Un par de horas después el Luzztro estaba ya lleno de gente, lleno de españoles y la cosa ya se estaba animando, sin embargo, después de tanto ir caminando y de llevar de pie sin hacer nada dentro de la discoteca ni se sabe yo ya empezaba a estar cansado y como veía que MariFeli también parecía tener intención de irse, me salí con ella, cogimos un tranvía y yo me bajé en Centrum para cambiarme de linea mientras ella seguía. Me desayuné un kevab en los subterráneos de camino a la parada y me lo ventilé antes de que llegara el tranvía.

El jueves era el cumpleaños de Ana, mi compañera de piso, que pensaba celebrarlo en el Filosofichna. Me desperté a la una, me levanté a las dos, a las tres ya estaba duchado y a las cuatro me puse a ver series (ya he empezado la quinta de Aquellos Maravillosos 70). La noche anterior escuché que en Radomska estaban viendo si la semana que viene, que es vacaciones aqui todavía, se iban a Budapest o algo y antes de irme del Luzztro le dije a Inma y a Javier que me avisaran con lo que fuera, asi que me abrí el facebook y el messenger que no se por qué me tarda como tres cuartos de hora en abrir, esperando encontrarme con alguien que me dijera algo y a eso de las cinco y media Inma me escribe diciendo que avise a Javi para encontrarnos todos los del viaje a Budapest en cebtralny y sacar los billetes. Me puse a ver un capítulo y se me olvidó avisar a Javier, hasta media hora antes de cuando habiamos quedado, cuando ya me estaba preparando para salir. En Centralny me encontré con MariFeli, que venía de la facultad y había llegado antes, luego llegaron los demás y ns organizamos en grupos diferenciando los que se ibana Budapest y volvían y los que después de Budapest queríamos acercarnos a Viena, también concretamos los días que íbamos a estar y organizar un poco cómo nos lo íbamos a montar. Al final resultó que tanto esfuerzo para nada, porque el precio de un billete individual sólo de ida con cama reservada (que son doce horas en tren que a ver quien es el que las aguanta despierto) salía por 551 zlotis y era excesivo según la mayoría de los que estábamos delante del mosrador con la taquillera mirándonos raro. Fue en el momento de ver si nos hacían descuento de estudiante que eché un vistazo a mi cartera para ver si tenía el carné cuando me di cuenta de que lo había olvidado en Radomska la noche anterior al salir corriendo. Como la gente pesnaba que era muy caro nos echamos atrás y buscamos alternativas, y sin pensar en nada, igor sugirió Lituania que era más barato por lo que él había visto. Asi que nos salimos de la oficina de venta y, como MariFeli llevaba el portátil, nos subimos a la planta de los restaurantes pensando que allí habría wi-fi, pero no pudimos conectar. Y a eso de las siete y media Igor dijo que se volvía a Radomska porque le había prometido a la húngara de la fiesta de anoche que la ayudaría a llevar las maletas hasta Centralny que era de donde salía el tren. Aproveché y me fui con él a ver si recuperaba mi carné de estudiante. Ya con el carné en la mano volví a Centralny junto Igor y dos más de Radomska, la hungara y sus tres maletas y la mochila de montaña que llevaba por equipaje. Como sólo habíamos tardado una hora en salir de la zona de los restaurantes y volver, pensé que quedaría alguien por allí, pero cuando me acerqué ya se habían ido todos, asi que me bajé al Carrefour a comprar lechuga y unos Ferrero-Rocher de regalo de cumpleaños para Ana y me volvi a casa. En casa solo estaba Ana, esperando a sus padres (que venían desde Portugal en una autocaravana a recogerla y, aunque se suponía que venían al dia siguiente, se habian adelantado a lo previsto), asi que le di los bombones y le pregunté por André. Al parecer André y la marquesa se habían ido a cenar al Pizza Hut y después iban a a casa de Javi, desde donde saldrían hacia el Filozophichna. Ana me dijo que si tenía prisa me fuera ya, pero yo tenía que cenar y cambiarme la ropa