Terceras crónicas 10

12 07 2008

Aún no se había desecho la primera escala que acababan de lanzar desde el buque de la autoridad para arrimarse a la goleta, cuando el tipo de la coraza naranja comenzó a deshacer las otras dos escalas impregnándolas también con el mismo líquido inflamable que había utilizado en la anterior. Pero ya era tarde. Los soldados comenzaban a sortear el hueco entre las dos naves mediante los cabos sueltos a modo de lianas y se dejaban caer en la cubierta de la goleta.

Dos soldados se acercaron al tipo de la coraza, quien según los informes era el artillero de la goleta, y le flanquearon por los dos lados. Con gesto enérgico desenvainaron sus cimitarras y las alzaron listas para el ataque. El tipo de la coraza se alejó de babor para poner distancia entre ellos y sacó dos ballestillas. Esto pareció intimidar a los soldados, que detuvieron sus pasos. Sin embargo, tan pronto como recibieron refuerzos a su alrededor continuaron avanzando con paso firme.

Al verse rodeado, el artillero disparó sus ballestillas contra los soldados, que cayeron al suelo con los dardos clavados en el pecho. Tras unos segundos de duda, uno de los soldados que había detrás se lanzó de un salto contra el artillero. Su cimitarra cortó el aire de arriba hacia abajo, dirigida claramente al hueco del cuello que la coraza del artillero dejaba. El artillero no tuvo tiempo de tensar de nuevo sus ballestas así que se agachó de pánico cuando vio el ataque del soldado, tapándose la cabeza con las manos aún sabiendo que eso no le salvaría.

Un fuerte ruido metálico resonó sobre la cabeza del artillero. La cimitarra había golpeado la guarnición de arriaz de la espada claymore que el artillero llevaba a la espalda y deteniendo su avance a pesar del enorme impulso que llevaba. El artillero se descubrió la cabeza, sorprendido de seguir con vida. Aprovechando la parada de la cimitarra y que el soldado tenía el vientre descubierto lanzó un puñetazo contra su estómago, tumbándole en el suelo.

Valiéndose de la barrera entre los soldados y él que suponía el soldado que acababa de golpear y que se esforzaba por recuperar el aliento, el artillero intentó levantarse, pero no pudo. El impacto previo de la cimitarra había empujado la espada contra el suelo y ahora estaba clavada en la madera. Nuevos soldados se acercaron a él. El tipo de la coraza no perdió el tiempo y soltó las cintas que lo mantenían unido a la espada larga. Un soldado asestó un golpe horizontal, pero el tipo de la coraza corrió a agazaparse detrás de la espada larga, haciendo que la cimitarra chocara de nuevo contra el metal. La hoja de la cimitarra se detuvo a pocos centímetros de su rostro.

El soldado aún no se había incorporado de su último ataque cuando el artillero, como si acabase de darse cuenta del riesgo que corría, se enderezó y golpeó el extremo plano de la cimitarra del soldado en la misma dirección en que venía. La claymore hizo palanca sobre la hoja de la cimitarra por lo que la empuñadura que sostenía el soldado se le escapó de la mano y la espada cayó por la borda. Aprovechando la sorpresa del soldado el artillero golpeó su nariz tan fuerte como pudo. Pero cada vez más soldados le rodeaban.

Tan rápido como sus reflejos le permitían rodeó la claymore y lanzó una patada contra el soldado más cercano. Con un gesto enérgico extrajo la espada de la cubierta de madera y la blandió contra sus oponentes trazando un amplio arco. Algunas de las cimitarras que se cruzaron en su trayectoria cayeron al suelo. La fuerza del impacto se trasladó a las palmas de las manos de los soldados que las sostenían y las soltaron a consecuencia del golpe.

Con esto consiguió poner distancia de nuevo entre él y los soldados, pero la espada larga era demasiado pesada para el. Requería mucha fuerza darle impulso y era muy difícil controlarla cuando estaba en movimiento. Tan solo la había alzado un par de veces desde que la compraron. No estaba acostumbrado a ella, ni mucho menos a pelear con ella. El combate acababa de empezar y ya estaba cansado tras el primer golpe. Los soldados se abalanzaban hacia él y no la había alzado siquiera.

“¿Necesitas ayuda?” Dijo Txus deteniendo tres cimitarras tan sólo con su florete mientras se sujetaba su sombrero. Se había movido tan deprisa que su chaqueta blanca todavía ondeaba en el aire.

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3 responses

12 07 2008
Vircof

Tienes repetido el antepenultimo parrafo.
Mmmm mola ver que Txus empieza a cambiar de bando ( o aun no…)

13 07 2008
fangorn87

Muy bien. Anotado y corregido.
Sigue al tanto, por favor.
Por cierto, a Txus Jesúlez sólo le importa una persona: Txus Jesúlez.

13 07 2008
JeSuLe

Of course… full course… with stark sauce…
Pero te equivocas en una cosa… a mi solo me importa yo mismo… y mis dobles… 😄

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