Diario de a bordo IX

7 07 2007

Fecha estelar: 16 de Junio, 2007 19:12

He de reconocer que su pregunta me sorprendió. Sin duda estaba al corriente de mi visita. Y, sin duda, había sido él quien me había atacado lanzando rocas según me acercaba al edificio. Esto me indicaba no sólo su afinada puntería, puesto que los proyectiles apenas fallaron su objetivo por apenas unos metros, sino que, además, debía tener una prodigiosa vista para haberme localizado desde lejos y poder preparar el ataque.A menos, claro está, que ya lo tuviese preparado de antemano y dispuesto a descargar su ataque sobre cualquier persona que pasase por ahí, en este caso, yo.

“No has contestado. ¿Qué quieres?” Preguntó impaciente. Pude ver como su mano se deslizaba hacia una de las cajasen las que descansaban unos diminutos trabucos.

“Busco a alguien. Es artillero.” Su cara seguía mostrando el mismo rostro de desconfianza. “Me han dicho que podría encontrarle en este lugar.” Oí un ‘click’ a sus espaldas. “Su casa fue destruida hace tres años por una explosión…”

“¿Te envía la gente de la Villa?” Me interrumpió. “Ya dije que no pienso alejarme más.”

“No, no. Yo voy por libre. Sólo se que se llama Vircof.”

“Soy yo.”

“¿Tu eres el artillero?”

“Si”

“Bueno, genial. Escucha, soy capitán de un navío ligero, ahora mismo estoy siendo perseguido por la Autoridad y necesito alguien que me permita escapar de los buques que me siguen, preferiblemente, mandarlos a pique. No sé si me entiendes.”

“Nadie ha hundido nunca un buque de la Autoridad. Son especiales.”

“Bien, por lo que he oído tu también eres un artillero especial.” Parecía más relajado ahora. “No hay más que mirar los cráteres del terreno que hay alrededor de esta casa.”

Llegados a este punto dejó el arma sobre la caja y se sentó en el suelo, apartando la mirada de mí.

“Iluso. El material de esos barcos no es normal. Además, ¿para qué iba yo a abandonar el lugar donde he nacido y embarcarme con un completo desconocido que admite abiertamente ser un fugitivo en búsqueda y captura?”

“Vale…” Admití la lógica de su razonamiento. “… Tampoco es que haya algo aquí que te impida marchar. Por lo que sé estás solo. Y la gente de la Villa de la Arena no quiere ni verte, por lo que apenas no tienes relación con nadie. Sinceramente, me parece que la mejor salida que tienes a tu situación actual es la que te estoy ofreciendo.”

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