antes de salir asi que tenía tiempo. Ana tardó lo suyo en ir a busacra sus padres a la estación y a mi me dio tiempo a hablar con Natalia por el facebook. Al parecer ella tambien empezaba a estar harta de la marquesa, porque aquella tarde había ido a Radomska a hablar con ella y, como tema de conversación se estaba quejando (para variar) de véte tu a saber que cosa. El caso es que Natalia me dijo que lo de ser mentora de la marquesa parecía ser un error burocrático de la Oficina de Relaciones Internacionale de Varsovia, porque cuando Natalia se presentó voluntaria al programa de los mentores inicialmente le asignaron a mi y que luego, cuando la otra llegó de su curso intensivo de polaco en no sé dónde debieron confundirse y le dirigieron a Natalia para que la ayudara con cosas de fuera de la universidad. Esta semana has etsado llena de gratas sorpresas, en relacion con que nadie quiere a la marquesa. En fin, que después de eso llegó Ana (sus padres aparcaron la caravana en el parking de la urbanización) y salimos para afuera. Antes de ponernos en dirección del piso de Javi, Ana me presentó a sus padres, gente muy maja que me ofrecieron embutido de Portugal que era como lomo curado con un regusto a vino. Según estábamos hacinados en la caravana, Ana me metió en el abrigo un flan danone y unos bollos doo-whap. Después de eso, como ya se nos habñia escapado el autobús nocturno, cogimos un taxi para llegar al piso de Javi. El taxista se confundió y en vez de ponerse en dirección a la calle Vilanosca (paso de mirar en el mapa para ver cómo se escribe) se puso en direcció a la avendida Vilanosca. Menos mal que me di cuenta a los pocos segundos de subirnos y rectificó el rumbo (aunque no reinició el taxímetro) en cuanto se lo dije, que a pesar de que los taxis son baratos aqui no está la economía para andar haciendo derroches. En el piso de Javi estaban Leo, Nico y el compañero de piso de Javi, Fran, asi que nos pusimos a hablar ya pasar el rato hablando, Ana, André y Joana por un lado, de vez en cuando con Leo o conmigo y después la marquesa con Nico. Aprovechando uno de los los interludios en los que no participaba en ninguna conversación me tomé el flan danone. Pasado ya un buen rato a Nico le entraron ganas de salir y, como ya iba siendo hora de que la gente se encontrara rumbo al Filosofizna, nos pusimos en marcha. Alli dentro estaban cuatro de Radomska, a pasar el rato. Segun el Facebook, aparte del cumpleaños de Ana, era también el de un español llamado Benjamín, que lo estaba celebrando en casa de Bárbara y Silvia. Y además había un evento convocado de una fiesta general de despedida para los que se iban. A pesar de todo, españoles eramos menos de lo habitual, pero aun asi nos lo pasmos bien, dando brincos al son de la música ésa rara que ponen en las discotecas y que por una vez no era reggae. Alli la gente no dejaba de empinar el codo y a mitad de la velada me compré otra cerveza, que salen más baratas que la coca-cola. La marquesa estaba completamente ida, dando vueltas como una loca, en una de estas se me pegó y al mover la cabeza me pasó todos los pelos por la cara. Después de aquello estuve cambiándome de sitio en función de donde se moviera, porque como nos apiñamos en forma de circulo, para ponerme justo en el lado contrario a ella. Viendo que esto no acaba de solucionarse, puesto que tarde o temprano se movía a una posición más cercana y que en el escenario estaban los de Radomska con las pocas polacas que había en el local me subí con ellos. Pero cual fue mi sopresa que a los pocos minutos volvía a tener a la marquesa ami espalda, asi que me bajé cagando leches. De ahi ya no se bajó nadie más y pude felicitar con tranquilidad a Ana, que estaba pensando en irse a casa después de aquello porque al día siguiente tenía que acompañar a sus padres a hacer turismo. Todo el mundo fue al Luzztro después y como seguramente habría que pagar, me volví en el taxi con Ana. Por el camino