Diario de a bordo XL

12 09 2008

Pasaron unos segundos eternos. Las corrientes de la ensenada habían aportado más impulso del que supuse en un principio y al poco rato ya nos estaba dando alcance. Hasta que dejamos atrás el islote y conseguimos ganar algo de viento y, aunque para entonces el buque de la Autoridad se encontraba a apenas doce metros de distancia, nos movíamos lo bastante rápido como para dejarles atrás en unos minutos.

Entonces algo cayó en la popa. Sonó como un golpe ahogado y al instante la Fenris redujo la velocidad casi a cero. El médico, al no estar agarrado a nada, cayó de espaldas a un par de metros hacia la proa arrastrando sus cadenas por la madera de la cubierta. En mi caso, el timón frenó mi caída, por lo que pude reaccionar más rápido para ver qué ocurría.

“¡Joder!” Oí gritar a Vircof desde abajo. Haciendo su característico sonido metálico subió las escaleras rápidamente, protestando. “¿Qué diablos ha pasado? Estaba cargando la pólvora y de repente ¡zas! todo por el suelo. ¿Hemos chocado con algo o qué?” En cuanto salió a la cubierta y vio al buque rebasándonos le cambió la cara. “Joooder…”

Apenas nos habían alcanzado y ya estaban lanzando las escalas. Gorrosa aún no se había recuperado de la caída y seguía tirado en el suelo. Agarrar el timón no nos serviría de nada ya. Las cosas iban a empeorar bastante si soldados de la Autoridad comenzaban a abordarnos desde todas partes. Corrí hacia el médico y saqué la llave de sus cadenas.

“Esto se va a poner muy feo.” Murmuré con prisas. “Cubre a Vircof en lo que puedas.” Y le solté las cadenas.

“…¿Pero qué?” Respondió confuso antes de que le dejara para ir a popa.

“¡Tu cúbrelo!” Grité sin volverme. Vircof tenía buena puntería, pero no podría levantar su espada durante mucho tiempo. Alguien tendría que asegurarle las espaldas y mucho temía que yo estaría ocupado.

Vircof estaba en la armura de babor. Al sobrepasarle vi como untaba los cabos de las escalas con algo mientras los soldados intentaban cruzar. No me detuve a mirar más, pero tras dejarle atrás pude escuchar gritos de soldados cayendo al mar.

Dejé la cubierta atrás tras rodear la cabina. Ya se podía escuchar el sonido de los soldados descendiendo a la goleta de alguna forma.

Examiné todos los mejunjes y frascos que Vircof tenía en su improvisado laboratorio y sin pensármelo mucho agarré uno de los cubos llenos de una masa pastosa y burbujeante parecida a la que lancé a los galeones cuando abandonamos Ishbal. Con cuidado lo llevé a babor y, tras darle un poco de impulso, lo tiré en dirección a la cubierta del buque.

Confiaba en que el fuego que provocase los distrajese lo bastante como para desviar su atención de la Fenris y frenar su fuerza de ataque.

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One response

16 09 2008
JeSuLe

¡Muajajajajajaja! mis cadenas han sido liberadas pero… ¿gorrosa? Otra vez con las coñitas… me voy a tener que ir hasta Varsovia en MetroNorte para darte un par de collejas amigo… XD

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