¡Qué noche la de aquél día en Varsovia!

19 11 2008
Vale, como siempre, decir que la semana tiene siete días, pero de ésos siete los únicos en los que pasa algo interesante son tres o cuatro, a saber: jueves noche, viernes, sábado y, si me apurais, el domingo. Habiendo dejado claro esto me salto el lunes, el martes y el miércoles y nos trasladamos al jueves noche. ¿Por qué tanta prisa? Os preguntareis seguramente que algo ha debido de pasar el jueves y no con razon. El jueves despertó Héctor en Modo Pesadilla, salió… la bestiecita que llevo dentro. El jueves por la noche me emborraché.

Y tras el spoiler simplemente diré que el lunes llegué de Berlín para encontrarme con que la marquesa ya había vuelto de su road trip por Austria, rodeada de dos Erasmus franceses y el polaco que está intentando cortejarla. O lo que es lo mismo, que yo me habré chupado siete horas de tren a la ida y otras siete a la vuelta de Berlín, pero a ella le tocaron lo menos nueve en coche sólo para llegar a la primera ciudad. WAHA HAHA (risa maquiavélica) y encima tuvo que turnarse para conducir. A ver, que me lio, lo que quería decir es que la marquesa, ni corta ni perezosa había colocado carteles en la casa. Carteles del tipo “Acceso no autorizado. Cuarto de las chicas”, seguramente para prevenir más situaciones tipo Love Hina como la de la semana pasada y, en la cocina, un cartel con normas para mantenerla limpia. Qué curioso, si lo pongo yo todo el mundo dice que soy un alarmista y un impaciente, pero si lo cuelga otra persona nadie abre la boca.

También quiero decir que estamos desde el martes por la noche sin luz en el cuarto de baño. Me explico. A pesar de los serios inconvenientes que presentaba colgar la cortina cerca de los focos de la luz, lo han seguido haciendo y, de alguna forma, todos menos yo se han estado duchando con la cortina colgada de la luz, ahora bien, debe ser que por el peso del agua o porque se les enganche los brazos o la pisen, el brazo de metal donde están los focos y al que está atada la cortina, cada vez se inclinaba más, hasta que de tanto inclinarse, el cable que hiciera contacto con la toma de luz se ha roto o se ha desenganchado y ahora tengo que llevarme una linternilla que me traje del decathlon cuando voy a mear, para saber hacia dónde diablos estoy apuntando. Por fortuna, esto no hizo más que acrecentar mi necesidad de comprarme un flexo y el miércoles, después de clase, me compré uno por ocho zlotis.

