Terceras crónicas 4

30 10 2007

Centralita de la Autoridad. Gran Salón. Tres semanas después del enfrentamiento de la Fenris contra once galeones que iban en su captura.

Txus Jesúlez había perdido su habitual postura de indiferencia. Tras cinco largos años por fin parecía presentársele una forma de evitar volver a los fríos y oscuros calabozos, de evitar comer la misma ración de sucedáneo de pasta de papel de todos los días, de dormir en el suelo de piedra envuelto en roídas sábanas llenas de humedad y de suciedad. Sus años de confinamiento en aquella lúgubre celda, no más ancha que un redil de cerdos, podrían terminar con una única sílaba. Ya daban igual las absurdas órdenes que tendría que cumplir bajo el mandato de sus captores, no importaban los peligros que debiera afrontar o lo suicidas que fuesen sus peticiones. Cualquier cosa podría suponer una mejora a estar encerrado al fondo de las catacumbas de la Isla Muir.

Al principio albergaba la esperanza de escapar de las prisiones y las mazmorras donde le custodiaban a la espera de un juicio. Estuvo semanas esperando un veredicto que nunca llegó, esperando una sentencia que le hiciese averiguar cuándo volvería a ver a su familia. Pasaron los meses y desde los juzgados no se recibían noticias. Para cuando le convocaron a juicio la primera vez ya había pasado un año y medio, y durante el juicio los fiscales mencionaron aplicar una sanción inicial que hiciese mella en él para lamentar su delito. Txus contempló como el juez daba el visto bueno a la ejecución de sus familiares. Tras aquel juicio nunca volvió a saber nada del Archipiélago Mendel.

Después de eso fue llamado otras veces a los juzgados, pero ya no volvió a tener un abogado defensor. Todos los juicios que siguieron no pasaban de ser meras formalidades para ampliar su condena hasta que los últimos tres juicios, al final y por falta de penalizaciones mayores, le condenaron a cadena perpetua. Con esta ya eran cuatro las veces que le condenaban.                   

“¿Bien, Txus? ¿Qué responde a la oferta que le hace la Autoridad?” Insistió el oficial de la derecha.

“Si.” Murmuró Txus ante el asombro del vocal y el presidente de la mesa.

“De acuerdo entonces… caballeros, si nos disculpan, los detalles a partir de aquí son confidenciales, por tanto les agradecería que abandonasen estas dependencias.” Ordenó el oficial de la derecha.

Apresuradamente el vocal y el presidente se levantaron de la mesa y salieron. El oficial que quedó con Txus hizo una seña a uno de los guardias que se acercó desde la puerta y le quitó los grilletes.

“Bueno, creo que lo correcto es que me presente… “Dijo el oficial apoyándose en la mesa, enfrente de la silla donde Txus seguía sentado. “… soy el contralmirante McPherson, de la comisión de Investigaciones.” Tras lo cual le tendió la mano.

Txus, que se frotaba las muñecas y los tobillos, intentando acostumbrarse a la recién adquirida ligereza de sus extremidades, alzó la vista desde la mano del contralmirante, siguiendo su brazo, hasta su rostro. Después de tantos años siendo tratado como poco más que un animal, hasta la simple mención de su propio nombre le hacía sospechar. Hasta hace menos de cinco minutos todos se referían a él como “el preso número 081087”. La Autoridad debía traerse algo importante entre manos cuando no les importaba recurrir a presos para llevar esas tareas a cabo.

Como un acto reflejo de su voluntad, Txus tanteó las posibilidades que tenía de deshacerse del oficial y escapar por las ventanas que se ocultaban tras las gruesas cortinas al fondo de la sala. Sería divertido ver hasta qué distancia llegaría antes de que dieran la alarma. Pensándolo mejor, esto sería algo que les pillaría completamente desprevenidos. ¿Quién podría imaginar que un preso intente escapar desde la mismísima Centralita de la Autoridad? Además, el oficial parecía un tipo enclenque, no muy resistente, podría dejarle sin sentido de un solo golpe y nadie más le oiría escapar porque estaban solos en la gigantesca sala…

Viendo que el preso no respondía el contralmirante McPherson se apresuró a decir.

“Yo que tu no me plantearía siquiera la posibilidad de escapar.” Dijo el contralmirante como su leyera si mente. “¿Notas ese collar que te hemos puesto?” Y retiró la mano que tenía tendida para señalarse el cuello. Txus enseguida notó la ligera presión en torno a su garganta. Hasta ahora había pensado que se trataba de la emoción contenida a causa de poder librarse de la Isla Muir. “Bueno, pues ese collar es un superconductor de microondas. Un solo movimiento y… ¡ZAS!”

Con un rápido gesto, el contralmirante sacó un pequeño dispositivo con teclas, apretó uno de ellos y prácticamente al instante el collarín del cuello de Txus comenzó a calentarse, quemando la piel que se encontraba en contacto con él. Con un rápido movimiento acercó sus manos al artefacto de metal para quitárselo. Intentó separarlo de su cuello metiendo los dedos entre éste y el collar, pero sólo consiguió que el calor pasase a sus manos. Aunque ello supuso un pequeño alivio para su cuello ante el sorprendente aumento de temperatura, sus dedos enseguida comenzaron a quemar y no tuvo otra opción que retirarlos, dejando de nuevo la piel de su cuello en contacto con aquél metal ardiente.

Dos segundos después el contralmirante desconectó el collarín apretando de nuevo su dispositivo. Solo habían sido dos segundos, pero en ese breve periodo de tiempo Txus pudo sentir cómo su piel ardía como si le hubiesen acercado una antorcha. Intentando recuperar el aliento, Txus se miró las manos. La parte de sus dedos que había tocado el collarín se encontraba completamente roja, como si una gruesa línea del grosor del collarín hubiese sido trazada  a lo ancho de sus manos.

“Bien, como has podido ver no voy a tolerar cualquier indicio de insubordinación… sin embargo,” Dijo dando la vuelta a la mesa para recoger la carpeta. “soy un tipo benévolo, así que, si haces el favor de seguirme, empezaré a contarte los principales puntos de tu cometido.”

Mientras decía esto, el contralmirante McPherson se acercó a la puerta y se volvió para mirar a Txus, que aún seguía sentado en la silla.

“Bueno, ¿a qué esperas? No tengo todo el día, tenemos cosas que hacer, más te vale seguir mi ritmo si no quieres otra descarga calórica.” Txus Jesúlez se levantó. Pudo notar el olor de su propia carne quemada. Muy a su pesar, ése olor hizo que su estómago rugiera. “¡Caray! Será mejor que te den algo de comer antes de empezar y, ahora que lo veo, tampoco te vendría nada mal una buena ducha y algo de ropa limpia… hueles que apestas.”

Anuncios

Acciones

Information

4 responses

31 10 2007
Vircof

Txus?¿ Acaso el melon este es Vasco?¿ Ya le vale con su capricho con el nombre ¬¬
Y ale, sigue asi que quiero ver como el gayer este escapa xDD

31 10 2007
Maese Fangorn

Hombre… entiende que su lo llamo Chus parece que esté todo el rato estornudando… jejeje. Pero bueno.
Con respecto a lo tuyo vas a tener que esperarte, porque de momento tenemos Terceras Crónicas para rato antes de volver con el diario de a bordo.

2 11 2007
JeSuLe

Me has vendido maldito! Lo de Txus viene por otros motivos, no es que me haya pasado de repente a la Kale Borroka… 😄

2 11 2007
Maese Fangorn

Uy que alegría! Acabo de batir el record de comentarios en un solo post…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: