Diario de a bordo XXXIII

31 03 2008

            Me levante con la intención de poner el barco en ruta. Nos alejábamos de Fantom Town y las corrientes llevaban a la Fenris hacia el cuartel del sur sureste.

“¿Y tu quién o qué eres?” Me preguntó el médico cuando me puse de pie. Le miré extrañado, fingiendo no saber a qué se refería. “Te he atravesado. Y estoy seguro de haberte cortado más de una vez durante la pelea. Pero no tienes heridas. Y aunque tenías la garganta rota, has hablado sin poder mover la boca cuando me ordenaste que soltara a tu compañero.”

            En ese momento Vircof apareció desde la escotilla de la bodega. Llevaba encima todas las cosas que compró en la armería, incluyendo la cota de mallas que elegí.

“¡Quietos! ¡N-No os mováis!” Dijo apuntándonos al médico y a mí.

“¿Es una broma?” Comentó sarcástico desde el suelo.

“¡Silencio! S-Sois unos… unos monstruos. No sois humanos…” Dijo nervioso. Las manos le temblaban.

“¿De qué estas hablando?” Pregunté con las manos en alto.

“No disimules… he visto las… cosas que te han salido del abrigo… La mitad de ellas no son objetos que haya visto en el barco… y-y la otra mitad ocupa demasiado como para que las guardes en la gabardina sin que se noten…” Vircof nos rodeaba temblando. “No sé qué clase de criaturas sois, pero s-si no me dejáis irme… yo os… ¡acabaré con vosotros!”

“Vircof, escucha un momento…” Dije para tranquilizarle.

“¡Que te calles, joder! No quiero saber nada…” Exclamó acercándose a la borda y mirando de reojo a la costa. “Sólo por esto no me extraña que te persigan.”

“Sé que esto te puede resultar un poco raro pero si es lo que quieres nadie te impide bajar. Puedes abandonar la nave cuando te parezca.” Dije dando un paso hacia él para calmarle. Pero no tuve tiempo.

“¡Atrás!” Gritó del susto. El movimiento brusco de pánico hizo que apretara las manos y una de las flechas se disparó con tan mala puntería que se clavó en mi cabeza.

Vircof no sabía que hacer. De repente se quedó quieto, intentando asimilar el hecho de que me había asestado un golpe mortal. Sus manos se abrieron y dejaron caer las ballestillas. Las rodillas le temblaban y al poco rato se dejó caer. El médico ya no sonreía y a Vircof se le había pasado el temblor. Estaba pálido como una sábana.

“Mierda, Vircof, vas a romperme el coco.” Dije arrancándome la flecha de la cara.

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3 responses

1 04 2008
JeSuLe

¡SOLO PUEDE QUEDAR UNOOOOOO! ¿Vas de Christopher Lambert, chaval?
¿Hace un casi300 este finde? Eso también va por Vircof, que seguro que lo estás leyendo…

2 04 2008
Vircof

O se, que el único normal en el barco sin poderes voy a ser yo? u.u
xDDD

3 04 2008
Maese Fangorn

A ver, ¿os hace mejor el casi300 el domingo? Que yo he quedado el sábado.

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