Y ahora lo interesante. Eran eso de las ocho de la tarde del jueves cuando decido llamar a uno del grupo de españoles con el que me fui a Berlin, Aurelio, para ver si piensan salir esa noche a un evento organizado por la Oficina de relaciones Internacionales para los Erasmus de Varsovia. No os extrañeis, hacen algo todas las semanas, lo de Halloween, por ejemplo, el día que no pude pasar porque era muy tarde y estaba lleno, también lo organizaron ellos. El caso es que al parecer otra de las de Berlin nos invitaba a su habitación en una residencia, en las afueras de la ciudad. Asi que me acicalé y me fui para allá. Llegué sobre las nueve y Aurelio salió a buscarme a donde el autobús. Como sucede en todas las residencias, tuvimos que dejar nuestras tarjetas de estudiantes en recepción para poder pasar. Pero como las otras planeaban que nos quedáramos hasta más allá de las diez de la noche, que era la hora límite para que los no residentes abandonen el edificio, nos hicieron salir otra vez y deijeron que entretendrían ala conserja para que nosotros nos coláramos. Asi que volvemos a salir Aurelio y yo y, esperando aparecen otros dos chavales de Berlin, que también les habían invitado. Estábamos hablando en la calle, haciendo tiempo para que entretuviesen a la conserja, cuando se asoman dos bielorrusas por una ventana que daba al recibidor de la residencia, y como si fuéramos una tuna Aurelio y yo nos pusimos a cantarlas “clavelitos, clavelitos, clavelitos de mi corazón” y antes de que las otras fueen a avisar a sus compañeras de piso les preguntamos por el número de la habitación por si acaso luego les hacíamos una visita. En fin, la chica de la residencia que se fue a Berlin y su compañera entretuvieron a la conserja y logramos colarnos. Luego se coló Aurelio y los otros dos chavales tuvieron que dejar sus tarjetas para poder pasar. Pedimos unas pizzas por internet. Mientras esperábamos buscamos la manera de hacer que los que dejaron sus tarjetas puedan salir y pasar al piso otra vez, y descubirmos las llaves del candado de la verja que hay en las ventanas de cualquier piso bajo, protegidas tras un cristal dentro de la tipica cajita roja para emergencias. Asi que abrimos el candado, comprobamos que es viable entrar y salir por la ventana y en media hora, se salen para recuperar sus tarjetas y colarse por la ventana, junto con otra que llegaba un poco más tarde. Luego llegaron las pizzas y empezaron las risas con la tonteria de los barrotes de la ventana. Para empezar suave me tomé el culín de un vaso de plástico de vodka rebajado con fanta naranja hasta los bordes, que si no la pizza no entraba a palo seco, sucedió que en vez de servirme yo solo, Arelio me hizo el favor de irme sirviendo y yo iba notando como el sabor del vodka delataba que la porporcion de fanta en la mezcla iba bajando. Entre unas cosas y otras me tomé cuatro vasos asi, no lo bastante como para quedarme ciego, pero lo justo para achisparme, aunque como los demás no sabían dónde estaban mis límites y yo me encontraba bien, decidí exagerar mi “cogorza” alzando la voz y diciendo algunas de las tonterías que normalemente me suelo callar. El caso es que al acabar las pizzas nos pusimos a jugar a las cartas, y en una de estas a mi me tocan el dos, el cuatro y el ocho, y Aurelio me pregunta qué cartas tengo, a lo que respondo que tres doses (no era el mentiroso, era un juego raro de beber como si fuera una pirámide en los que las personas que levantan cartas beben o hacen beber a aquellos que tienen el numero de la carta que han levantado), el caso es que la que controlaba el juego dice “¿cómo doses? No puedes tener cartas repetidas” y las voy enseñando de una en una “tengo un dos… un dos al cuadrado… y un dos al cubo”. Se hizo el silencio. Aurelio y la otra intercambiaron miradas y Aurelio me dice “venga, Héctor, vamos a saludar a las bielorrusas”. Entiendo que a raiz de aquel comentario determinaron que mi grado de borrachera era considerable y decidieron sacarme partido.

Asi que subimos las escaleras. Todo bien. Me esperaba cierto tambaleo después de la primera vez que probé el vodka cuando llegué a casa y me encontré con que Ana y André tenían visita, aquella vez que me echaron más vodka en la fabta de limón mientras fardaba con la francesa de que yo podia hablar un poquito el francés. Pero esta vez todo iba como la seda. Asi que llegamos a la habitación ciento cinco y pasamos haciendo mucha bulla. Aurelio saludando en español y yo hablando inglés con acento italiano (si las bielorrusas os preguntan, yo me llamo Antonio) un acento tan forzado y falso como el del video The Italian Man who Went to Malta, pero al parecer ellas no lo notaron. Y qué más puedo decir, que el desmadre fue general. Aurelio piropeando a las bielorrusas, quienes al principio corrieron al fondo de una habitación como huyendo de la vergüenza. Luego descubrí que una estaba haciendo sopa y le pregunté si podía probarla, antes de que respondiera yo ya tenía su cuchara en mi mano. Todavía no sé de donde saqué semejante verborrea y cantidad de morro, pero las bielorrusas estaban que se subían por las paredes teniéndonos en la habitación. Y no es de extrañar, porque al parecer después de que les pidiera permiso para usar su cuarto de baño, Aurelio las debió decir que nos habíamos colado, cuando salí les repetí lo que Aurelio estaba intentando decir con el acento italiano. Hubo un momento en que las cuatro bielorrusas se pusieron de cuclillas en el suelo y tapándose la cara de risa, asi que yo me puse a imitarlas mientras Aurelio seguía dándole a la sin hueso. Cuando me quedé sin ideas les pregunté si la mosca gorda que revoloteaba por la cocina era su mascota y una de las bielorrusas me dijo que si, que lo llamaban Jon. Se pensaba la tia que podría vacilarme. Asi que respondí: “¿Jon? Es un nombre poco corriente para una mosca (fly). Yo la habría llamado Marty. Como Marty McFly de Regreso al Futuro.” La otra se quedó sin palabras y fue a contárselo a su compañera en bielorruso. A la que tenía más cerca le pregunté sobre cómo se leía un folio que tenían colgado con imanes del frigorífico y que estba escrito con esas letras raras que no son ni griegas ni rusas pero que andan entre medias de las dos. No recuerdo que carajo ponía, pero sirvió para entretenerme. A todo esto yo no sé qué andaría haciendo Aurelio, dando gritos en mitad de la cocina. Luego le volví a preguntar a la de la sopa si me dajaba probarla otra vez, esta vez, no ofreció resistencia. Aurelio me vio y se apuntó a probar la sopa y empezó a bromear con que volveríamos a la mañana siguiente con unos, y cito literalmente, “auténticos platos españñññoles, como dios manda, cojones”. En ése momento se me encendió la bombilla de que nosotros nos habiamos presentado pero ellas no, asi que las pregunté su nombre. Masha, Kassa, Ola y Ksusa. Quince minutos para hacer que Aurelio se quedara con su nombres, aunque porbablemente lo hiciera de broma porque estuvo todo el rato diciéndole a Ola que su nombre significaba hello en español. Y asi estuvimos poco rato más, porque de repente apareció la conserja en la puerta diciendo, en polaco, que no dejábamos dormir a la gente y que qué haciamos nosotros alli si no éramos residentes. Asi que nos despedimos. Primero salió Aurelio, luego yo, y detrás mío la conserja. Aurelio se dirigió a las escaleras y comenzó a subirlas con normalidad. Yo le seguí el rollo y subí también al segundo piso. Aprovechando los pocos segundo que tenía sobre la conserja, quien había tardado en seguirme para decir una pfrase de reproche a las polacas, Aurelio echó a correr y yo poco después antes de que la conserja superase el primer tramo de escaleras. Y asi comenzó la gran evasión.

