Diario de a bordo XLII

25 09 2008

“No tienes ni idea de lo complicado que ha sido dar contigo.” No era un cumplido. “Te has movido mucho en muy poco tiempo, pero ya sabes que a la Autoridad no le faltan recursos… je.”

“Janos.” Dije con todo el desprecio que pude dar a mi voz.

“Hacía mucho que no te veía. Parece que no te han ido las cosas también como esperabas, por lo que veo.” El coronel echó un vistazo a su alrededor. “Bueno, dejemos las formalidades a un lado. Ya sabes para qué he venido. Los de arriba quieren que vuelvas.”

“No pienso volver. Creo que lo dejé bien claro cuando me marché del laboratorio.” Apunté la alabarda hacia él con firmeza aunque ponerme a la defensiva no me serviría de nada contra él.

“Bueno eso no es problema. Tengo otras formas de convencerte.” Y comenzó a rasparse la piel con sus guantes de lija. “Puedes volver por las buenas o por las malas. Me da igual.” Su piel comenzó a caer sobre la cubierta. “Eso no va a cambiar el hecho de que vas a volver.” Miré sus brazos. Ya no había carne ahí.

Estaban negros y rugosos como tizones. Un brillo rojizo se filtraba entre las grietas de su superficie indicando que sus brazos ya tenían la temperatura de unas ascuas. Los soldados se alejaban cada vez más. No por miedo. Eso era evidente. Conocían al coronel y sabían que no les heriría. Estaban dejándole espacio para maniobrar.

Ya no podía ver a Vircof. Ojalá se le estuvieran poniendo a él mejor las cosas. Y ojalá que le médico le ayudara. Mi situación era tan delicada que el apenas me llegaba el ruido de mi alrededor. En ése momento me daba la sensación de que el coronel y yo éramos los únicos a bordo. Era consciente de que había más personas en el barco, por supuesto, pero tenían el mismo interés que cualquier otra pieza de la cubierta.

“Y otra cosa, también me han encargado que devuelva a la Bóveda lo que te llevaste.” Añadió el coronel Janos mientras terminaba de lijarse lo poco que le quedaba de piel en las piernas.

“No tienes ni idea de qué es eso. Nadie lo sabe. Es muy peligroso.” Dije.

“¡Ah! ¿Y tu si lo sabes?” Contestó socarrón el coronel. “¿Como has trabajado con él desde el principio crees que estás capacitado para hacer lo que quieras con él?” Asentí. “¿Crees que puedes coger tus cosas y largarte sin más?”

“Si.” Dije de nuevo.

            Con cada respuesta que le daba, el resplandor rojo se encendía entre los huecos de tizón negro. Esto podría haber supuesto una ventaja contra cualquier otro adversario, pero Janos me conocía lo bastante como para dejar que eso lo alterara. No iba a perder el control.

“¿Y quién te crees que eres para investigar sin permiso de la Autoridad?” Preguntó gritando para intimidarme.

“Soy un miembro activo en la investigación sobre los Agujeros de Spunkmeller.”

“Te equivocas. ¡No eres nadie!” Y se lanzó contra mi.

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3 responses

26 09 2008
JeSuLe

Janos: “Llamas a mí” 😄

A ver si conozco un dia al tal Spunkmeller… que el otro día me dijeron me monta unas fiestas cojonudas…

¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!

26 09 2008
Vircof

Los ke pelean se desean! xDDD

27 09 2008
Maese Fangorn

JAMAS!
Y en ese caso tu te montarias orgias con todos y cada uno de los soldados (insaciable)

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