Diario de a bordo XLIV

10 10 2008

Evitar sus golpes con la lanza funcionaba y él parecía no notarlo. De seguir así, probablemente sus músculos acabarían cansados antes que los míos y sería más fácil derrotarle. No me imaginaba a sus soldados actuando sin él. Probablemente se replegarían hasta nueva orden y nos dejarían en paz.

El coronel Janos intentaba golpearme cada vez más deprisa. El calor empezó a hacerse más intenso. Ahora su pelo era cobrizo y ondeaba con la forma de unas llamas. Sus ojos brillaban como dos fogones. Sus manos relucían rojas ante la menor brisa. Ya daba igual a la distancia que hubiese entre nosotros el calor era abrumador.

El silencio inicial que me había acompañado al principio de la pelea había desparecido. Durante unos minutos fui consciente de que hubiese más personas a bordo, creo que debido al tener que hacer frente a Janos. Sin embargo, de repente comenzaron a producirse explosiones localizadas en la armura de babor del buque. No tuve tiempo de preocuparme de qué estaba sucediendo ya que el coronel no me concedía ningún momento de pausa. pero por un instante temí que hubiesen agujereado el casco. A pesar de todo, mi oponente no se detenía y no tuve oportunidad de detenerme a examinar la situación con más detalle.

Esquivé un par de patadas y aproveché que inclinaba su cuerpo en una embestida para poder echarme un lado y clavarle la hoja de la lanza por un costado. Pero al no estarse quieto, la hoja trazó un surco entre las brasas de su espalda, levantando pequeñas chipas amarillas. No había sido un golpe grave, pero hizo que Janos se detuviera.

“¡Agh! ¿Desde cuándo eres tan rápido?” Preguntó enfadado.

“No lo sé. Todos hemos tenido tiempo para trabajar por nuestra cuenta ¿no?” Respondí jadeante. El pulso me temblaba. No podría aguantar otro minuto más al mismo ritmo.

“Tiempo… es verdad.” Y se rió. Con un gesto rápido se levantó y se frotó otra vez. Esta vez, con una sola pasada, sus guantes de lija desprendieron las brasas de su piel como si fuesen las cortezas secas del tronco de un árbol, dejando en su lugar destellos metálicos de color azul. “Yo también he tenido tiempo para trabajar por mi cuenta.”

Sus pisadas retumbaban por toda la cubierta como si pesase media tonelada. Nunca había visto ése material. La hoja de mi alabarda parecía no hacer mella en él. De hecho, en sus ataques no se molestaba en cubrirse. El coronel Janos ya no realizaba sus movimientos cuidando la defensa, simplemente intentaba alcanzarme. Cada golpe que le propinaba con la lanza hacía saltar diminutas chispas, pero nunca dejaba marcas en su piel.

A mi favor tenía que sus movimientos eran más lentos. Aunque no podía confiarme del todo. Tal vez estuviese fingiendo ser más lento de lo que en realidad era. Tal vez el material metálico de su piel era más denso que el de las ascuas y por eso se movía con mayor dificultad. La madera rechinaba bajo sus pies. En cualquier caso eso parecía no suponerle ningún problema, ya que ahora no necesitaba esquivar mis golpes siquiera. Janos se limitaba a sacudir golpes que podía esquivar fácilmente, reaccionaba más despacio, pero nada de lo que yo le hiciera podría detenerle.

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2 responses

14 10 2008
JeSuLe

Jo, macho… el Coronel Janos es peor que el T-1000… XD

15 10 2008
Maese Fangorn

Como se nota que te has visto hace poco Terminator.

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