Aurelio tiró todo el pasillo corriendo hasta llegar a las otras escaleras y bajamos a trompicones hasta la planta baja, donde estaba la habitación de la que nos había invitado. Sin embargo, con los nervios de la emoción, Aurelio debió desorientarse porque cuando tuvo que girar a la izquierda, siguió por la derecha bajando a los sotanos. Yo llegué a la puerta y comencé a llamar como un pájaro carpintero. Me abrió la que nos había invitado y me preguntó qué pasaba. Yo me acurruqué en un huequecito de la cocina y les conté todo, que fuimos a por las bielorrusas, que nos descubrieron y que me perseguían. La verdad es que a toro pasado esta parte fue la más divertida. La gente no acaba de creérselo y cuando llamó Aurelio a la puerta se asustaron. Tenía tanta sed por la carrera que le quité a Aurelio el vaso de lo que se estaba bebiendo, un zumo de color rosa muy dulce con bastante regusto de vodka. Ya que estábamos todos la prioridad era salir de la residencia por la ventana. pero la gente no me escuchaba y, como seguían pensando que era una broma lo de que la conserja vendría a buscarnos, siguieron un poco a su rollo. hasta que la conserja vino a buscarnos y todos corrimos como locos a la habitación de la chica para escondernos y dejar el salon y la cocina despejadas por si acaso entraba que no viera nadie. desde mi escondite debajo del escritorio pude ver que las habilidades para el escondite de todos los que estábamos en la casa excepto yo dejaban tanto de desear como la escena de los Monty Phyton en la Vida de Brian. La gente se escondió detrás del armario, la puerta de la habitación o se hacían pasar por una pila de abrigos encima de la cama. La conserja pasó hasta la puerta de la habitación y se dio la vuelta (tienen prohibido pasar a las habitaciones de los estudiantes) para salir. Luego nos salimos todos del escondite. La muchacha que nos había invitado nos contó que la conserja había descubierto el cristal de la cajita roja de emergencia y se había llevado la llave que habíamos dejado dentro tras comprobar que el candado de la ventana estaba cerrado. Resultado: atrapados en la residencia. Decidimos que lo mejor era salir con naturalidad del edificio por la puerta principal mientras la chica que nos invitó (Lorena, que se me olvida poner su nombre todas las veces) y su compañera de piso eran interrogadas. Yo sali el ultimo. En el recibidor de la entrada estaba la conserja, Lorena y su compañera y otro tipo. Pasé a abrir la puerta pero estaba cerrada y en polaco debieron decirme ue todo estaba cerrado y que dijese a mis compañeros que bajaran del primer piso y se entregaran. En quel momento solo entendi primer piso e interpreté que todos se habían subido. ASi que me dirigí con tranquilidad a las escaleras. Si todos estaban en el primer piso, lo lógico era pensar que empezarían a buscar por alli y no en la planta baja donde yo estaba. A esas alturas yo ya me encontraba mareadillo. El subidón de adrenalina de huir de la conserja y los vasos con vodka anteriores empezaban a hacer efecto y, a pesar de ser consciente de todas las posibilidades de escondites que me ofrecían todos los recovecos de la pared, los sofases, la parte baja de las escaleras y las plantas, por algun extraño motivo los muy jodidos no se querían quedar quietos y no paraban de dar vueltas. Juzqué que lo mejor sería esconderme debajo de las escaleras que iban al sótano, pero me pareció demasiado obvio y me di la vuelta para subir al primer piso a buscar a los demás ya que si me pillaban al menos no me descubrirían solo (¡que cabron soy, ahora que lo pienso!) pero del mareo volví a terminar en el recibidor. Me di la vuelta a tiempo y encontré las escaleras. Ya en el segundo piso me puse a buscar puertas abiertas. Pero se me hacía que entrar en la zona comun de cualquier habitacion, aunque tuviera la puerta abierta supondría un mogollón de porblemas para los inquilinos, a los que no conocía de nada. Asi que seguí caminando. No sé la de posibles escondites que busqué hasta que encontré la puerta de la lavandería. Me acerqué al picaporte con la esperanza de que estuviera abierta.

