Diario de a bordo XV

10 09 2007

Fecha estelar: 17 de Junio 2007, 11:30

Tras una reparadora noche de confortable sueño en la habitación de alquiler me dispuse a despertar a Vircof para zarpar cuanto antes. Dejé mis cosas enfrente de mi cuarto, antes de pasar a buscarle.

La puerta de su habitación se encontraba entreabierta y Vircof yacía envuelto en sábanas en un lateral de su cama. Al parecer la falta de costumbre al tratar con gente y la mezcla de alcohol no auguraban un agradable despertar, asi que cuando le sacudí un poco con el pie lo primero que hizo fue tapar sus ojos de los rayos del sol que se colaban por la ventana y le atizaban en toda la cara.

“Mmph… ¿que hora esh?” Murmuró con voz desgatada.

“Son casi las nueve de la mañana.” Le dije tan amablemente como pude. “Date prisa en recoger tus cosas, hay que salir de la ciudad lo más rápido que se pueda.”

“Gñé…” Susurró fastidiado antes de levantarse. “Dame un par de horash para arreglarme y hacer unash comprash.” Comenzó a despejar la habitación sin ningún criterio antes de dirigirse al cuarto del baño.

“Oye, yo tengo cosas solucionar, te espero en el muelle 8 dentro de dos horas. No te retrases.” Añadí antes de que cerrase la puerta y me gritara un sonoro “de acuerdo” desde el otro lado. Segundos depués escuché el ruido de los grifos abriéndose y el agua saliendo a presión, por lo que salí de su habitación y recogí mis cosas.

Antes de acercarme al muelle directamente, pasé por el mercado y la lonja para comprar víveres y agua potable. Acordé que lo llevarían al barco a cambio de un generoso extra sobre el precio de la mercancía. Habiendo solucionado la manutención que podríamos necesitar me dirigí al muelle 8, donde se encontraba mi nave, la Fenris.

la-fenris.jpg

He de admitir que los carpinteros del puerto hicieron un gran trabajo. La cofa estaba como nueva y las velas y demás restos de los aparejos habían sido sustituidas por completo. Sin embargo, el mascarón de proa no era exactamente igual que el que tenía antes, pero la idea de la legenderia serpiente de Midgard quedaba reflejada en sus mandíbulas abiertas.

En menos de una hora dos carros aparecieron por el borde el muelle buscando mi barco. Eran los gerentes con los que había acordado la compra de mercancía. Estaban hechos un manojo de nervios y daban órdenes a sus ayudantes para que descargaran los sacos de los carros y los subieran al barco. Estaban eufóricos debido, sin ninguna duda, a la exhorbitante cantidad de dinero que acordamos.

Mientras depositaban la compra en la cubierta, bajé a la despensa y abrí el único cofre que allí había. A pesar de la oscuridad en la que me encontraba encontré la tapa y la abrí. Desde el interior del cofre se apreciaba una oscuridad mayor, más profunda, que la que rodeaba al resto del almacén. A pesar de todo, metí el brazo y empecé a tantear a ciegas igual que había hecho otras veces hasta encontrar lo que estaba buscando: dos abultadas bolsas de monedas doradas. Aunque no era la primera vez que utilizaba el cofre, seguía sin acostumbrarme a la frialdad que se notaba en su interior cuando introducía el brazo.

Minutos después, cundo salí de nuevo a la cubierta, los sacos, cajas y bidones con frutas, pescados en salazón, carne, especias y agua ya se encontraban perfectamente depositados en una esquina y tanto los ayudantes como los gerentes aguardaban inquietos el dinero que les había prometido. Los ojos de los dos gerentes se abrieron como platos cuando vieron las bolsas de monedas. Apenas si podían pronunciar palabra. Tras una formal y precipitada despedida abandonaron el barco y se dirigieron al pueblo en los carros sin tan siquiera contar el oro de las bolsas.

Media hora después apareció Vircof con su equipaje y un par de sacos cargados con lo que imaginaba con toda seguridad que serían productos tóxicos altamente inflamables.

“¿Este es tu barco?” Preguntó desde el muelle con un tono que ubiqué entre la sorpresa y el recelo. “Es más grande de lo que me imaginaba.”

“Si. Te presento a la Fenris, una de las escasas naves de la Autoridad capaces de superar a sus buques en velocidad.”

“¿La has robado? ¿Por eso te persiguen los tipos de la Autoridad?” Preguntó otra vez sin moverse de donde estaba.

“No, no. Te aseguro que no es por el barco, créeme… Anda, sube, tenemos que salir cuanto antes”

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