Diario de a bordo XLV

17 10 2008

Entonces, el ruido de una explosión me hizo alzar la mirada a la eslora del buque. No acababa de entender cómo después de tanto tiempo esperando a que la pasta que había dentro del cubo de Vircof hiciese efecto, ahora producía semejante reacción. El mástil del buque se había desplomado sobre la cubierta, atravesándola, al parecer, y cayendo sobre el polvorín.

Los soldados a mi alrededor parecían más confusos. Ahora intentaban por todos los medios regresar a su barco. Sin embargo, a los más rezagados les sucedían explosiones mientras intentaban huir. Lo extraño era que les ocurría en nuestro barco, a medida que avanzaban hacia el buque. Algunos soldados corrían hacia su navío, pero cada vez que daban un paso en nuestra cubierta, una bomba parecía estallar bajo sus pies.

Entonces la alabarda se detuvo. El coronel Janos había conseguido atrapar un segmento de la lanza. Daba igual la forma en que girase la vara, su mano izquierda la tenía bien agarrada. Tras dar varios tirones para deshacerme de él, desistí. Sin embargo, no podía deshacerme de la lanza, pues era la única cosa que se interponía entre Janos y yo. Si le daba la oportunidad de atraparme sin ninguna defensa, estaría perdido.

Mientras yo miraba de dónde venía la explosión, el coronel se había arrancado la piel metálica de la cara y su brazo derecho, dejando en su lugar un material azulado y casi transparente. Hielo. Antes de que pudiera reaccionar, Janos me propinó un puñetazo a la altura del corazón que atravesó mi carne. Su mano estaba ahora dentro de mi. Sentí mucho frío. Al igual que concentró calor anteriormente, ahora estaba extendiendo el frío por mi interior. Empecé a notar cómo se me congelaba el brazo izquierdo, paralizándose e impidiendo que yo pudiera defenderme.

En unos pocos segundos, que a mi se me hicieron eternos, el coronel Janos había convertido mi extremidad izquierda en un pedazo de carne congelada. Rápidamente, extrajo su puño de mi pecho y me golpeó en el hombro, arrancándome el brazo. El pedazo de hielo cayó al suelo y resbaló hasta el palo de mesana. Janos soltó la alabarda y me dejó caer al suelo.

Con tranquilidad, a pesar de saber que su buque tenía serios desperfectos, el coronel Janos se dio la vuelta. Desde el suelo, yo apenas tenía fuerzas para seguir consciente. Al pie de la mesana el coronel se agachó y recogió el pedazo de hielo.

“¡Replegaos!” Ordenó con un potente grito. “¡Regresad al buque! ¡Tapad las fisuras! Necesitamos que siga en pie para regresar.” Se volvió para mirar al capitán de la Fenris. “No sé cómo lo has hecho, pero has tenido suerte. Si quieres recuperar esto, ya sabes donde estará. Volveremos a vernos.” Y saltó al buque sin esfuerzo.

Los pocos soldados que aún quedaban en la goleta cruzaron al buque y recogieron los pocos cabos que unían ambas naves. Intenté ponerme de pie para ver qué había sido de Vircof y del médico, pero me fue imposible. Al poco rato la Fenris dejó atrás al buque de la Autoridad y perdí el conocimiento.

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One response

22 10 2008
JeSuLe

Janos tiene todos los elementos… ¡¡¡Es el Capitán Planeta!!!

XD

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