Diario de a bordo VII

19 06 2007

Fecha estelar 16 de Junio 2007, 06:30

Con las primeras luces del amanecer salí a la busca del artillero. Siguiendo las instrucciones del muchacho con el que estuve hablando anoche, me dirijí a los límites de la Villa de la Arena. Una vez allí encontré el camino principal que conecta con las demás ciudades de la Isla de Arabasta y, en el borde justo, entre unos matorrales, un sendero que serpentea hasta perderse de vista. Según las indicaciones, debía coger ese sendero.

A medida que avanzo en la marcha, el paisaje se va haciendo más llano. Hace ya tiempo que dejé los últimos árboles atrás y ahora apenas si quedan algunos arbustos y troncos calcinados. Es extraño, el sol no es tan intenso como para quemar la madera por sí solo. Además, según sigo adelante, aumentan los desniveles en el terreno y el sendero desaparece por unos metros para volver a distinguirse un poco más adelante. Me recuerda al viaje en carro que hice con los comerciantes para llegar hasta la Villa de la Arena.

Ha pasado media hora desde mi última anotación. Ya no hay vegetación en muchos metros a la redonda y los desniveles han dejado paso a grandes socavones con silueta de cráteres volcánicos que se esparcen por el terreno hasta donde alcanza la vista. Parece que a lo lejos se distingue una casa.

Si, es un pequeño edificio de ladrillo, agrietado y que parece haber sido sacudido hasta en sus cimientos. Hay restos de tejas rotas en el suelo, cerca de sus paredes, que se han ido cayendo. El camino ahora está empedrado, pero algunos adoquines están sueltos o rotos. Hay cráteres como aquellos de los que mencioné antes en mitad del camino, y los cráteres que antes había dispersos se han convertido en agujeros que se encuentran más próximos unos a otros, llegando a coincidir entre ellos.

Ya estaba casi llegando al tramo final cuando noté que algo tapaba el sol de mi alrededor, como un paraguas que hiciese sombra solo en torno a mi, una sombra que aumentaba poco a poco. Cuando miré hacia arriba, en busca de una explicación para tan extraño fenómeno, apenas tuve tiempo para reaccionar y saltar fuera del camino antes de que una gigantesca roca cayese levantando una densa polvareda.

casa-artillero.jpg

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