Diario de a bordo XX

24 09 2007

Horas después de perder de vista los galeones de la Autoridad, el recuerdo de la batalla no abandonaba mi cabeza. No se debía a mi habitual preocupación por saber cómo habían conseguido localizarme, o la cada vez más númerosa cantidad de efectivos que enviaban en mi búsqueda, o cualquier otra clase de pensamientos que yo, como fugitivo, había estado teniendo durante los últimos meses. No. Esta vez me preocupaba más aquello que llevaba a bordo. Una era el extraño cofre del camarote oscuro y la otra eran las peligrosas sustancias que Vircof podía crear con su mesa de laboratorio.

Pensando en esto último, las imágenes de los desesperados marineros de la Autoridad intentando apagar las llamas con agua acudieron a mi mente. ¿Cómo era posible que existiese tal clase de fuego? Por la intensidad de las llamaradas que pude ver parecía como si el agua que arrojaban para apagarlo actuase más bien al revés y lo avivara. ¿Existe un fuego para el cual el agua actúa como combustible? ¿Cómo debería actuar si algo así se derramase por accidente en la Fenris?

“Vircof,” Aproveché para preguntarle mientras paseaba por la cubierta para refrescarse un poco. “¿qué era eso que había en los cubos? En cuanto tocó la madera de los galeones se incendió y los marineros no podían controlarlo.”

“Fuego griego.” Dijo volviendo la cabeza hacia mí desde el horizonte. “Es una vieja fórmula que encontré de niño entre los libros de mi padre.” Supongo que debió percibir en mi mirada la necesidad de más información, porque pasado un rato continuó. “Se trata de una amalgama pastosa compuesta de aceite de roca, cal viva, salitre, resina y azufre. El aceite de roca hace que la mezcla flote en el agua, la cal viva en contacto con el agua produce una reacción exotérmica en la que se libera energía en forma de calor, el salitre desprende oxígeno según se va quemando y la resina hace que este oxígeno arda, el azufre libera gases tóxicos y, por último, yo añado un poco de grasas bajas en agua para aglutinar los ingredientes. En el caso de los cubos, puse grasas más líquidas con la intención de que se esparcieran por el casco del galeón y cubriesen mayor superficie…”

“Pero yo no les dí fuego, la mezcla que tu dices ardió sola.” Le interrumpí.

“Como ya te he dicho uno de los ingredientes del fuego griego es la cal viva, una base que reacciona al contacto con el agua. El casco del galeón estaba mojado, o eso esperaba al menos, por lo que la reacción debió tener lugar casi al instante.”

“Pero… si la mezcla comenzó a arder a causa del agua en un primer momento ¿por qué crecía el fuego cuando le echaban agua?”

“El hecho de que las llamas creciesen después de intentar sofocarlas con agua se puede deber a que comenzase a prender en la madera o en la tela de las velas alejándose del punto hacia donde arrojaban el agua, o a que, con alguna salpicadura, alcanzasen parte de la mezcla que permanecía seca y por eso se avivó de golpe… supongo.” Añadió con un poco de duda. “No estoy seguro. No calculé la proporción de los ingredientes, como comprenderás no estoy acostumbrado a hacer mezclas cuando me están bombardeando.”

A pesar del buen resultado de su experimento y de las muchas explicaciones que me fue dando a medida que seguía preguntándole, terminé sin saber cómo apagar algo así en caso de accidente.

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