Ana mencionó la cogorza de la marquesa mientras nos comíamos los doo-whap que nos habían dado sus padres y llegamos a la conclusión de que estaba intentando conocer gente porque debía de darse cuenta de que la mayoría de portugueses que conocía era a través de Ana y André, que se van ahora en febrero y los españoles y gente de fuera, era a través de Natalia y Timi (la húngara que a la que despedimos viendo la película del DiCaprio y la otra la semana pasada). Que desasosiego, que tristeza, que pena, que se joda. Ana decía que era normal que no tuviese a mucha gente, porque siempre le hacía algún comentario sobre cómo debería hacer las cosas, cómo no hacer ruido al regresar de fiesta por la noche y de cómo véte tu a saber qué. Con esa actitud no se puede ir a ningun lado. Me gustó poner a caldo a la marquesa y asi se lo dije a Ana, que me llevaba dos buenos recuerdos de Coimbra (por André y ella) pero ninguno bueno de Lisboa. Una vez en casa me cené un yogur, mandé un correo a los que se ibana venir a Budapest para quedar al día siguiente y comprobar si el que nos habían dicho er el precio total o el de cuatro personas de ida y vuelta, y me acosté. A las siete me despertaron los ruidos de André y la marquesa regresando. La marquesa sobre todo, porque la habitación de André está segun se entra por la puerta, asi que no da muchos pasos, pero la de la otra y Ana está a mi lado y con el ciego que debía llevar si que se notaba por dónde pisaba.

El viernes transcurrió más o menos igual, esperando a que me respondieran para ver si nos acercábamos a sacar los billetes de tren a Budapest. Quedamos a la misma hora en el mismo sitio y, como llegué un poco antes fui a preguntar por mi cuenta solo para comporbar que, efectivamnte, salía por 551 zlotis. Cuando llegó el resto de la gente decidimos cambiar a un destino más asequible: Lituania y su capital, además si se ve en poco tiempo podríamos acercarnos a Letonia. El precio reultó mucho más económico asi que saldremos el lunes que viene en tren hasta la capital de Lituania y, despues de verla, nos iremos a la de Letonia y volveremos calculo yo que para el viernes o asi. Después de aquello fuimos al Kentucky Fried Chicken desde el que intentamos conectarnos el dia anterior con el ordenador de MariFeli, porque Isa aún no había comido y ya eran como las siete y media de la tarde. Viendo el panorama y aun sabiendo que había dejado carne picada descongelándose en casa, me pedi un menu junto con ella pr aquello de echrme algo al gaznate. Resultó que no fue mala idea, porque al acabar, cuando todos regresaron a Radomska,y después de llavr un buen rato en casa, haciendo tiempo hasta que me dieran las diez para irme de fiesta, llegó Ana con sus padres y se pusieron en la cocina a prepararla cena. Ya cuando estab casi a puntito de irme, Ana vino a invitarme a cenar pulpo, pero le dije que me iba y que muchas gracias. Si lo hubiera sabido que no la volvería a ver me habría despedido más efusivamente.En Radomska nos juntamos casi todos los que íbamos a ir a Lituania, que pensaban aceracrse a una discoteca cercana a Radomska en la que nunca habían estado llamada Proxima. Aprovechando que estaba en Radomska y que iba con un poco más de calam me acerqué a hablar con Natalia, donde fui desviando la conversación hasta que pude hacerla hablar de la marquesa. Y es que resulta que la aristocracia no quería quedarse en el piso, quería una residencia y hubo un día que Natalia la llevó a ver residencias pero ninguna acababa de convencer a la marquesa y tuvo que tragarse las protestas y quejas que le fue soltando todo el rato. Después de eso nos fuimos a Proxima. Al final el sitio estaba muy bien, mejor que otros locales en los que había estado más veces y, al estar rodeada de dormitorios de estudiantes, los precios eran muy baratos: la cerveza que me pedi fueron 6 zlotis y la coca-cola que compré después 3. Para variar la gente siguió con su ritmo habitual de ingesta