Diario de a bordo XXXVIII

29 08 2008

(Una hora antes)

El médico se quedó mirándome sin mostrar intención de hablar. Sólo mirándome, como había estado haciendo hasta entonces. Daba la sensación de que aunque sus ojos estaban fijos en mi, no me estuviese prestando atención.

Vircof subió con todo su arsenal cargado.

“Vale. Ya estoy listo. ¿Qué vamos a hacer?” Preguntó expectante. “¿Crees que me dará tiempo a cargar los cañones como la otra vez?

“No.” Respondí. “En menos de cinco minutos rebasaremos el peñón. Lo único que puedo hacer es intentar dar un rodeo, alejándonos de la costa, pero no creo que nos sea de utilidad…”

“¿Vamos a huir?” Preguntó Vircof en voz alta y en un tono que delataba su desaprobación a renunciar al combate.

Miré al médico. Ahora sí parecía prestarnos atención. Si de verdad estaba “allí” dondequiera que “allí” fuera, sin duda podría informar a alguien de la Autoridad sobre nuestras intenciones. Y Vircof acababa de detallar al médico nuestro curso de acción.

Recordé que por lo general las instalaciones de la Autoridad suelen aprovechar el relieve de los lugares donde se instalan para disminuir costes de producción. Por ejemplo, las cuevas se habilitaban como cámaras de acorazadas de seguridad o calabozos, los descampados como zona de maniobra para ejercicios físicos y en las costas rocosas los pilares para un puerto se apoyaban en el accidentado pero poco profundo fondo. De ser así, un perfil tan acantilado como el que presentaba el peñón debería tener algún recoveco o ensenada lo bastante grande como para permitir atracar naves grandes. Y si nos estaban esperando en alguno de los recovecos, alejarnos de la costa ampliaría tanto su campo de visión como de tiro.

“Avanzaremos por los acantilados. Estate alerta.” Susurré a Vircof para que me escuchara sin que el médico nos oyera.

Giré el timón con suavidad. Si había alguien observándonos desde el follaje del islote no quería que adivinasen nuestras intenciones. La goleta viró muy poco, no podía hacer más sin levantar sospechas, pero aún así conseguimos pegarnos al contorno de la costa.

Vircof se acercó a la proa. Llevaba la ballesta grande armada y avanzaba con paso decidido hacia donde se encontraba el médico. Al verle, éste acercó su mano al mango del florete instintivamente. Sin embargo, Vircof apartó al médico de nuevo con un empujón y, saltando desde el castillo de proa, comenzó a trepar por el bauprés.

El médico no daba crédito a lo que veía.

“¿Se ha vuelto loco otra vez?” Me preguntó el médico, recordando sarcásticamente la reacción de Vircof cuando zarpamos de Ishbal.

“Cállate, gorrosa.” Contesté sin mirarle. Había oído a Vircof llamarle así antes y, después de cómo nos había engañado, me parecía mejor que llamarle médico. Todavía no conocíamos su nombre y me parecía gracioso.

Vircof avanzaba por el bauprés boca abajo. Llevaba una flecha agarrada con los dientes y la ballesta le colgaba por la espalda sujeta por una cinta. Su espada estaría tirada en algún rincón de la goleta. No la había vuelto a tocar desde que la subimos al barco. De vez en cuando veía que la levantaba un par de veces, pero nunca con la intención de practicar con ella, pues al poco rato la volvía a guardar.

Bordeábamos la costa a una buena velocidad. El viento nos estaba siendo favorable. Por un momento la idea de quedarnos a sotavento me rondó por la cabeza. Estábamos muy cerca de los acantilados y el islote podría hacernos sombra e impedir nuestro avance. Desafortunadamente no pensé en eso antes de maniobrar y ahora sería demasiado obvio alejarnos del peñón. La Autoridad se lanzaría a nuestra persecución en mar abierto.

Vircof soltó sus manos del bauprés y se quedó colgando agarrado con sus piernas. Con la mitad de su cuerpo en el aire, colgando boca abajo por encima del mar tanteó su espalda hasta agarrar la ballesta y cargó la flecha. Tan firmemente como su postura se lo permitía, acercó la ballesta a su cara y guiño un ojo para apuntar por la mirilla como si fuese a disparar.

“Vircof, ¿qué estas haciendo?” Pregunté. “Vas a conseguir que te den el primero en cuanto te vean.”

“Eso será si pueden verme.” Respondió.

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4 responses

29 08 2008
Vircof

Chachi, a modo de campero con la ballesta. Que recuerdos del deathmatch me trae esto xDD.

30 08 2008
JeSuLe

Buuuuuuuuuuuu! Digo Buuuuuuuuuuuuuarns!

31 08 2008
Fangorn

Tus quince minutos de gloria han pasado, gorrosa. Asúmelo. Hasta que se resuelva el embrollo el protagonista es el capitán.

Y, por favor, curraros los comentarios, gandules. No os limiteis a onomatopeyas, en los comentarios hay que comentar, no hacer el moñas.

31 08 2008
JeSuLe

¡Un momento! La primera vez que lo lei no me había dado cuenta de un detalle… ¿¡CÓMO QUE GORROSA!? Tú padre… XD

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