Diario de a bordo XLIX

14 11 2008

Aunque en la superficie de Elbaf solo arraigan unos pocos árboles y hierba de gran altura, en las orillas de la ría, donde se concentran la humedad y los nutrientes tanto del mar como los arrastrados por la corriente del interior de la isla, la vegetación es más abundante y frondosa. Las hojas de la maleza proporcionan cobijo a una gran variedad de criaturas, similares a las del Continente, de menor tamaño, pero igual de peligrosas.

Mientras navegábamos cauce arriba, Vircof examinaba la orilla, nervioso, y el médico tenía la mano en la empuñadura del florete, preparado para combatir cualquier amenaza. De vez en cuando algún arbusto próximo al agua se agitaba violentamente y podíamos ver una figura que escapaba tierra adentro, tal vez asustada por la goleta.

“Vamos a avanzar un poco más, antes de que empiecen los acantilados. Cuando lleguemos a tierra no bajéis la guardia.” Anuncié.

“¿Por qué? ¿Puede haber más soldados?” Preguntó Vircof.

“No. La Autoridad no controla Elbaf de momento, pero hay criaturas salvajes que me preocupan más.”

“¿Criaturas?” Dijo Txus. “¿Qué tipo de criaturas?”

“De todo un poco. Principalmente lagartos gigantes de menor tamaño, pero también mantícoras, lamias y pequeños basiliscos.”

“Jodeeer…” Murmuró Vircof. “¿Dónde nos estamos metiendo?”

“¿Qué pasa? ¿Tienes miedo?” Comentó el médico.

La respuesta no tardó en llegar y al instante Vircof y el médico comenzaron a discutir de nuevo. Probablemente lo hicieran sin querer, pero venía bien para relajar un poco el ambiente hasta que encontrásemos dónde atracar.

Unas horas después localicé una pequeña entrada de agua donde poder echar el ancla. La corriente no era tan intensa en aquella ensenada como lo era en pleno río, por lo que detuvimos el barco.

“Toma, Vircof.” Dije al darle el arpón que el buque del coronel Janos nos había lanzado durante nuestro fallido intento de escapar de su emboscada. “Echa un vistazo al agua y si ves a algún animal tíralo contra él. Ata una cuerda primero, necesitaremos recogerlo para poder salir del barco.”

Una ensenada tan oportuna como aquella en la que nos encontráramos estaría plagada de reptiles acuáticos que no dejarían que nadáramos hasta la orilla sin atacarnos. Necesitaríamos algo que distrajese su atención, un cebo.

“¿Cómo quieres que lance semejante arpón por mi cuenta?” Protestó Vircof.

“No lo sé. Usa tu imaginación.” Aunque al momento me arrepentí de haberlo dicho. Vircof bajó las escaleras de la bodega, dispuesto a utilizar alguno de los cañones para disparar el arpón. Lo habría lanzado yo mismo, pero con un solo brazo no podía coger impulso suficiente.

Pasados unos instantes, Vircof disparó el cañón. Centenares de pájaros alzaron el vuelo desde las ramas en los árboles más próximos a la ensenada. Bajé a la bodega. Vircof estaba intentando recoger la soga.

“¡Txus!” Grité. “Necesitamos ayuda para subirlo.”

“Ngh… una mierda ayuda.” Gruñó Vircof tirando de la cuerda con todas sus fuerzas. “Y-yo puedo, ggh… con esto… yo solo. Yo…” Txus bajó las escaleras y se quedó mirando cómo Vircof se desgañitaba tirando de la cuerda. “Agh, vale, gorrosa. Échame una mano.” Se rindió por fin.

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2 responses

15 11 2008
JeSuLe

Y seguimos con lo de gorrosa… pues si nos ponemos así… te va a ayudar tu padre… XD

Me ha molado lo de “Usa tu imaginación”… me suena a algo… no se… a algo Galáctico… 😉

15 11 2008
Vircof

Eso me pasa por ser un prepotente u.u

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