Diario de a bordo XXVIII

13 02 2008

            Ya era de noche cuando Vircof regresó. Para cuando encontró el hangar del taller donde estaba la Fenris yo seguía rodeado de libros

“He estado preguntando por ahí…” Dijo al asomarse por la puerta del cuarto de derrota. “Las cosas están muy tranquilas. Nadie sabe nada sobre los movimientos de la Autoridad…” Alcé la vista para mirarle a la cara. Se le notaba algo preocupado. “Para serte sincero, me da mala espina.” Y pasó a sentarse en la cama plegable donde tenía unos cuantos libros y mapas. “No es normal…” Y guardó silencio.

            Pasaron unos cuantos minutos en los que Vircof se puso a ojear alguno de los mapas mientras yo seguía buscando información en los libros. Vircof comprendía los mapas. Estaba seguro de ello. Es cierto que no había tocado un trozo de papel desde que subió a bordo en Ishbal, pero conocía las escalas. Cuando me quise dar cuenta estaba echándole un vistazo a la ruta que había trazado para ir a Elbaf. Un instante después, apoyándose en el suelo, cogió el compás de punta Lira que tenía colocado junto al resto de instrumentos de navegación, y comenzó a calcular.

“El próximo puerto será en Elbaf ¿no?” Me preguntó sin apartarse del mapa.

“Si.” Respondí. “Pero hay que dar un rodeo para evitar los cuarteles del oeste. No hay corrientes de viento entre medias.”

“Vaya… pero de los dos cuarteles del oeste, el segundo está casi en ruinas. Ya no lo usan.”

“¿Cómo lo sabes?”

“Me lo ha dicho un tipo en un bar mientras preguntaba… Un poco raro, a decir verdad. Llevaba un sombrero rosa oscuro.” Dijo mientras recogía el mapa. “Pero era muy majo, me invitó a una pinta de cerveza negra y estuvimos hablando un buen rato. No sé cómo pero terminamos hablando de trabajo. Cuando le dije que era artillero me recomendó una tienda de productos químicos especializados…” En ése momento un escalofrío recorrió mi cuerpo. La idea de volver a tener a Vircof a bordo experimentando me hacía temer lo peor: una popa ardiendo con la Fenris yéndose a pique. “… antes de venir al puerto me he acercado a comprar unas cosas de allí… El tío es médico, sabe un huevo de eso. Además, parece ser que también quería ir a Elbaf, que estaba buscando a no sé qué persona. Yo le dije que nosotros íbamos hacia allá y que le podíamos llevar si eso… No le dije que era seguro porque, bueno, se supone que tú eres el capitán, y tal, y que tendría que hablarlo contigo, pero que se pasase mañana por la mañana para que le vieras, y eso…” Al verme pensando mientras añadía lo último se puso un poco nervioso.

“No, me parece bien. Siempre es bueno tener cerca de un médico ¿verdad?” Pensé que era un alivio saber que habría alguien a bordo para atendernos en el caso de que alguno de los experimentos de Vircof saliera mal.

“…pero que, vamos, que si no se puede pues nada…” Y se calmó. Al cabo de un rato se despidió y se fue a su camarote. Al día siguiente zarparíamos, asi que yo también me acosté poco después.

            Por la mañana izamos las velas y salimos del hangar para esperar al médico en el puerto. Quería causar una buena impresión al médico haciendo que viera la Fenris recién reparada. Mientras esperábamos le comenté a Vircof el asunto de las reparaciones y las modificaciones del trinquete para poder colocar el spinnaker, aunque no estoy seguro de si llegó a enterarse bien de lo último.

“¡Ah, ahí esta!” Dijo después acercándose a la borda y moviendo el brazo.

            De entre el gentío del puerto distinguí un sombrero rosa oscuro, como lo había descrito Vircof, un Miller de ala ancha con una cinta negra con una gruesa hebilla. Lo llevaba un caballero alto con gafas que vestía una chaqueta blanca muy sencilla y unos pantalones cortos que le llegaban hasta por debajo de las rodillas. En su mano derecha tenía el típico maletín médico negro. Llevaba unas sandalias sencillas, de una sola cinta, pero de suela muy gruesa y parecían estar desgastadas por un uso excesivo.

A medida que se acercaba un destello a lo largo de su pierna izquierda hizo que me fijara en el florete con una ornamentada empuñadura de guarnición de lazo que colgaba de su cinturón. Cuando subió a la pasarela pude distinguir, dentro de la hebilla del sombrero rosa, la cruz griega blanca equilateral y astillada sobre un escalpelo y una jeringa de vidrio cruzados en diagonal también blancos. El emblema de la Universidad de Mendel.

            Vircof se acercó enseguida a recibirle y a recoger la pasarela antes de soltar las amarras. Estaba claro que íbamos a llevarle con nosotros. El barco comenzó a separarse del muelle, a la deriva, porque todavía no habíamos estirado las velas. Tras unas palabras y un apretón de manos, Vircof pasó a hacer las presentaciones.

            Cuando el médico alzó la mirada para saludarme, su rostro se sorprendió y en un instante me atravesó la garganta con su florete.

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3 responses

13 02 2008
Vircof

Ondia, si ya sale el gayer del medico xDD
Mira que atravesar al capitan con un florete…. no sabes ke esas cosas hacen pupa? xDD

14 02 2008
JeSuLe

Claro, el médico siempre el malo ¿no?… ¿y eso del sombrero rosa? 😄

14 02 2008
Maese Fangorn

Sombrero rosa oscuro…

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