Diario de a bordo VIII

4 07 2007

Fecha Estelar: 16 de Junio 2007, 06:34

Apenas me había apartado del camino empedrado, otra piedra cayó detrás de mí, levantando más arena. Un segundo después, un explosión delante mío hizo saltar los pocos adoquines que aún había en su sitio. Sin pensarlo más, eché a correr en dirección a la casa, ignorando las explosiones y las piedras que caía a mi alrededor. La tormenta de proyectiles no cesó hasta que subí los peldaños del portal.

Tras la carrera, me apoyé con la espalda en la puerta sin dejar de mirar los nuevos agujeros que tenía el paisaje, sin embargo, la perta no estaba cerrada y cedió, haciéndome caer dentro de la casa.

Cuando recuperé la compostura, me encontraba en un diminuto salón recibidor, con apenas una estufa en el centro, una mesita y una silla cubiertas de libros, y un escalera que ascendía cuyos peldaños habían perdido cualquier indicio de paralelismo y horizontalidad. Allí no había nadie.

Por un momento pensé que las indicaciones del chaval de la Villa de la Arena eran falsas, pero recordé la facilidad con la que encontré el sendero a la salida del pueblo y la exactitud con la que se encontraba esta casa. Además, el desorden de los libros y el suave balanceo de las cortinas indicaban que alguien había estado ahí hasta no hace mucho. En silencio escuché en busca de algo que delatara la dirección que habría tomado el inquilino en su huida. Nada.

Decidio a esperar hasta conocer a mi artillero, comencé a ojear los libros que había tirados por el suelo. Reacciones químicas, materiales ligeros, cálculos parabólicos, fórmulas químicas y de trayectorias… No me sorprendió para nada que alguien tan interesado en proyectiles conociese todas las variables que influyen en una trayectoria e intentase calcular todas para realizar un tiro perfecto. Esto también explicaría la ausencia de vegetación o rocas en muchos metros a la redonda, suponiendo que, habiendo hecho blanco en una piedra una vez, intentase atinar a los fragmentos que quedasen tras el primer lanzamiento y así, tras una serie de disparos, hubiese acabado por destruir por completo la piedra o el tronco.

Pasada media hora desde que entré, me pareció escuchar el ruido de un tubo metálico golpeando el suelo que provenía de la parte de atrás de las escaleras. Había una desvencijada puerta que conducía a unas escaleras descendentes, a un sótano. Bajando con cuidado noté la cantidad de cajas vacías y de frascos apilados por todas las estanterías. Llegando al final de las escaleras los tubos volvieron a sonar. Esta vez había una persona colocándolos.

“¿Qué quieres?”

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4 07 2007
vircof

jajajaja muy bueno, lo mejor, brrrrrrrravo (será porke ya salgo yo?xDD)
Tengo ganas de ver como sigues la historia y la enlazas con el resto (y kiero ver sus pintas y como los encuentras xD)
Salu2.

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