Que forma más chula de mantener el suspense cerrando el párrafo de este modo ¿eh?

El picaporte cedió y logré abrir la puerta. Pasé al cuarto y cuando me doy la vuelta para cerrar la puerta sigilosamente, distingo entre la oscuridad las figuras de la chica y los otros dos chicos que se colaron por la ventana. Y me preguntan por lo bajinis que cómo está el panorama, a lo que respondo con un gesto de películas del oeste “silencio. me están siguiendo” y acto seguido me quito el abrigo, que me daba un calor terrible y me siento en el suelo en una de las posturas de yoga que aprendí la semana pasada en la clase de Body, Ming & Soul. es increible la cantidad de sosas que recuerda tu cerebro cuando tienes el estado alterado. A pesar de mis palabras, seguían preguntándome por los demás y yo respondiendo en un tono de tio molón que yo no sabia nada, “nos hemos dispersado”. “¿Dispersado? ¿como que dispersado? ¿donde están los demás?”. Se oyeron pasos. Por la poca luz que se colaba por debajo de la puerta noté como la conserja se detenía en frente de la lavandería, examinando, seguramente lo que habñi estado examinando yo unos segundo antes, los recovecos del corredor final, las escaleras y los huecos de las ventanas. Tras una interminable sucesión de milésimas de segundo todos dentro de la lavandería dejamos de respirar. La conserja volvió por donde vino. Y regresó una segunda vez para cerciorarse. Cuando ya se fue de verdad, salimos a hurtadillas y bajamos al primer piso intercambiando información: “Carmen y Lorena están abajo”, “¿donde está Aurelio?”, “todas las puertas de la calle estan cerradas”. Uno de los chicos encontró una ventana que iba a dar a unas escaleras de las salidas traseras de la planta baja, a un metro y medio del suelo de la calle. Seguía siendo muy alto pero el se descolgó y consiguió convencernos de que bajáramos por ahí. Luego descolgués a su novio para que él lo recogiera desde abajo (si lo he escrito bien, a mi también me costó entrarme de que eran pareja). Y seguidamente me descolgué yo: mano izquierda en el maro de la ventana, mano derecha en la repisa de la ventana y mano izquierda deprisa sobre le cajetín de la alarma antirrobo de la puerta a la calle de la planta baja hacia cuayas escañleras estábamos bajando, y me dejé caer. No fue gran cosa, calculo que un metro o metro y medio de caida libre. Recuperé la compostura y miré a la chica que seguía mirándonos desde el primer piso. En ése momento me llama una compañera de clase que viene de Cuenca, Silvia, le digo que en ése moemnto no puedo hablar. No me cree, dice que nos espera en la discoteca junto con el resto de la gente. Luego consigo que uno de los que éstabamos abajo me suba a hombros, para darle más confianza a la chica de que bajase por la ventana. Me vuelven a llamar. Esta vez es Aurelio, que le han descubierto y están las dos chicas de la habitación, él, y otros dos invitados que llevaban en la residencia desde antes de que llegáramos, en recepción, que la conserja dice que no les va a dejar marchar hasta que no aparezca el cuarto, o sea, yo. Asi que le doy un ultimatum a la de la ventana, o baja o me voy porque me estaban esperando en recepción. Al final la tía se niega y tuvimos que tirarle el bolso, la bufanda y los tacones que nos había lanzado para cuando la recogiéramos fuera. Rodeo el edificio y me acerco, con tranquilidad a la puerta principal. Alli estaban todo esperándome. Me acerco a la puerta, que sigue cerrada, y veo como Lorena me hace el gesto de que me fuera, asi que me doy la vuelta como para leer un cartel por segunda vez y me voy a otra residencia que está justo al lado. Mientras me alejo, oigo como el tipo de seguridad abre las puertas y sale a mi encuentro. Como yo iba caminando con tranquilidad el tío sólo me hablaba en polaco y no me agarró ni nada. Yo me hice el sueco “¿cómo? ¿que esto no es la residencia Sarna? ¿que esto es Yelonky? No lo sabia, yo buscaba Sarna” al estar frente la puerta, vi como salian todos de camino a la carretera por donde pasa el autobus, me hacen gestos de que les siga, asi que me discukpo con el hombre y me acerco a Aurelio que me va diciendo: “corre, corre, que te da con la pistola del electroshock. Que a mi me la ha sacado como diciendo mira lo que tengo por si te me escapas…” Total, que nos encontramos todos en la parada (incluida la chica que no saltó por la ventana, que luego pasó por la puerta principal mientras les echaban la bronca a las de la habitación, disimulando muy digna ella), cogimos el autobús y nos fuimos a la discoteca donde nos estaba esperando la gente.

