Diario de abordo XXXI

14 03 2008

La costa acantilada que rodeaba a Fantom Town se veía alejarse. Había olvidado que levamos amarras antes de que el médico subiera por la pasarela. Durante no llevaba ningún rumbo, la Fenris navegaba empujada por el suave viento, acompañada por el balanceo del pequeño oleaje.

Vircof y yo manteníamos nuestro silencio, sólo interrumpido por los movimientos del médico, quien intentaba incorporarse tras darse cuenta de que mis nudos no iban a ceder.

“¿Qué coño ha sido eso?” Preguntó Vircof. El médico apartó la mirada sin hacerle caso. Por el movimiento de su cabeza me di cuenta de que buscaba el maletín médico y el sombrero rosa oscuro. Al ver que nuestro prisionero no contestaba, Vircof se agachó para captar su atención y le preguntó de nuevo con un tono de voz más elevado.

“¿Quién diablos eres?” Parecía preocupado. Vircof estaba muy asustado. El combate hacía rato que terminó, pero el seguía confuso.

“Espérate, Vircof. Está atado y no se va a mover. De momento deberíamos fijar el rumbo del barco. Ya le interrogaremos después…” Dije para aliviarle un poco, pero él me interrumpió bruscamente.

“¡Cállate, monstruo!” Debo admitir que eso me pilló completamente por sorpresa. Así que me callé y me senté a la espera de ver cómo se desarrollaban las cosas. Vircof volvió a dirigirse al médico. “Te lo preguntaré otra vez, ¿qué ha sido eso? ¿Quiénes eran esos tíos que nos han atacado y dónde cojones se han metido?” Ninguna respuesta. Vircof cada vez estaba más nervioso y el médico apenas se inmutaba.

Vircof sacó su segunda ballestilla, que todavía tenía una flecha cargada, y la puso en la frente del médico. Éste ni siquiera parpadeo. Estaba claro que ya le daba igual lo que le pasase. Entonces me di cuenta de algo.

“¿Quiénes sois? ¿Por qué habéis venido?” Gritó Vircof a la cara.

“Déjalo. No va a contestarte.” Vircof me miró enfurecido.

“¡Silencio!” Dijo.

“¡Basta ya, Vircof!” Y me levanté. Eso pareció intimidarlo un poco. “Está atado y sin moverse. No puede recoger su florete, ¿vas a dispararle sabiendo que no puede defenderse? Si no estuviese sólo sus compañeros ya habrían tratado de detenerte.” Vircof destensó su brazo y finalmente apartó la ballestilla. “Está solo.”

Vircof recogió la flecha de la puerta de la cocina para volverla a cargar en la ballestilla que había disparado. El médico soltó una carcajada sarcástica.

“¿Qué? ¿Crees que ya hemos terminado?” Le dije tan amenazadoramente como me fue posible. “Todavía tienes que explicar muchas cosas. Y no estoy hablando de para quién trabajas, de eso ya me hago una idea. No. Hasta hace un rato había tres personas iguales a ti en este barco y a todas se les ha caído ése sombrero rosa que llevaban. “Me agaché para estar al mismo nivel antes de preguntarle para poder ver su reacción. “Quiero saber qué ha pasado con ésos sombreros.”

Vircof, que se había retirado a estribor para tensar la cuerda de su ballestilla, se dio la vuelta como si mi pregunta le extrañase. Sin embargo, el médico sí que pareció entender a dónde quería llegar a parar.

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One response

14 03 2008
JeSuLe

Kagebunshin? Oye, y como te has pasado con eso de: ¡Monstruo!
Te gusta que te griten, ¿eh? Si, dame más, llámame Joan… 😄

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