Diario de a bordo CXXII

25 12 2011

“¿Quieres hacer esto por las malas?” Preguntó el teniente Janos en cuanto armé mi alabarda. “A ver si te queda claro: no me puedes ganar.”

“Seguramente. Pero por lo menos voy a intentarlo.” Dije sin perder de vista mi brazo.

“Esto es ridículo. Si no quieres atender a razones, te detendré ahora y cogeré el cofre yo mismo.” Janos suspiró desistiendo y echó mano de sus guantes.

Sabiendo que, en el momento en que pudiese rasparse la piel, mis posibilidades de derrotarle serían mínimas, me adelanté para impedir que se pusiera los guantes. Como no tenía fuerza como para impulsar la alabarda de un lado a otro, la adelanté intentando picar los guantes para quitárselos. Pero Janos era más rápido y enseguida se echó a atrás sorprendido.

“¡Ey, eso no vale! Todavía no estoy listo.” Dijo sujetando el trozo de hielo con el antebrazo para dejarse la mano libre y ponerse los guantes.

“Yo tampoco estoy listo.” Respondí haciéndole mirar la manga de mi abrigo que colgaba. “Ponte en mi lugar y échame una mano anda.” Bromeé mirando al bloque de hielo que contenía mi brazo.

“¿No sabes cuando dejar las gracias?” Murmuró malhumorado.

Janos se hizo a un lado y avanzó hacia mi. Yo retrocedí intentando mantener las distancias, pero en cuanto llegó hasta el poste con el trapo que marcaba el comienzo de las escaleras hacia el interior de la Torre Gemela se detuvo. Cogió el palo sin apartar la mirada de mi, lo alzó como arrancándolo de la base que lo sostenía y lo dejó caer por donde debía estar el hueco de las escaleras. El sonido metálico del poste rebotando por los peldaños salía de alguna parte de entre toda la niebla que cubría el suelo.

“Ríndete ya. Estas atrapado.” Comentó Janos.

Tenía razón. El poste con el trapo era lo único que me indicaba la salida de la azotea. Sin él, no había más que niebla por todo el suelo. El teniente había tenido toda la semana anterior, mientras fingía su rutina de subir a fumar, para hacerse a la idea del tamaño de la azotea mientras que yo, que había intentado mantenerme cerca de la referencia que proporcionaba el poste, no tenia ni idea de en qué parte se encontraba la salida ni de dónde se terminaba el suelo. Había caído de lleno en su trampa.

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