En el autobús nos llamaron la atención varias veces por lo fuerte que hablábamos. Bueno, en realidad, despues de todo el follón, más que hablar, gritábamos. Asi que llegamos a la discoteca Hybrydy y me empiezo a encontrar con gente y a saludarles. En estas que me encuentro con la gente a la que intenté acercarme durante el curso de dos semanas de polaco, y que ahora estan casi todos en Radomska, y, con la excusa de ir bebido, pues se me ocurre echarnos unas risas y le digo a uno que si puede grabar video con su cámara de fotos, que me grabe borracho para poder enseñármelo otro día cuando esté normal. Dije unas cuantas tonterías acerca de que había que cortejar a las polacas y de que mi yo sobrio lo iba a flipar en colores al verme a mi yo ebrio. Y para terminar les dije que me recomendaran alguna bebida para pedir en el bar. Todos dijeron que un kamikaze, que no sabia lo que era, pero por si acaso lo he buscado y ahora os lo cuento. Se trata de cuatro chupitos de color azul que lleva mucho vodka, la mitad de cointreau (que no sé lo que es) y zumo de lima para bajar el mal sabor. La verdad es que estaban muy ricos y muy fresquitos. Asi que después de eso me fui a dar una vuelta, a seguir saludadno a la gente. Dentro de la discoteca orientarse ya es dificil, cuanto más estando como yo estaba. La gente se movía al azar y yo no podía pasar. De vez en cunado me encontraba con alguien y le saludaba. Por ejemplo, a mis compañeros de piso Ana y André me los encontré ahi y como no tenia muy claro hacia donde iba a terminar la noche les dije que, si me veian muy mal, me recojieran para llevarme a casa que, total, ellos ya tienen experiencia en volver a casa bebidos (que no es lo mismo que borrachos perdidos) y uno más como yo no sería molestia. La verdad es que me vino bien para aflojar las tensiones que la marquesa les hubiera podido decir de mi, porque ahora hablamos más que antes, incluso más que la semana que no estuvo la marquesa. En fin, sigo, yo estaba en la discoteca, hablando con la gente. En una de estas se me acerca Aurelio y me presenta a Nuria, estudiante de medicina de la Complutense de Madrid y yo le conté algo, pues para salir al paso, de que también tenía un amigo en la complu que ahora estaba de prácticas. Que pena que ella esté un curso por debajo, seguro que al Jesus le caia bien. El caso es que llegó un punto en el que me quedé sin temas de conversación (mi cerebro no daba más de si a ésas horas y en ése estado) asi que me eché a reir y, en cuanto pude, me escabullí de ella. Me encontré con otro del curso de polaco y le pedi que me recomendara algo más. Un vodka con zumo de manzana, muy suave y muy dulce, también muy rico. Y luego no sé, ya sabeis como son las discotecas, me di unas vueltas, la frente me palpitaba, tenía sueño. Y en una de estas me encuentro con el tipo de Radomska que me sugirió los kamikazes, que me quiere presentar a una finlandesa. Intenté darla conversación como pude pero si quereis un consejo, no acudais a los tópicos sobre prejuicios de la gente, porque aunque recuerdo que se echó a reir cuando le dije que para ser finlandesa tenía su pelo negro muy moreno, seguramente no le hacía gracia. O lo mismo si que le hizo gracia, lo mismo que las bielorrusas se rieron de la mosca Marty McFly. El caso es que para que la cosa no deayera les digo a la finlandesa y al chaval de Radomska que les invitaba a otro kamikaze. Bueno, no les invité, me pedí uno aprovechando que estábamos en la barra y les dejé el último de los cuatro a ellos. El resto de la noche se paso sin mayores incidentes y me volví a casa con Ana y André a eso de las cinco y media de la madrugada. En el camino paramos en un McDonalds 24h para tomarnos un refrigerio que a mi me hací una falta tremenda, ya que antes de las pizzas en la residencia Yelonki, sólo me había tomado dos sandwiches y el desayuno.