de alcohol, asi pasó que a mitad de la noche LuisMi se tuvo que retirar y regresar a Radomska porque no se tenía en pie de todas las cervezas que se había tomado y MariFeli no dejaba de repetirme de nuevo lo mal que iba después de todo el RedBull con vodka que se había metido para adentro. Y pensar que según planeamos la noche esta iba a ser una salida de relajo, de tomar una cerveza y volver. Al final los que quedábamos nos volvimos a eso de las cuatro cuando empezaba a no haber gente en Proxima. Javi, MariFeli, Igor y yo nos cogimos un bus hacia el centro. Igor se bajó a por un kevab cerca de la residencia, MariFeli se fue a su casa, dos paradas antes de Centralny y en Centralny, que es el final del recorrido, nos bajamos Javi y yo. Aprovechando que faltaban veinte minutos hasta que salieran nuestros autobuses, nos comimos un kevab de la estación y después cada cual fue por su camino. Cuando llegué a casa la autocaravana de los padres de Ana ya no estaba en el parking. A la mañana siguiente vi de refilón que su sofá cama estaba recogido y ya no estaban sus abrigos en el perchero. Ana se había ido y lo último que le dije fue: “No, muchas gracias, ya he comido en un KFC y me tengo que ir que me esperan”.

El sábado madrugué, me desperté a las diez y media, porque había quedado con gente de Radomska (ahora que las gentes de los pisos están en España haciendo exámenes, Bárbara y Silvia están liadas con sus familiares que han venido de visita solo puedo salir con ellos) para jugar un partido de futbol unto a unos españoles de otra residencia. La verdad es que se pasó la mañana enseguida, entre jadeos y patadas campo arriba campo abajo huyendo de la pelota… Hubo un momento en que me tocó ser portero… no se me da bien ser portero cuando se tiene miedo al balón. Después de eso fuimos a comer una pizza y luego se recogieron a la residencia. Javier y yo cogimos un tranvía a Centrum. Él siguió hacia su casa y yo me fui al centro comercial de Centralny a comprar unos zapatos muy chulos y baratos de rebajas para mi hermano, y ya que estaba, para mi también. Según iba cargado con las cajas de los zapatos no pude evitar preguntarme cómo los iba a meter en la maleta para el viaje de vuelta. Después de eso llegué a casa y me tiré la tarde viendo series y a lo tonto a lo tonto cuando me quise dormir ya eran las tres de la madrugada. Ni aun no saliendo me acuesto temprano. Ya esta demostrado que mi reloj biológico está completamente destrozado con tanta fiesta nocturna que me pego.

El domingo transcurrió tranquilo. Preparando la mochila del viaje a Lituania eché cuentas de los calzoncillos limpios que me quedaban y me fijé en que apensa me daban para terminar la semana, asi que puse una lavadora nueva. A la hora de comer comencé a echar mano de las latas de fabada asturiana que me traje de España. Y hay algo que he notado y que me revienta muchísimo, ahora que Ana no está y que no tiene a nadie con quien compartir la habitación, no entiendo por qué la marquesa se pasa más tiempo en la cocina que parece que vive alli si ya no tiene a nadie a quien molestar. A las cuatro se acercó de nuevo el dueño con la intención de devolverle el depósito a Ana, pero como se había ido antes de tiempo, el dinero se lo ha dado a André (recordemos a los lectores que Ana y André estudian periodismo juntos en la Universidad de Coimbra). Ya sabiendo que me voy de madrugada y André se larga a mediados de la semana, aproveché que me encontré con él en la cocina para despedirme y desearle suerte con sus prácticas en un periódico durante el segundo semestre. Ya que estaba saqué una pechuga de pollo del congelador para hacermelo con arroz. Y por ahora no tengo nada más que contar asi que voy a dar por terminado el blog aunque sean las siete y cuerto del domingo. A estas alturas no creo que pase nada interesante y si pasa ya reeditaré la entrada. Hale, a cuidarse, chavales.

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