Diario de a bordo XXII

13 12 2007

Fantom Town es una pequeña ciudadela en mitad del octavo mar. Tiene la particularidad de que equidista de los tres únicos cuarteles de la Autoridad asentados en este mar: dos hacia el oeste y otro en dirección sur sureste. Aunque fue lugar de paso obligado durante muchos siglos debido a la riqueza de las fuentes de maná sobre las que se localiza, desde hace unos pocos años se encuentra cada vez más deshabitada debido a la emigración de su población a sitios con más oportunidades económicas. Aun así, Fantom Town sigue siendo un buen punto para atracar y aprovisionarse.

Una vez llegamos a puerto y atracamos el barco, Vircof saltó por la borda a tierra firme como loco y desapareció gritando que iba a recoger información. No sé si lo que en realidad quería era comprar más productos químicos para sus mezclas o, simplemente, caminar por tierra firme tras llevar un mes navegando, me daba igual, solo sé que en cuanto puso los pies en el suelo salió corriendo. Así que me quede yo sólo para acordar el alquiler del muelle y los costes de las reparaciones con uno de los empleados del puerto. Parecía ser que, el único taller de reparación de barcos tenía otro cliente, por lo que debíamos esperar a que terminaran con su barco antes de empezar con la Fenris.

Para hacer algo de tiempo me puse a organizar la bodega, amarrando los cañones y cerrando las escotillas por las que se disparan. Haciendo esto me di cuenta de que la sentina de cerca de los cañones se encontraba hundida, seguramente a consecuencia de las detonaciones que hizo Vircof. Ya iba siendo hora de que hablase con él sobre las cantidades de pólvora necesaria para disparar. Entiendo que necesite doscientos gramos de pólvora normal para disparar una bala, pero estoy convencido que sólo hacen falta cincuenta gramos de la suya para conseguir el mismo resultado.

Tras revisar la bodega y ordenar un poco los libros del cuarto de derrota, que había habilitado como mi camarote, salí a pasear por el puerto. Puede que gran parte de la población de Fantom Town se haya marchado haciendo que el comercio empiece a decaer, pero todavía tiene suficiente gente como para seguir siendo competente. Y lo cierto es que algunas de las tiendas que permanecían abiertas tenían algunas novedades para navegación que merecían la pena ver.

De todas las tiendas, me llamó la atención un pequeño establecimiento con una maqueta de un pequeño bote cuadrado con un largo mástil que sostenía una gigantesca vela con forma de globo. Lleno de curiosidad entré a preguntar al dependiente, un hombre de mediana edad con el pelo lleno de canas y unas gafas finísimas, de patillas tan delgadas que parecían hechas de un delgado hilo metálico.

“Muy buenas, ¿en qué puedo ayudarle?” Me preguntó nada más hice sonar la pequeña campana que tenía sobre la puerta.

“Buenas. Verá, me ha llamado la atención ésa maqueta del escaparate que tiene una vela tan grande y tenía curiosidad por saber la utilidad que puede tener una vela de semejantes proporciones.” Comencé a decir con despreocupación, antes de fijarme en la descomunal cantidad de barcos en miniatura que colgaban por todas partes. La tienda se veía tan oscura desde fuera que apenas se apreciaba nada más aparte de lo que había en el escaparate,

“¿El spinnaker del catamarán?” Me preguntó sorprendido. “No son muchas las personas que viene  por aquí. Y menos aún preguntando por una vela… ¿Le interesa la navegación, chico? Últimamente solo viene gente preguntando por maquetas…”

“Bueno, me preguntaba a qué tipo de embarcaciones se le puede incorporar una vela así de grande el… ¿cómo ha dicho que se llamaba?… ¿catamarán? Que tiene en el escaparate parece que podría volcar, no se si me explico.”

“Si, eso depende de la nave. Por lo general esa vela se incorpora en el mástil de botes pequeños, como el catamarán, pero hace falta que tengan una quilla de balance…” Parecía entusiasmado de hablar con alguien que supiese de barcos.

“Es un dato muy curioso, pero yo estaba más interesado en su aplicación a naves de gran envergadura, como por ejemplo una goleta.”

“¡Ah, si! Es posible. El spinnaker se podría izar en el trinquete, siempre y cuando fuera lo bastante largo… ¿tienes barco propio, chico?” Preguntó de repente el dependiente, saliendo de su particular soliloquio de tecnicismos.

“Emh, si… en reparación. Me gustaría poder incorporarle una vela de recambio y la del escaparate me parece bastante útil. ¿Qué velocidad se podría alcanzar con un viento suave de popa?”

“Pues, dada la capacidad de la vela y dependiendo del peso de la nave, te aseguro que la velocidad igualaría a la del viento.” Me dijo con total seguridad y esa determinación era lo que a mí me faltaba para decidirme a comprarla.

“¿Vende usted spinnakers? ¿Cuánto puede costar instalar una vela así en una goleta y en cuánto tiempo podría estar lista?” Pregunté finalmente.

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2 responses

14 12 2007
Vircof

Yuju, otro capi más antes de fin de año xDD. Solo le encuentro un pero, y es que como no tengo ni puta idea de vocablo maritimo, me pierdo mas que un hijo puta el dia del padre xDD. Pero me la suda, porque si no lo usases esto perderia su gracia.

18 12 2007
Maese Fangorn

Coño, Jesus! Si no te gusta aguántate. O por lo menos escribe para decir algo más que una línea en la que no se repita una vocal más de tres veces seguidas, leñe.
Y, por cierto, ¿que coño haces leyéndote las continuación del diario si no te has leído antes las otras veinte primeras partes?

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