A la mañana siguiente descubrí lo que es la resaca. Todavía me duele. Me desperté a las once inquieto y mareado. Sabía que tenía que seguir durmiendo pero, por alguna razón, no podía dejar de moverme. Me levanté para ir al baño y el suelo todavía daba vueltas. Asi que me aguanté y me tumbé de nuevo. En ése momento me di cuenta de lo que me dolía la muñeca y a día de hoy creo que se debe al descuelgue por la ventana. Lo mismo que el arañazo en la espinilla que descubrí unos minutos después. Lo curioso de aquélla mañana de viernes es que la recuerdo peor que la propia noche del jueves. Sé que me duché, comí y debí estar viendo series hasta que, me llego la hora de ir a casa de Marta y Arancha, que tambien viene de la UAM, para hhacer un trabajo. Luego de eso, aburrido de camino a casa en el tranvia, llamé otra vez a Aurelio para ver si tenían algún plan. Fíjate tu que sorpresa, casi todos los de Berlín y unas polacas amigas de uno que no llegó a venirse a Berlín iban a ir a su piso. Asi que me baje del tranvia para ir en sentido contrario, que me dijeron de cenar antes de que llegase toda la gente.

El viernes noche, en comparación con la noche anterior, fue más bien flojillo. Aunque conocí a muchos españoles de los que había oido hablar en el viaje a Berlín. Aurelio me invito a cenar en su piso. Mejillones que habia hecho su companera de piso, paella que habia preparado el novio de la companera de piso y tortilla que habia traido otro de los invitados. Que rico estaba todo. Hacia muchisimo tiempo que no comia tan bien. Luego empezo a venir mas gente y empezaron a beber y a cantar. Yo no bebi porque considere que no era bueno, despues de la noche anterior, repetir lo mismo en tan poco tiempo. Asi que me limite a beber cocacola y fanta naranja de poquito en poquito, haciendo como que llevaba alcohol y por eso no me lo tomaba de golpe, y a pasearme con el vaso por si hacian algun brindis disimular con mi vasito de fanta. Estuvimos esperando a que llegasen dos personas mas, cada uno con sendos grupos de polacas. Uno traia a un grupo que hablaba espanol, pero que eran muy sosas, y otro se trajo a las amigas de su novia polaca que, aunque estaban de muy buen ver, no dejaban que nadie se las acercara. Asi se paso la noche. la borrachera de algunos llego a ser descomunal y en una de estas se arrancaron a bailar y a cantar no se si eran sevillanas o flamenco, pero palmadas y taconeo hubo a mansalva. eso es lo que tiene la gente del sur de Espana, que llevan el ritmillo dentro y les sale de repente. El caso es que el suelo del piso cada vez estaba peor. Una de las polacas macizas derramo su vaso de cocacola en el reposabrazos del sofa. Tremendo. A eso de la una o una y media de la madrugada salimos a una discoteca, el club Mirage, que fue uno de los que pocos que me gusto cuando empece a salir con gente. Pero debido a las horas que eran, aquello estaba muy vacio. No tuvimos que pagar entrada, pero casi no habia gente. Nuestro grupo se disperso y acabe por encontrarme con uno que tiene fama de ser muy ligon, asi que le dije que me ensenara a utilizar su “magia” y nos dimos una vuelta a ver que polacas encontrabamos. Debia ser que el otro no andaba muy dispuesto, en pleno uso de sus facultades, porque en todos los aproximamientos que hicimos no obtuvimos ningun resultado. Primero le dije que nos acercaramos a dos que estaban sentadas, una rubia y una morena, y nos pusimos pesados. Que si llevaban mucho tiempo en la discoteca, que si no bailaban, que por que estaban tan solas, que si no habian venido con nadie, que si me dejas probar eso que estas bebiendo, bla, bla, bla… Yo volvi a hacerme pasar por italiano (me encanta el acento, es incluso mas facil que el frances). Pero no cuajo del todo y al final nos retiramos haciendo la promesa de Terminator: “volvere”. Luego nos fuimos a la pista de baile. Divisamos a una rubia que se contoneaba entre tres polacos y le digo al tio ligon: “ponme un ejemplo con esa”, pero de repente al tio le salio la verguenza y no hizo nada de nada. Otra menos. luego vimos un grupo de polacas, mas jovencitas, y nos acercamos otra vez y, de alguna forma que todavia no me explico, comenzamos a hablar con ellas, sin embargo, ninguna queria bailar con nosotros, asi que nos volvimos a retirar. Luego nos encontramos en la pista de baile a las que estaban sentadas antes y nos volvimos a acercar, pero ya no era lo mismo, yo creo que porque empezaban a mosquearse. El caso es que me dice el tio ligon que si nos vamos a otro lado. A mi, la verdad, me apetecia ir a casa, porque para ir a otro lado lo mismo tenia que pagar entrada y no queria. El caso es que me voy con el a otra discoteca que estaba cerca, el club 55 al que no pude pasar en Halloween. el caos es que eso estaba hasta arriba de gente y tenia que pagar, asi que le dije al tio que me iba. El se salio conmigo a la calle diciendo que preferia irse a la discoteca Underground. Asi que nos separamos en la puerta. El se fue al otro lado y yo a la estacion de autobuses, a coger el nocturno hasta mi casa.

