Diario de a bordo XXXVII

21 05 2008

Antes de que cambiara el escaso viento, bajé a enderezar el timón para bordear el peñón por la izquierda. Vircof estaba en la proa mirando a la isla. Era la segunda isla que veía desde el mar desde que dejó el continente y se podía ver que disfrutaba analizando el paisaje. Aunque miraba con seriedad sus ojos se movían desde una punta del peñón a otra, deteniéndose en todos los detalles.

El médico también estaba fuera, apoyado en la pared de la cocina. Mirándome. Su actitud tranquila reflejaba soberbia y una extraordinaria confianza en sí mismo, a pesar de las cadenas. Cuando clavé mis ojos en los suyos no apartó la vista, pero pude distinguir como si una fina sonrisa se dibujara en su rostro.

“Hay sangre.” Dijo Vircof. El médico dejó de mirarme.

“¿Cómo dices?” Pregunté, sin apartar la vista del médico, sorprendido de que éste prestase atención a otra cosa tan repentinamente.

“Que se ve como sangre… ahí, donde las ventanas.” Repitió.

De un salto me agarré a una de las jarcias y volví a sacar el catalejo de mi antebrazo. Efectivamente, en una de las pocas ventanas rotas destacaban unos chorretones de sangre seca que, desde los fragmentos de cristal, se habían deslizado por la pared hace ya mucho tiempo.

“Si que se ve sangre.” Dije mientras seguía mirando con un ojo cerrado. “Pero se nota que está seca, ya casi no tiene color.”

“¿Cómo?” Preguntó el médico acercándose a la proa para verlo desde donde estaba Vircof. Este tío tenía un serio problema con todo lo relacionado con sangre o cortes.

“Qué más te da, gorrosa.” Murmuró Vircof lo suficientemente alto como para que yo pudiera oírlo. “Quita.” Y se levantó para ir a hablar conmigo, que me estaba bajando de los aparejos.

“¡Es rojo claro!” Le gritó el médico.

Mientras Vircof se acercaba, yo intentaba discernir a lo lejos la diminuta ventana sin necesidad del catalejo. Por mucho que me enderezase o forzara la vista, las ventanas no dejaban de ser motas marrones pintadas sobre el gris del edificio. ¿Cómo había podido Vircof ver la sangre sin ninguna ayuda?

“Y hay otra cosa que me mosquea.” Susurró por lo bajo. Yo saqué el catalejo de nuevo, pero disimuladamente como para seguir mirando el bosque. “El terreno está destrozado. Hay rocas que están reventadas, les faltan trozos como si hubieran explotado. Y puedo asegurarte que ha sido hace poco porque hay partes donde el mineral que ha estado en el interior tiene un tono de color más claro que el que ha estado expuesto al aire libre.” A medida que Vircof iba mencionando cada detalle, yo los iba comprobando con el catalejo y me daba cuenta de que mis análisis iniciales eran del todo erróneos. “Además, hay pequeñas partes del bosque donde las ramas de los árboles han sido despejadas. No con balas o explosiones, sino con cortes limpios, cercanos al tronco, para que parezcan naturales, pero las hojas que hay en el suelo todavía están verdes y no hace un viento tan fuerte como para poderlas arrancar… Créeme, me he pasado los últimos cinco años haciendo cosas similares en los bosquecillos y piedras de mi alrededor durante mi destierro. Tu mismo viste dónde estaba mi casa.”

Pasó un momento desde que Vircof dejase de hablar. Yo seguía fijándome en todas las cosas. Me parecía increíble la agudeza visual que tenía. Aunque nos habíamos acercado bastante al peñón desde el momento en que subí a la cofa a mirar, el edificio estaba todavía muy lejos. Era sorprendente cómo había conseguido revelar todos los elementos del paisaje a simple vista.

Vircof bajó a por sus cosas mientras yo seguía mirando. No sabíamos qué iba a pasar pero decidimos estar preparados por si acaso. Tras retirar el catalejo pude ver al médico de nuevo, mirándome. De repente comencé a atar cabos. No me esperaba algo así por parte de la Autoridad. Me sentí furioso, tanto con él como conmigo mismo por no haber sido capaz de darme cuenta antes.

“¿Tu sabes qué esta pasando, no es así?” Le pregunté enfadado. El médico soltó una risita antes de contestar.

“Je… ¿y qué pasaría si fuese así?” Respondió altanero.

“¿Cómo lo sabes?” Dije.

“Porque ahora estoy allí.”

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3 responses

21 05 2008
Vircof

Ale, te dejare comentario para que lugo no me llores xDD.
Tambien he ledio las terceras cronicas despues de esto, asi ke tranki.
Me mola tener una vista de aguíla xDD
Bueno, lo de siempre… keremos maaaaaaaas (sabes ke esto es por tocar un poco los webos, si no, no seria yo mismo)

23 05 2008
JeSuLe

Wow… soy como Shanon Doherty en Embrujadas… tengo el poder del la Traslación Astral!

24 05 2008
Fangorn

Pues que sepas, tio listo, que Shanon Doherty tenía el poder de mover las cosas con la mente… la que la sustituyó (ésa pelirroja advenediza a la que más tarde sustituyeron la pierna por una metralleta en Greenhouse) es quien tenía el poder de la Translación Astral. Aunque si te me pones quisquilloso te diré también que por un tiempo Paper, la hermana mediana, también obtuvo su poder de su, en aquella época, novio Leo cuando éste tuvo conflictos con las altas esferas de los ángeles (por aquello de “noo una bruja y un ángel no deben juntarseeee, eso es pecadooo, uuuhh”).

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