Diario de a bordo XLVIII

6 11 2008


La cara me cambió por completo.

“¿Eres Jesúlez? ¿El asesino que acabó con un regimiento de Acción Directa?” Tenía a bordo al loco homicida que hace cinco años exterminó a todo un pelotón de la Autoridad en el Archipiélago Mendel del Cuarto Mar.

“Si.” Fue todo lo que respondió. “Aunque las causas que me llevaron a ello no son las que piensas. El Tercer Estamento lo tergiversó todo para culparme.”

“¿Quién? ¿De qué estáis hablando?” Preguntó Vircof desorientado.

“Hace cinco años gorrosa mató a noventa soldados, diez cuerpos de élite, dos tenientes y un coronel.”

“¿Él solo?” Balbuceó Vircof.

“Si, por eso ascendieron a Janos hace cinco años. Le condenaron a cadena perpetua y después desapareció de todos los sitios.”

“Ellos destruyeron la universidad primero, cuando todavía quedaba gente dentro. Se lo merecían.” Añadió el médico.

Se hizo un silencio absoluto en la cubierta. De repente Vircof se acercó al médico y le puso la mano en su hombro.

“A mi no me importa qué hicieras en el pasado, gorrosa. Me ayudaste a defenderme cuando esos tíos con uniforme nos asaltaron. Te doy las gracias por ello.” Le tendió la mano. El médico le miró y la apretó con energía.

“Muchas gracias.” Dijo aliviado. Luego añadió. “Pero puedes llamarme Txus y el sombrero es de color rojo claro.”

“Cámbiate de gorro y ya hablaremos.” Respondió Vircof dándose la vuelta, camino de su laboratorio.

“¿Y tu?” Me preguntó el médico.

“Yo creo que me costará, pero igualmente,” Extendí mi mano. “bienvenido a bordo.” En la cara del médico se dibujó una extraña sonrisa de agradecimiento, como si por fin hubiese encontrado un lugar donde permanecer tranquilo.

La isla de Elbaf solo tiene montañas en el norte, donde se encuentra su capital. El resto de su relieve son colinas más o menos redondeadas donde de vez en cuando crece algún árbol y la hierba alcanza la altura de las rodillas haciendo que caminar por ella sea muy duro y cansado. Desde las montañas del norte descienden pequeños torrentes de agua que dan lugar al único río de toda la isla, que la rodea hasta desembocar en el suroeste en una gran ría por la que se puede navegar hasta el interior.

Nosotros nos encontrábamos bordeando la costa sur en busca de la entrada de agua dulce. El contorno de la isla que daba al mar estaba demasiado desprotegido como para ocultar la goleta. Después de que Janos me arrancara el brazo dudaba que siguiera persiguiéndonos, pero no quería confiarme. Además, una vez en la isla tendríamos que caminar mucho hasta llegar a la primera ciudad. Dentro de la ría podríamos esconder la Fenris entre la maleza y avanzar unos cuantos kilómetros por el interior sin tener que desembarcar y caminar desde el sur.

Elbaf es un pedazo del Continente que se ha desprendido como por casualidad y se adentra cada vez más en el mar. De hecho, es una columna de roca que se asienta sobre el mismo lecho submarino que el Continente y se inclina hacia el este poco a poco cada año, perdiendo unos centímetros de costa a medida que la distancia entre ella y el Continente crece. Pero sus habitantes, aun conociendo este dato, permanecen en la isla, obligados a ignorar el inminente hundimiento en lugar de buscar refugio en cualquier otro lugar, como el propio Continente a pesar de que ellos son los únicos seres vivos de enfrentarse a los lagartos gigantes que habitan en él.

Medio día después de navegar por su contorno encontramos la entrada a la ría. A apenas unos metros de la entrada Vircof divisó una goleta saliendo del interior de la isla. Tuvimos que frenar el avance de la Fenris, aproximarnos a tierra y echar el ancla para evitar ser vistos. No había forma de diferenciar cuál era la tripulación. Podía apreciarse claramente que era una goleta, pero en sus velas y su cubierta no se podía distinguir ningún emblema ni ningún uniforme característico de la Autoridad o cualquier otra organización. Su contorno se veía borroso y sus colores se difuminaban en gris.

La goleta navegaba por el otro extremo de la desembocadura, viró hacia estribor y puso rumbo al norte, hacia el estrecho que separaba Elbaf del Continente. Por fortuna no nos divisó.

Tardamos bastante en poner la Fenris de nuevo en marcha, pero sin nada más a la vista, entramos en la ría y navegamos hacia el interior de la isla.

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3 responses

6 11 2008
Vircof

Ves? que majo que es Vircof, que le tiende la mano y to. Al final seran buenos colegas de fatigas xDD. Al menos ya sabesmo algo de porque fue condenado a perpetua. Ahora solo falta que nos cuente su version entera de lo acontecido.

Un pequeño apunte. En este parrafo: “La goleta navegaba por el otro extremo de la desembocadura, viró hacia estribor y puso rumbo al norte, hacia el estrecho que separaba Elbaf del Continente. Por fortuna no nos vio.” En vez de no nos vio no quedaria mejor “no nos divisaron/avistaron”?. No se, como usas tantos tecnicismos y el vocabulario tiene que ver bastante con temas de navegacion, me parecia mas apropiado. Eso como tu ya veas.

7 11 2008
JeSuLe

Me gusta lo de loco homicida… 😀

Por cierto, ¿Un brazo cortado… Shanks? y ¿Universidad destruida por la Autoridad… Ohara? 😄

Pásatelo bien en Berlín…

10 11 2008
fangorn87

Cambiado lo de vió por divisó.
Ha sido un fin de semana movidito.

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