 
Al dia siguiente, sabado, yo pensaba acercarme a radomska a hacer la colada, que con el viaje a berlin se me habia gastado tods la ropa limpia. Pero me levante muy tarde y a eso de las cinco, me fui a casa de Marta y Arancha para seguir con el trabajo que tenemos que presentar el lunes. Luego me llamo Aurelio, que iban apedir una pizzas en su casa, que si me apuntaba. Asi que sali para alla como alma que llava el diablo y en tres cuartos de hora me presento alli. las pizazs aun no habian llegado. Eramos menos gente esta vez, mejor, y de los destrozos de la noche anterior no quedaba nada. llegaron las pizzas, cenamos, bebieron (yo segui con mi dieta de cocacola y fanta, la verdad no quiero repetir el despertar del viernes otra vez, para mi una cogorza y una resaca es suficiente de momento, no me interesa ir a por otra). Y desde alli nos fuimos a una disctoeca que les cae al lado de casa sin yo saberlo, la de la calle Dobra. En fin, que llegamos y aquello estaba hasta arriba de gente. Unos calores, unos empujones, un olor. No lo recordaba asi cuando hubo fiesta Erasmus. Sali a la calle, con todo su aire limpio, para ver a que hora pasaba el autobus nocturno y cuando volvi a entrar casi me dan ganas de vomitar. El caso es que mantuve el tipo como pude y me puse a bailar, bueno, en realidad me quede con todos los demas, apartados en un lateral, meneando la cabeza. Al la horea y media de estar ahi dentro la sed se me hizo insoportable, asi que me compr una cocacola. Cuando el novio de la companera de piso de Aurelio, tambien conocido como maire, me vio con una botella en la mano, se penso que era cerveza y le dio un golpe en la boca de la botella con el culo de su vaso, descascarillandola y dejandome para beber de una botella con el cristal roto. Al parecer, si le das un golpe seco a un botellin de cerveza en la boca de la botella, el gas o las burbujas o todo lo que sea que tenga la cerveza en el fondo, sale mucha espuma disparada y te quedas con media cerveza vacia. Mas tarde llego gente espanola de otra discoteca. La disco en la que estaban cerro y decidieron acercarse a la que estabamos. tampoco me quede mucho ams tiempo despues de eso. Salude a todos y tras unos minutos me despedi. sali a la calle justo atiempo para ver como s me escapaba el autobus. Como no me apetecia quedarme esperando media hora en la calle con todo el frio, decidi ir a otra parada de autobus nocturno que habia en frente de la casa de Aurelio, a un par de esquinas a la derecha de la discoteca. El autobus que se me habia escapado, se habia detenido en uns emaforo con el intermitente hacia la derecha, asi que sali corriendo a ver si habia suerte y llegaba a la parada antes para poder cogerlo. Todo salio bien, y en un par de minutos volvia a estar en la estacion central de autobuses, esperando a que llegase el nocturno que me lleva a casa.
 
