Diario de a bordo XXXVI

4 05 2008

Tras la conversación en el cuarto de derrota, Vircof parecía tener mejor humor, aunque seguía mirándonos con recelo, especialmente al médico. Yo, en cierto modo, entendía cómo se sentía. En ningún momento le dije lo que me pasaba a mi, simplemente que necesitaba un artillero para defenderme de los buques de la Autoridad.

Era cierto que fui yo quien le buscó y le convenció para salir de su casa, pero no tuve más remedio debido a las continuas persecuciones a las que me estaba sometido. Y aunque podría haberle contado desde el primer momento los detalles sobre mi constitución física no dije nada para evitar precisamente que rechazara mi propuesta y así se uniera a la tripulación. Me figuraba que el Tercer Estamento ya habría corrido la voz sobre mi estado de fugitivo y no podía desaprovechar la única baza que se me aparecía en el camino para hacerles frente. Las circunstancias en las que me encontraba me obligaban a reclutar un artillero y no podía permitirme el lujo de dejar pasar la ocasión de buscar al protagonista de los rumores que escuché en Lodge Town a mi paso por Arabasta.

Al final Vircof había dejado bastante claras cómo de buenas eran sus habilidades con los proyectiles. La batalla mar adentro tras abandonar las costas de Ishbal le había dejado las cosas claras a la Autoridad y, aunque se trataran de galeones y no de buques, no habíamos vuelto a tener ningún enfrentamiento, lo que indicaba que de momento teníamos las cosas a nuestro favor). Sin embargo, el médico comenzó a actuar de forma fría y distante, no sabía si se debía a su condición de prisionero en la Fenris o al hecho de que yo hubiera participado en la comisión de Investigaciones, pero se mostraba cada vez más cauto. Me miraba de reojo, guardando las distancias, pero teniéndome siempre a la vista. Supongo que había abandonado su intención inicial de asesinarme, pero seguía encadenado por precaución. El hecho de que estuviera siempre observándome me inquietaba mucho.

A la mañana siguiente se divisaba el peñón del cuartel del oeste. Efectivamente, el edificio que se encontraba en una de las laderas estaba en ruinas. El bosque había comenzado a invadir los patios y los matorrales y demás enredaderas comenzaban a avanzar por los muros. Los precipicios de la costa levantaban pequeñas franjas de espuma blanca. La impresión general que daba el islote era la propia de una isla salvaje, excepto por ésos restos de edificios.

Subí a la cofa de la nave para echar un vistazo por el catalejo. A medida que nos acercábamos a los acantilados de su costa, entre el denso ramaje de los árboles, se podía apreciar un discreto edificio de dos plantas. La mayoría de los ventanales alargados que lo rodeaban horizontalmente para dejar pasar la luz estaban opacos, cubiertos de polvo y suciedad seguramente. Aparte de eso, no se podía apreciar nada más desde la dirección en la que nos aproximábamos.

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2 responses

6 05 2008
JeSuLe

Te observo, te observo… Por cierto, ya han salido las inscripciones para los talleres de la Campus Party… ¿a cuáles te vas a meter?

14 05 2008
Vircof

Bueno tio, si he posteado antes era xke no keria ser un puto pesado ke te de la brasa cada vez ke subes un nuevo capitulo a tus wes xD. Pero sabes de sobra ke cada vez ke subes uno yo lo leo en el mismo dia o como muy tarde al dia siguiente. Asi ke nada, te dare el puto coñazo cada vez ke subas una nueva parte xDDD.
Bueno, ahora a esperar ke sakes la susodicha nueva parte xDD

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