El domingo me levante temprano. De entonces no pasaba sin hacer la colada. A las once me levante, duche y desyune, meti mis cosas en una bolsa deportiva que me compre el miercoles y sali hacia Radomska. En vez de coger el tranvia 14, que me lleva directo a la residencia, me fui hacia Centrum, donde sabia que vendian flores baratas. Y es que el domingo era el cumpleanos de Natalia, mi mentora. Por ocho zlotis le compre un ramillete muy pequeno y me sali a esperar al tranvia. Media hora despues no habia pasado ninguno de las cinco lineas que cruzaban por esa parada. Al parecer un tranvia debio haberse escacharado, porque a los tres cuartos de hore se vio aparecer desde lejos un tranvia remolcando a otro, seguido de tooodos los demas que iban con retraso. Yo que me pensaba poner a hacer la colada a las doce y media, resulto que hasta las dos no pude hacer nada. Llegue a radomska tarde y, entre que le di las flores a natalia, me quede hablando con ella mientras me contaba un poco que era de su vida y buscamos a ver quien tenia las llaves de la lavanderia, porque volvian a estar ocupadas me dio la hora de comer. Mientras esperaba a que terminara la lavadora, me acerque al piso de los espanoles de Radomska, a ver si tenian por ahi el video que me grabe cuando estaba borracho, ninguno lo tenia y el dueno de la camara estaba durmiendo en otro lado. Mientras esparaba a que terminara la secadora me fui a habalr con las vecina de natalia que son de Montenegro. Y para entonces, me dieron las cinco, asi que tuve que ir a casa de marta y Arancha otra vez con la bolsa de viaje llena de ropa a terminar la presentaxcion del lunes. Despues de eso me fui para casa y ya no sali, me puse a ver una serie con la intencion de acostarme temprano. Sin embargo, fijate tu lo que son las cosas, que dos capitulos de Genshiken despues, uno the The Big bang Theory, el octavo capitulo de heroes (joderjoderjoderjoderquecapitulomasinteresantemenudavueltadetuercaquelehandado) y la pelicula de Goodbye Lenin, me dio la una de la madrugada y, como Ana y marquesa estaban de palique en la habitacion de al lado, lo menos no me dormi hasta una hora despues.
 
Esta semana ha sido demasie para mi body. me disculpo de nuevo por este monumental retraso en subir el informe de esta semana. No tengo excusa. claro que, con lo largo que es se podria decir que es como un capitulo doble. A ver quien es el valiente que se lo lee todo de golpe. En fin que mejor voy terminando, que deberia ponerme a escribir el informe de esta semana en la que estoy.
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4 responses

20 11 2008
JeSuLe

Llámame valiente porque me lo lei todo de golpe…

Asi que conociste a una médica de tercero… eh… uhm… ah… eso… 😄

Bueno tio, lo de siempre… el alcohol es malo… hay que ir poco a poco… 😀

Ah, otra cosa… he visto fotos tuyas en Berlín y… ¡Córtate el pelo, hippie!

20 11 2008
Elena

Estoy con tu amigo JeSuLe. Despues de leer esto creo que ya se como es una resaca. Tio, como puedes escribir tanto de un tiron. A ver si tienes la misma habilidad para hacer trabajos.

En cuanto a tus habilidades de caza, te veo mejor, sobre todo en el tema de las flores. Lo de ir con el tipico ligon de tia en tia creo que no encaja contigo. Las flores son un gesto mas mono pero tu no dejes de intentar nigun metodo que alguno funcionará.

No se, no puedo comentar mas, aun estoy abrumada. XD. Un beso

21 11 2008
Maese Fangorn

Ay, ay, ay… menudo fin de semana que pasé. Y menuda semanita m estoy pegando. Que estoy a viernes y he salido todos los dias a alguna parte.
En cuanto al sutil arte del ligoteo, soy consciente de que aun tengo un largo trecho por recorrer, pero no hay problema, tengo a mi alrededor a unos uantos grandes expertos a quienes seguir el ejemplo (lo que no se es si tembien tendré valor, pero eso ya os contare).
Seguiremos informando…

22 11 2008
JeSuLe

¡CÓRTATE EL PELO, HIPPIE! 😄

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